Francisco, así te queremos, de carne y hueso; sin ser “Vicario de Cristo” La 'cátedra' del pescador de hombres

El Papa Francisco
El Papa Francisco

"Sorprendió a todos cuando, la noche de su elección, se presentó al mundo entero como «Obispo de Roma», sin todos los adornos externos ni títulos de dignidad y poder, de su cargo de Sumo Pontífice. Era sólo la premisa de un cambio en el pontificado que tendría como principal impulso la conversión gradual de la Iglesia al Evangelio, un camino que no sería indoloro"

«¡Y, sin embargo, se mueve...!». La conocida expresión, atribuida a Galileo Galilei, que se vio obligado por la doctrina infalible de la Inquisición a renegar del movimiento de la Tierra, encaja bien con la Iglesia católica. 

Es como un paquidermo que parece inmóvil, lastrado y ralentizado como está por siglos de escombros y residuos teológicos, tan alejados de la itinerancia del Profeta de Galilea, de la agilidad de los Evangelios, que exigen un cambio constante para poner el vino nuevo del Espíritu en odres nuevos (Mt 9,17). 

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Sin embargo, lentamente, casi imperceptiblemente, algo se mueve y la Iglesia, de institución rígida regida por una doctrina inmutable, se transforma en comunidad dinámica animada por el Espíritu. Naturalmente, los cambios son ligeros, nunca se producen de forma traumática, para no parecer un desgarro o, peor aún, una ruptura con la tradición. Así que se avanza con pasos afortunados, con mucha diplomacia, y hay que descubrir estos cambios entre líneas. Un paso, que parece pequeño y en cambio fue gigantesco, es el que ha dado, continúa dando, el Papa Francisco. 

Francisco , nuevo Papa.
Francisco , nuevo Papa.

Sorprendió a todos cuando, la noche de su elección, se presentó al mundo entero como «Obispo de Roma», sin todos los adornos externos ni títulos de dignidad y poder, de su cargo de Sumo Pontífice. Era sólo la premisa de un cambio en el pontificado que tendría como principal impulso la conversión gradual de la Iglesia al Evangelio, un camino que no sería indoloro. 

Signos de este cambio son los títulos del Papa -del griego “papas”, 'padre'-. En la historia, bajo el nombre del Papa han destacado grandes títulos: «Vicario de Jesucristo», «Sucesor del Príncipe de los Apóstoles», «Sumo Pontífice de la Iglesia Universal», «Primado de Italia», «Arzobispo y Metropolitano de la Provincia Romana», «Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano», «Siervo de los Siervos de Dios»… 

Ahora, mientras permanecen en la memoria, estos títulos históricos han sido delicada pero significativamente desplazados en las palabras y en los gestos de «Francisco - obispo de Roma». Aquellos títulos se han guardado en el desván, como ciertos muebles del pasado. Tenían su encanto, fueron bonitos y uno les había cogido hasta aprecio y cariño pero ahora son engorrosos e inservibles. 

Con el Papa Francisco se ha confirmado el desplazamiento o la supresión del lenguaje curial de títulos que hacían del Papa un ser semidivino

Con el Papa Francisco se ha confirmado el desplazamiento o la supresión del lenguaje curial de títulos que hacían del Papa un ser semidivino, «el dulce Cristo en la tierra», tratado y adorado como una divinidad, idolatrado como un faraón (basta pensar en aquellos grandes abanicos de plumas blancas de avestruz que acompañaban la entrada del papa en la silla gestatoria, en uso hasta Pablo VI, que finalmente lo abolió). 

No, Francisco, así te queremos, de carne y hueso; sin ser “Vicario de Cristo”. Vicario es quien representa o sustituye a alguien que no está presente, pero Cristo no está ausente. Es justamente lo contrario lo que se desprende de los Evangelios. En el Evangelio de Mateo, las últimas palabras de Cristo resucitado son precisamente éstas: «Yo estoy con vosotros todos los días» (Mt 28, 20). Mientras que Moisés, presintiendo que se acercaba su fin, había nombrado sucesor a Josué (Núm 27,18), Jesús, resucitado, no nombra a ningún sucesor, y mucho menos a su vicario, sino que, como escribe Marcos, Cristo resucitado sigue estando presente con sus discípulos: «el Señor actuaba junto a ellos y confirmaba la Palabra con los signos que le acompañaban» (Mc 16, 20). 

Más que una autobiografía de Francisco
Más que una autobiografía de Francisco

Cristo está presente entre los creyentes, pidiendo sólo ser acogido y colaborar con Él en la comunicación incesante de vida para toda criatura. Ciertamente, Jesús es invisible, pero no está ausente cuando nos reunimos en su nombre («porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos», Mt 18,20), y siempre será visible cada vez que los suyos partimos el pan para hacerlo alimento de vida y de compartir («Lo reconocieron al partir el pan», Lc 24, 31.35). 

Si se quiere utilizar la expresión «Vicario de Cristo», es para los pobres, los necesitados, los marginados, los encarcelados, los extranjeros con los que Jesús se identificó («Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis», Mt 25, 40), y Padres de la Iglesia, como san Gregorio de Nisa, afirmaron que los pobres «representan para nosotros la Persona del Salvador» (De pauperibus amandis, PG 46, 460bc). 

Un dibujo infantil con el Papa
Un dibujo infantil con el Papa

En el siglo XII, mientras la luz de Francisco de Asís -un verdadero alter Christus- brillaba más que nunca, fue un papa, el beligerante Inocencio III, quien puso en segundo plano el título de «Vicario de Pedro» y se arrogó el de «Vicario de Cristo», hasta entonces atribuido a los pobres, designación que fue sancionada por el Concilio de Florencia (siglo XV) con la bula «Laetentur caeli», en la que se afirma que el pontífice romano «tiene primacía sobre todo el universo [.... ]» y que el papa es “el auténtico vicario de Cristo” (Denz. 1307)... 

Luego vino el Papa Francisco adoptando el nombre de aquel verdadero alter Christus, Francisco de Asís.

Es la cátedra del que se esmera en creer la Buena Noticia, en enseñar lo que cree, y en vivir lo que enseña.

Es la cátedra del pecador perdonado y del confesor falible.

Es la cátedra del hombre y del creyente, del alma entusiasta con los pies de barro.

Es la cátedra del que tiene por servicio acompañar y confirmar la fe de sus hermanos.

Es la cátedra del que pide a sus oyentes que le recuerden, guarden, sostengan,…, orando por él.  

Es la cátedra del que el 13 de marzo de 2013 decía antes de inclinar su cabeza: "Y ahora me gustaría dar la bendición, pero antes... primero les pido un favor: antes de que el obispo bendiga al pueblo, les pido que recen al Señor para que me bendiga: la oración del pueblo que pide la bendición de su obispo. Recemos en silencio esta oración que ustedes hacen por mí"

Así te reconocemos y te queremos, Francisco, de carne y hueso. Francisco, ama a tus hermanos.

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