Yahvé, Soy el que Soy. Verbo de  comunión, no sustantivo de dominación

Llevo varios días comentando el tema de las lecturas de este Dom 3 Cuaresma (23.3.25). En insistido en Ex 3 (Moisés y Mahoma, liberacíón de los hebreos), teniendo en el fondo Lc 13 (parábola del viñador).

Hoy, domingo, me centro con cierto temblor y mucha reverencia filológica y teológica, ante la definición y sentido de Dios como Yahve, verbo de acción/ser de Dios y de los hombres.

Siga leyendo quien desee llegar conmigo al centro de “gravedad” de la Biblia (judaísmo), tal como ha sido y sigue siendo entendido por judío, musulmanes, (a)gnósticos y cristianos.  Buen domingo a todos.

Yhwh Hebrew Deus Name Tetragrammaton Yahweh Jhvh Yahveh Em Hebraico ...

Moisés ante la zarza ardiente.

             Nació en la tribu sacerdotal de Leví, y su madre, no pudiendo ocultarlo, lo confió a las aguas del Nilo en un barco-cuna para que alguien que le viera se apiadara y le recogiera.

Bajó la hija del Faraón a bañarse en el río… Vio la cestilla con el niño, se compadeció y exclamó: `Es uno de los niños hebreos'. Entonces dijo la hermana de Moisés (que estaba escondida): ¿Quieres que vaya y llame a una nodriza de entre las hebreas, para que te críe este niño?'. La hija del Faraón le contestó: 'Vete'. Fue la joven y llamó a la madre del niño. Y la hija del Faraón le dijo: 'Toma este niño y críamelo, que yo te lo pagaré'. Tomó la mujer al niño y lo crió. El niño creció y ella lo llevó a la hija del Faraón, que lo tuvo por hijo y le llamó Moisés, diciendo: 'De las aguas sacado' (Ex 2, 5-10)

              Moisés renace en el Nilo y su madre (hebrea) le cría y alimenta hasta el destete, momento en que le acoge su madre adoptiva egipcia, la hija del Faraón. Es hombre de dos mundos: los egipcios le ofrecen un conocimiento que luego podrá poner al servicio de la libertad, para destruir desde dentro el sistema de poder del mundo. Será libertador de los hebreos, pero llevando en su vida y tarea el conocimiento del sistema de poder y de organizacíón económica de Egipto.

Tras ese comienzo, el texto calla. Deja que los años de Moisés transcurran oscuros en la casa y corte de la hija del Faraón. Lleva en la sangre el recuerdo de sus hermanos oprimidos y crece en un ambiente egipcio, pero no olvida a su pueblo.

DIOS ES VERBO, NO SUSTANTIVO

En aquellos días, cuando Moisés ya fue mayor, salió a visitar a sus hermanos y comprobó sus penosos trabajos. Vio también cómo un egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos. Miró a uno y otro lado y, no viendo a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena (Ex 2, 11-12).

             Ha sentido en su sangre la injusticia dl poder que mata, y mata él tambiién con violencia al opresor, pero pronto descubre que ese gesto ha sido peligroso: "Salió al día siguiente y vio a dos hebreos que se enfrentaban ente sí y reñían. Y dijo al culpable: '¿Por qué riñes a tu hermano?'. Este respondió: '¿Quién te ha hecho jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso estás pensando en matarme como mataste al egipcio?'" (Ex 2, 13-14). Supo que le perseguirían y tuvo que huir a Madián, en el desierto del Sinaí donde encuentra amigos que le acogen y ofrecen un lugar en su familia.

            Jetró, sacerdote y pastor de Madián, acoge al fugitivo, ofreciéndole la mano de su hija. Ciertamente, Moisés forastero (como indica el nombre de su hijo), pero en sentido estricto no es un exilado, ni está perdido, pues ha encontrado muchachas que le esperan en el pozo, un jefe de tribu que le acoge y una mujer que le hace padre. La historia debería concluir en este punto: Moisés fugitivo se instalará en la estepa, como los antepasados nómadas del pueblo. Pero el auténtico camino empieza ahora, desde Dios: 

  1. Moisés era pastor del rebaño de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián.
  2. Una vez, llevó las ovejas... hasta Horeb (Sinaí).
  3. El Ángel de Yahvé se le apareció como llama de fuego, en una zarza.
  4. Vio la zarza estaba ardiendo, pero no se consumía. Dijo Moisés:
  5. Voy para ver este prodigio: ¿por qué no se consume la zarza?.
  6. Cuando Yahvé... vio que Moisés se acercaba dijo:
  7. 'Yo soy el Dios de tus padres, Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios (Ex 3, 1-6).

