León XIV invita, desde Maisson Bakhita, "a ver a quienes son invisibilizados, a liberar a quienes la economía y la cultura reducen hoy a la esclavitud"
"Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar; nadie es tan rico que no tenga nada que recibir", sostiene el Papa al visitar el centro de las scalabrinianas en París, que acoge a migrantes y extranjeros en busca de oportunidades
Como ya ocurriera en España, León XIV quiso empezar su segundo día en París acompañando a los más desfavorecidos. En esta ocasión, visitando el Centro de acompañamiento e integración social Maison Bakhita, que acoge a refugiados, migrantes y extranjeros que buscan una primera oportunidad de acogida. El nombre del centro, en honor a santa Josephina Bakhita, la santa que fue esclava y recobró la libertad, la patrona de las víctimas de la trata, define claramente el espíritu del centro. Una iniciativa que surgió en 2018, después del llamado de Francisco a la iglesias de todo el mundo a acoger a los migrantes.
Tras escuchar las palabras de bienvenida de la directora, y los testimonios de un refugiado afgano, de una persona atendida por la asociación À Bras Ouverts y de otra atendida por la asociación Aux Captifs la Libération, León XIV se dirigió a los responsables del centro, dirigido por las hermanas scalabrinianas, ante las que invitó a "reconocer el papel fundamental de las mujeres en la construcción de una civilización del amor, como alternativa a la cultura que desintegra a las comunidades y enferma de soledad a las ciudades".
"La historia de la Iglesia y de la humanidad, si la observamos más de cerca, no la escriben quienes dan la impresión de vencer al imponerse y ocupar el espacio, sino quienes 'hacen espacio', establecen procesos de paz, generan confianza y fomentan la vida", proclamó el pontífice, quien regresó al ejemplo de Bakhita para llamar a tomar "decisiones y compromisos a contracorriente".
"Santa Bakhita nos invita a ver a quienes son invisibilizados, a liberar a quienes la economía y la cultura reducen hoy a la esclavitud, a honrar la dignidad infinita de cada hermano y hermana, en quienes el mismo Jesús viene a llamar a nuestra puerta", afirmó el Papa, en un mensaje dirigido a las élites europeas que siguen haciendo negocio con el sufrimiento y el trabajo de los pobres. Unos pobres en los que los cristianos deben encarnarse, como "el Señor se hace carne, carne que tiene hambre, que tiene sed, que está enferma, encarcelada".
"El Cristo pobre y crucificado se deja encontrar y amar a través de estos hombres y mujeres que nos invitan a salir de nosotros mismos y a practicar la caridad", apuntó el pontífice, quien recordó que "nadie es tan pobre que no tenga nada que dar; nadie es tan rico que no tenga nada que recibir".
"Esto no niega el sufrimiento que el pecado ha introducido en la historia, pero nos ayuda a no permanecer prisioneros de este. Anunciamos que la redención es posible, que ya ha comenzado, que está en curso y que nos involucra a nosotros, como miembros vivos del Cuerpo de Cristo", subrayó, defendiendo la teología del cuerpo de San Pablo, en la que todos los miembros se necesitan. .
"Les agradezco su labor, así como a todas las personas que, en toda Francia, se dedican a este servicio en instituciones similares. Sigan dando testimonio de esta atención mutua que, a través de la acogida fraterna, los procesos de formación y el diálogo con la ciudad, eleva el espíritu y humaniza el mundo", finalizó el Papa, rezando por que "santa Bakhita y los grandes testigos de la caridad que han moldeado la presencia de la Iglesia en Francia, especialmente en épocas de cambios turbulentos, intercedan por ustedes".
