"Lo fundamental en una homilía es que se entienda" Cuando el diácono predica

Cuando el diácono predica
Cuando el diácono predica

"El diácono es ministro ordinario de la homilía, por lo que es importante aclarar que puede predicar en la misa, no como sustituto, sino cuando el celebrante lo considere conveniente"

"Este dilema de si predicar o no, dependiendo de otro, no existe cuando uno tiene que realizar una Celebración de la Palabra, bautizar o bendecir matrimonios, ya que en esos casos, la predicación no la puede dar más que uno mismo"

"Aprovecho para subrayar que lo fundamental en una homilía es que se entienda, con palabras cotidianas, usando ejemplos de la vida misma y es fundamental prepararlas"

"Tomemos conciencia de la importancia que tiene el predicar y que nuestra homilía sea como nuestro ministerio diaconal: sencilla, cercana, en medio del mundo"

El diácono es ministro ordinario de la homilía, por lo que es importante aclarar que puede predicar en la misa, no como sustituto, sino cuando el celebrante lo considere conveniente. Empiezo aclarando esto porque, aunque para muchos es obvio, hay quienes aún no lo tienen claro.

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Recuerdo que, cuando llevaba pocos meses ordenado, el sacerdote al que asistía en las misas dominicales en el hogar de acogida de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta me pidió que predicara el domingo siguiente. Lo hice, y al terminar la misa, la superiora me llamó y me dijo que no volviera a predicar si había un sacerdote presente, ya que el diácono solo debe predicar si el sacerdote está impedido. Se lo comenté a mi párroco, que también es el párroco de ellas, y me dijo que estuviera al día siguiente vestido con alzacuellos para hablar con la superiora. Debo reconocer que el Señor me cuida enviándome párrocos santos, y sinceramente, de los cinco que he tenido no tengo más que cosas buenas que decir. Recuerdo claramente la cara de vergüenza de la superiora, disculpándose cuando mi párroco le explicó que yo era diácono, ministro de la jerarquía de la iglesia, y que debía predicar cuando el celebrante me lo pidiera.

Diácono predicando
Diácono predicando

Actualmente asisto a un sacerdote todos los domingos en el mismo hogar, quien nunca me ha pedido predicar. No sé si es por desconocimiento o porque no lo ve oportuno, aunque debo confesar que tampoco lo he solicitado, ya que me viene bien escabullirme con la excusa de que dependa de él.

Este dilema de si predicar o no, dependiendo de otro, no existe cuando uno tiene que realizar una Celebración de la Palabra, bautizar o bendecir matrimonios, ya que en esos casos, la predicación no la puede dar más que uno mismo.

Predicación del diácono
Predicación del diácono

En el caso de los diáconos, contamos con una evaluación posterior de la prédica: una crítica sincera y rápida, que nos dan nuestras mujeres y, en mi caso, también mis hijas. Y puedo asegurar que no se cortan a la hora de decirme si algo sobró o si no se entendió bien. Aprovecho para subrayar que lo fundamental en una homilía es que se entienda. Puedo quedar genial comentando el Evangelio del Bautismo del Señor, señalando que es una teofanía trinitaria, donde se impone la Trinidad económica sobre la inmanente. Quienes me escuchan seguramente destacarían mi nivel teológico, pero reconocerían que no han entendido nada. La homilía siempre debe comentar la Palabra que se acaba de proclamar, explicándola con palabras cotidianas, usando ejemplos de la vida misma. Siempre cuento que fui bastante crítico con las homilías que escuchaba hasta que me tocó hacerlas.

Predicación del diácono
Predicación del diácono

La predicación es un momento muy importante, porque lo que se dice puede hacer mucho bien. Por eso, es fundamental prepararlas, no improvisar, por mucho que uno tenga o no el don de la comunicación. Personalmente, sabiendo lo importante que es la homilía y lo que implica prepararla bien, cuando me piden hacerla, reconozco que me cuesta especialmente si quien me lo pide es alguien que predica muy bien y la gente está deseando escucharle a él. Como contraste, recuerdo unas misas dominicales en la Playa de San Juan de Alicante, donde dos sacerdotes africanos, que llevaban poco tiempo en España, celebraban las misas. No hablaban muy bien español, y prácticamente no se les entendía cuando predicaban, y además, sus homilías eran bastante largas. Sin embargo, cuando me pedían predicar, veía que la gente se mostraba contenta, porque al menos a mí se me entendía.

En cuanto a la duración de las homilías, es importante seguir el consejo del Papa Francisco de no exceder los diez minutos. Yo, al menos, lo he seguido desde el principio, mucho antes de escuchar las indicaciones del Santo Padre. Siempre me ha hecho gracia predicar y ver a la gente hablar o mirar al infinito. Por cierto, en esto los diáconos lo tenemos difícil, ya que no son pocas las veces que, a mitad de la homilía, el celebrante menciona algo sobre mí, y todo el mundo me mira y me encuentra distraído, mirando a las musarañas, lo que los psicólogos denominamos "déficit de atención", y coloquialmente siempre se ha dicho "empanamiento".

Predicación del diácono
Predicación del diácono

Sin duda, es importante no extenderse demasiado. Las homilías no deben durar, como nos dice el Papa, más de diez minutos. Recuerdo cuando llevábamos a mi madre a misa, y si comentaba la homilía al salir, solía decir: "Me ha gustado, ha sido cortita", dando a entender que le daba igual el contenido, lo importante era que durara poco.

Por supuesto, no hace falta señalar que en las homilías no se debe regañar a los feligreses. Imaginad si el sermón comenzara con algo como: "¿No os da vergüenza venir a misa con tantos pecados? ¡Os vais a quemar todos en el infierno!" Sería un método infalible para espantar a los feligreses.

Predicación del diácono
Predicación del diácono

Hay diáconos que siempre llevan la homilía preparada por si el celebrante les pide que predique. Debo reconocer que no es mi caso, por lo que siempre aviso que, si quieren que predique, me avisen con al menos un día de antelación. Creo que cada uno tiene sus dones, y el mío, desde luego, no está en la improvisación. Lo que sí puedo asegurar es que jamás me ha ocurrido que me hayan pedido predicar con antelación y les haya respondido negativamente.

Pues que tomemos conciencia de la importancia que tiene el predicar y que nuestra homilía sea como nuestro ministerio diaconal: sencilla, cercana, en medio del mundo, haciendo que la Palabra se haga carne en nosotros, y que, al igual que Andrés desde el púlpito contemos alegres:¡He encontrado al Señor!

Predicación del diácono
Predicación del diácono

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