Un privilegio
Me gusta Neruda cuando dice “Tanto he vivido que quiero vivir otro tanto”.
Yo también aspiro a vivir. VIVIR, y no solamente sobrevivir. Y a través de un grupo de matrimonios de la Institución Teresiana he conseguido no conformarme con dar años a la vida sino vida a los años.
En esos 20 años ha habido muchas primaveras y veranos. Pero también otoños e inviernos. Como en cualquier grupo humano ha habido roces. Pero el balance global es muy positivo. Y juntos nos hemos ayudado a que las luces prevalecieran sobre las sombras.
El grupo nos ha ayudado a vivir la vida intensamente, como si ésta lo fuera todo. Y, a su vez, a saber que, como dice Moltman, “lo que es no lo es todo”.
Juntos hemos descubierto la alegría de la fe. Y hemos facilitado la presencia de la trascendencia en lo más íntimo de cada uno de nosotros.
Hemos aprendido a valorar lo que vale de verdad. A encontrar todo aquello por lo que vale la pena vivir y luchar.
Aunque los años han ido arrugando nuestra piel nos hemos ayudado, mutuamente, a que no se nos arrugara el alma.
Personalmente el grupo me ha ayudado a encontrarme conmigo mismo y con todo aquello que es esencial. Ha alimentado mi fe. Me ha ayudado a estar en este mundo aun no siendo de este mundo.
Hoy, al celebrar nuestro 20 aniversario, quiero, ante el Dios que da sentido a nuestras vidas, dar las gracias a ese grupo, a María Jesús su coordinadora, y a la IT que ha estado detrás apoyando.