En mi vida he encontrado a personas explotadas sexualmente, laboralmente, obligadas a la mendicidad, al tráfico de órganos, a esto se la llama trata de personas, mercado de personas. Lo digo porque la trata de personas existe, aunque no la veamos, aunque no la conozcamos. Muchas víctimas de trata sufren, aunque no oigamos sus gritos. Pensamos que están lejos, y las tenemos cerca. La trata de personas convive con nosotros, según el Ministerio del Interior en el año 2023 en España, se han contabilizado al menos unas 1466 víctimas.
Definimos la trata de personas como un delito que implica la explotación de individuos mediante el uso de la coerción, el engaño o la fuerza, con fines tales como: la explotación sexual, el trabajo forzado, la servidumbre, la mendicidad forzada, o el tráfico de órganos. Este delito viola lo más íntimo del ser humano, privando a las víctimas, de su libertad y dignidad.
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Escribo esta carta en esta semana, la del 8 de febrero, en que celebramos a Santa Josefina Bakhita, mujer sudanesa nacida en 1869, y que fue mujer víctima de trata. De familia acomodada, entre los siete y nueve años fue secuestrada por comerciantes árabes de esclavos, vendida y comprada en dos ocasiones. Durante años tratada con mucha violencia, entre otras cosas marcada a fuego. Al final fue comprada, en 1883, por el vicecónsul italiano, quien la trató por primera vez con amabilidad. Luego pasó a otra familia donde conoció a personas que la llevaron a conocer el cristianismo y a las religiosas canosianas. Después de obtener la libertad se hizo religiosa canosiana, primera decisión en su vida que tomó con libertad. El Papa Francisco la nombró patrona de las víctimas de trata, celebrándose su fiesta el 8 de febrero, fecha en que falleció. Santa Josefina Bakhita fue beatificada el 17 de mayo de 1992, y canonizada el 1 de octubre del año 2000, en ambos casos por San Juan Pablo II.
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Hablar de la trata de personas me encoge el corazón. En mi vida anterior, antes de venir a Pamplona, conocí a varias mujeres jóvenes, que víctimas de sueños que no existen, fueron engañadas y arrancadas de sus familias y países, para terminar en la prostitución, que nada tenía que ver con el trabajo prometido. Acabaron en la cárcel, la ironía es que cometieron delitos para escapar de las mafias de la trata de personas. Allí se sintieron libres, aunque parezca mentira, porque nadie las amenazaba, nadie las maltrataba, no eran perseguidas, eran respetadas como personas y como mujeres.
“La trata de seres humanos desfigura la dignidad. La explotación y el sometimiento limitan la libertad y convierten a las personas en objeto de usar y tirar” (Papa Francisco 8 febrero 2023). Esta es la realidad de la trata de personas, son objeto de negocio, de mercado, para ganar dinero fácil y rápido. En el mercado de la trata lo primero es el capital y después la persona. Hasta que no invirtamos los términos, el problema no tendrá solución. “La trata de personas también debe considerarse una grave violación de la dignidad humana”, nos advierte el documento “Dignitas infinita” de la Doctrina de la Fe. La trata de personas viola todos los derechos humanos imaginables: vida, libertad, sexualidad, educación, familia, no esclavitud, integridad personal, igualdad y no discriminación, protección de la familia, salud, igualdad de género, libre circulación…
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La trata deja personas humilladas, despersonalizadas, rotas, lejos de sus familias, de su hogar. El mundo de la trata está lleno de sueños rotos, de ilusiones perdidas, de trabajos inexistentes y de falsos príncipes de ojos azules. Todas las víctimas han soñado alguna vez así. Por eso la realidad es más fuerte, nunca lo imaginaron y el contraste es más doloroso.
¿Y tú, qué puedes hacer?, seguramente estamos convencidos que no podemos hacer nada ante tal magnitud de problema, pensamos que escapa a nuestras posibilidades. Pero el Papa Francisco nos avisaba el pasado año 2024, en el día de la trata, “si cerramos nuestros ojos y oídos, si permanecemos inertes, seremos cómplices” de la trata de personas. Es una llamada a abrir los ojos, a ver a nuestro alrededor, a no pasar de largo y ser capaces de denunciar si veo comportamientos sospechosos, situaciones de abuso, de niños, mujeres jóvenes y extranjeras. Está pasando en nuestra Navarra. ¡Abre los ojos¡¡No mires hacia otro lado!, aquí y ahora también hay víctimas de trata. Despierta tu conciencia.
Ante esta realidad de la trata, nuestra Diócesis de Pamplona y Tudela ha asumido un compromiso para el Año Jubilar de la Esperanza. Tengo un sueño, uno de tantos desde mi llegada a Pamplona y es la creación de un lugar, un centro de acogida, para víctimas de trata, especialmente mujeres. Queremos ser “Embajadores de Esperanza” para las mujeres, en muchos casos con hijos, que están siendo explotadas y consideradas víctimas de trata. La iglesia, nuestra diócesis, no quiere mirar hacia otro lado. Quiere mirar a los ojos de las víctimas y abrirles nuestra puerta y nuestro corazón. ¿Te apuntas? ¡Cuento contigo!
+ Florencio Roselló Avellanas O de M
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela