"Pueden parecer similares en ciertas circunstancias, pero no deben confundirse" Los Ministros Extraordinarios no son la competencia del diácono

Al igual que los diáconos no deben ser vistos como una competencia para los sacerdotes, los ministros extraordinarios no deben aparecer como la competencia de los diáconos
Entre las funciones que causan ciertas confusiones están los ministros extraordinarios de la comunión y los diáconos. A pesar de que ambos participan en la administración de los sacramentos, especialmente en lo que respecta a la Eucaristía, no deben ser considerados competentes para ejercer las mismas funciones.
El Papel del Diácono en la Iglesia
El diaconado es una de las tres órdenes mayores del clero en la Iglesia, junto con el sacerdocio y el episcopado. El diácono es una persona consagrada que, tras recibir el sacramento del orden, tiene la misión de servir al pueblo de Dios a través de la administración de sacramentos, la proclamación de la palabra y el servicio en el altar. El diácono tiene una función litúrgica, caritativa y educativa, y, por lo tanto, se le exige una formación profunda y extensa. A los ministros extraordinarios, aunque deberían ser escogidos entre los fieles con una mayor formación, en la realidad diocesana casi “se tira de lo que hay” y no se exige formación reglada.
Los diáconos tienen la autoridad para asistir en la celebración de la Misa, predicar en las homilías, administrar el bautismo como ministro ordinario, al igual que presidir y bendecir matrimonios. Esta competencia, por lo tanto, no es solo un acto de servicio, sino un acto que requiere una consagración particular. Esto lo diferencia de los ministros extraordinarios de la comunión, quienes son laicos que, en casos excepcionales, pueden asistir en la distribución de la Eucaristía bajo la dirección de los ministros ordinarios.
El Ministerio de los Ministros Extraordinarios de la Comunión
Los ministros extraordinarios de la comunión son laicos, tanto hombres como mujeres, que desempeñan un papel en la Iglesia que está diseñado para casos específicos y excepcionales. En general, su función se debería limitar a asistir en la distribución de la comunión, particularmente cuando hay una necesidad significativa debido a la cantidad de fieles o a la ausencia de sacerdotes o diáconos disponibles. Importante es resaltar que tienen un carácter de ser algo excepcional, como su nombre indica, extraordinario. Para desempeñar esta labor no reciben ningún sacramento, aunque podrían ser instituidos en el ministerio de acólito, y en el reciente ministerio de catequista. Lo cierto es que el número de los ministros extraordinarios que han realizado el rito litúrgico de institución en el ministerio de acólito es mínimo.

Precisamente se ha llegado a la conclusión que los obispos africanos no han promovido el diaconado permanente porque las funciones de estos clérigos ya son desempeñadas en la Iglesia africana por los catequistas, razón que señala que el episcopado africano no ha entendido las razones de la restauración del diaconado permanente por los padres conciliares.
Los ministros extraordinarios no reciben el sacramento del orden, y por lo tanto, no están habilitados para ejercer otras funciones litúrgicas o pastorales que son exclusivas de los diáconos y los sacerdotes. Su tarea está estrictamente limitada a la distribución del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la liturgia. Esta labor, aunque fundamental, es considerablemente más reducida que la que realiza un diácono, quien tiene responsabilidades litúrgicas más amplias, incluyendo la proclamación de la palabra y la presidencia de ciertas celebraciones.
Los obispos no deberían de parchear con los Ministros Extraordinarios
Una de las razones por las que los obispos recurren con frecuencia a los ministros extraordinarios es la necesidad de cubrir la demanda de la Eucaristía en muchas parroquias, especialmente en zonas rurales o con escasez de sacerdotes o diáconos. Los ministros extraordinarios pueden ser formados de manera relativamente rápida, lo que hace que sea más fácil contar con ellos en situaciones de emergencia o cuando la cantidad de fieles es muy grande. Esto puede ser un aspecto práctico en una Iglesia que enfrenta una escasez de clero, y donde la solicitud de ministros extraordinarios es más fácil de satisfacer.

Un campo pastoral que parece haber sido tomado por los ministros extraordinarios son las exequias. Nos encontramos en cementerios y tanatorios con ministros revestidos con alba que presiden las despedidas de los difuntos y que ya son mayoría laicos de manera extraordinaria, labor que en el día a día se vuelve ordinaria. También vemos en la realidad parroquial actual, que aunque se disponga de un número correcto de clero, se ha delegado el llevar la comunión a los enfermos a los laicos, y a pesar de una dudosa necesidad práctica, no hay que perder de vista que los ministros extraordinarios no deben ser considerados como una alternativa permanente a los diáconos o sacerdotes.
Los obispos pueden optar por recurrir a los ministros extraordinarios por cuestiones de disponibilidad y conveniencia, pero la ordenación del diácono sigue siendo el camino adecuado para un servicio litúrgico y pastoral más profundo y permanente. La formación que reciben los diáconos, que incluye estudios teológicos, formación espiritual y práctica pastoral, los capacita para cumplir roles más amplios dentro de la Iglesia que los ministros extraordinarios no pueden desempeñar.
La Inclusión de las Mujeres en el Ministerio Extraordinario
Un aspecto importante de los ministros extraordinarios es que este ministerio está abierto tanto a hombres como a mujeres, lo que permite disponer de una mayor cantera, ya que todos sabemos que las mujeres son siempre muy mayoritarias entre la feligresía, especialmente entre la más comprometida y activa. Cierto es que la participación de las mujeres en la Iglesia, especialmente en este ministerio, puede ser vista como una respuesta a las necesidades pastorales y también como una oportunidad para que las mujeres desempeñen un papel importante en la vida sacramental de la comunidad.

La inclusión de mujeres en este ministerio ha sido clave en muchas diócesis, donde su servicio ha sido clave para el fortalecimiento de la vida eclesial. A pesar de la mayor presencia femenina, es importante reconocer que el papel de las mujeres como ministros extraordinarios de la comunión no les otorga la misma consagración sacramental que tienen los diáconos, y su función sigue siendo limitadaa la distribución de la Eucaristía, sin la capacidad de realizar otras funciones litúrgicas o sacramentales.
¿Es igual que la Celebración de la Palabra la presida un laico que un diácono?
Pues no. Y no debe presidirla un laico si participa un diácono. Los que caminan en Comunidades Neocatecumenales, ósea los “kikos”, tienen una reunión los miércoles en torno a la Palabra, que guarda similitudes con las celebraciones, pero sin acabar con la comunión. Pues me consta que en alguna comunidad en la que camina un diácono, preside la celebración el “catequista”, y esto es no entender que la jerarquía, como su nombre indica jerarquiza y da un “orden”, y que por ello debería presidir el que ha recibido el “orden” sagrado.
Los ministros extraordinarios de la comunión y los diáconos desempeñan roles diferentes dentro de la Iglesia. Mientras que los diáconos son miembros del clero y reciben el sacramento del Orden, con una formación teológica y pastoral completa, los ministros extraordinarios son laicos que desempeñan una función limitada a la distribución de la Eucaristía en situaciones excepcionales. Aunque ambos roles pueden parecer similares en ciertas circunstancias, especialmente durante la Celebración de la Palabra, no deben confundirse, ya que el diaconado tiene una dimensión sacramental que no se encuentra en el ministerio extraordinario. Los obispos pueden recurrir a los ministros extraordinarios como una solución práctica ante la falta de clero, pero esto no debe llevar a la conclusión de que los ministros extraordinarios son una competencia o sustitutos de los diáconos.
Etiquetas