  1. DIOS YAHVÉ, ZARZA ARDIENTE[1]

A diferencia de los egipcios, que habían encerrado a Dios en un sistema de ley sagrada (de trabajo, dinero y poder), Moisés empieza a verle en la naturaleza, como revelado en la montaña de la estepa (Horeb-Sinaí), Señor de la naturaleza, sobre el sistema de opresión de Egipto, que identifica lo sagrado con el orden económico-social. Dios fuego, poder transformador: llama de vida que jamás se consume, fuente de luz y calor, misterio.

Los egipcios habían per-vertido las fuerzas de la naturaleza, al convertirlas en principio de opresión. En contra de eso. Dios se manifiesta a Moisés como Yahvé, en la zarza de la vida que eternamente arde sin consumirse, enviándole a liberar a su pueblo de Egipto y diciéndole:

  1. Y ahora marcha, te envío al faraón
  2. para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel».
  3.  Moisés replicó «¿Quién soy yo… para sacar a los hijos de Israel de Egipto?
  4.  Respondió Dios: “Yo soy/estoy contigo; y esta es la señal…”.
  5. Moisés replicó Si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre?” ¿qué les respondo?». 
  6.  “Yo soy el que soy/el quue actúo”. Esto dirás a los hijos de Israel:
  7. “Yo soy” (Yahvé) me envía a vosotros.  :
  8. El Señor, Dios de vuestros padres, Abrahán, Isaac, Jacob, me envía a vosotros.
  9. Este es mi nombre. Yahvé (yo soy/actúo) para siempre  (Ex 3, 10-17).

NOMBRE DE DIOS, ACCIÓN LIBERADRA

Éste es el Dios de los padres, Dios de Abraham, Isaac y Jacob(pueblo elegido), protector de oprimidos, hebreos esclavizados en Egipto. Contra quienes piensan que Dios es pura tradición, opresión  de un pasado que nos sigue atando a lo que ha sido, frente a los que añaden que Dios nos aleja de la vida y carece de amor para cambiar la realidad, este Dios de Moisés viene y  como Presencia de liberación.

En un primer momento, Dios viene y actúa como lo divino, en forma singular (El) o plural (Elohim), ante la roca inmensa del desierto, revelándose en lo ´más pobre, amenazado, pequeño, inútil, como una zarza, pero una zarza  que arde sin cesar, sin apagarse nunca, sin perder nunca su fuego. 

Libro estudios sobre el antiguo testamento De martin noth - Buscalibre

Dentro de la tradición israelita este Dios ha recibido otros nombres como: El-Sadai (quizá Señor de la altura), El-Elyon (Dios del Monte, Dios Excelso) etc., pero ahora no aparece como simple El-Elohim (divinidad en general), ni como Baal, Señor cósmico, ritmo de la vida, sino como Yahvé (Soy-quien-estoy presente, soy el que actúo). Los israelitas han tomado a ese Nombre-Sin-Nombre, Dios queue no se identifiCa con ningúnn poder-imperio del mundo, como principio invisible, innombrable de todo lo que es y actúa (Soy-quien-actúo), como nombre del Dios de Moisés, quien debe presentarse ante los israelitas para deccirles.: Yo soy (’ehyh) me ha enviado a vosotros,Yahvé, Dios de vuestros padres (Ex 3, 11-15).

Esta denominación, Yahvé יהוה (YHVH),  con la que Dios se presenta a los israelitas, no es sustantivo, sino verbo activo, de una acción creadora,, como casi todos los nombres personales hebreos, queue no son sustantivos/sujetos, sino expresiones de una accón que son teófora (portadora de Dios), indicación de un verbo activo dvino, significan por ejemplo Dios-fortalece (Ezequias), Dios-escucha (Ismael), Dios-salva (Jesús), Dios Juzga (Daniel). Dios-generoso (Juan), Dios-recuerda (Zacarías), Dioes fuerte (Gabriel),  Dios cura (Rafael) etc.

 Moisés siente dificultad. Dios le ha pedido que abandone su nueva familia de la estepa de Madián, junto al Sinaí, quese enfrente al Faraón, opresor de los hebreos, sucesor de aquel que antaño pretendió matarle (cf. Ex 2,15-23). Dios le envía a liberar a los mismos hebreos que antes habían rechazado su arbitraje (Ex 2, 13-14; cf. Hech 7,24-34). Es normal que le cueste (cf. Jc 6,15; Lc 1,34 etc) y diga: ¿Quién soy yo...?

Así pregunta el ser humano que se descubre pequeño e incapaz ante la tarea de su vida. Pero Dios le responde: Yo estaré, (’ehyh) contigo como presencia activa en tu tarea, yo mismo seré tu vida, movimiento y existencia su itinerario. El hombre (Moisés) tiene queue definrse como es teofanía personal del Dios que vive, actúa y existe en por medio de él, en todo el pueblo de Israel (=Dios lucha, el que lucha con Dios)  como ’Ehyh,  Yahvé (=yo Soy/Actúo), verbo de todos los verbos, acción de todas las acciones, existencia de toda las existencias, añadiendo.

Dios se define de esa forma como  Yahvé (=Soy, estoy contigo), añadiiendo: ¡Y cuando saques al pueblo de Egipto responderéis (=adoraréis) a Elohim en este monte! (3,12), volveréis aquí para ser lo que yo soy, Verbo activo de vuestra vida. Moisés ha descubierto a Dios, le ha visto en el fuego de la zarza. Luego han de verle, haciendo el mismo itinerario ante Dios y con Dios todos los oprimidos (cf. Ex 19-24), pues el ser-acción de Dios en Moisés, ante la zarza ardiente  han de asumirlo todos los israelitas.

En este contexto se sitúa la pregunta de Moisés (3,13). Elohim le ha dicho: yo estaré, anticipando su nombre (Yahvé significa ¡yo estaré!). Moisés no ha comprendido al principio. Necesita más señales, una concreción de la Presencia, un Nombre que pueda presentar a los hijos de Israel y decirles ¡Éste es quién me envía! (3,13). Sólo ahora, Elohim (=Poder divino) le responde con toda claridad, se revela plenamente, pero sin darle un nombre,  diciéndole que su nombre/verbo es su acción de vida y movimiento, no substancia cerrada en sí misma (Ex 3, 14-15):

Yahvé es nombre-de-acción, Verbo activo: «Soy el que Soy» (El que estaré o seré contigo, con todos los oprimidos). Dios no es sustantivo (sustancia en sí, sujeto quue existe en sí mismao y que otros pueden “poseer”, utilizar, como un ídolo a disposición de sus devotos (un tipo de poder cósmico o social), sino verbo activo de vida, movimiento y existencia-acción para todo el pueblo: Soy el que estaré con ellos (cf. 3,12). El ser de Dios no es un estar en sí, conocerse a sí mismo, sino que es vida-movimiento-ser en los hombres (de los hombres), y de un modo especial en los oprimidos (Ex 3, 14).

  1. Yahvé es Nombre-Verbo (=nombre acción, no sustantivo), es el queue envía, siendo al mismo tiempo el “enviado”: «Yahvé, Elohim de vuestros padres..., me ha enviado a vosotros» (3, 15). El mismo verbo [’ehyeh, soy, estoy presente] actúa como Nombre personal [Yahvé], definiendo para siempre el sentido y novedad del Dios de la experiencia israelita, que se revela como aquel envía a Moisés que le sostiene/acompaña y, liberando a su pueblo. Así podemos afirmar que somos (vivimos, nos movemos y existimos), porque es Dios quien vive, se mueve y existe en nosotros). Éste es el nombre de Dios, su recuerdo hecho presencia, su presencia hecha “éxodo”, salida de Egipto,  vida en libertad.

 Sólo escucha de verdad a Dios y conoce su Nombre (Yahvé), quien se sabe enviado y, al ponerse en movimiento, descubre que Dios mismo es su vida, movimiento y existencia porque en el momento más duro de la opresión, sacando a su pueblo de la esclavitud de Egipto ha dicho ’ehyeh (=estaré contigo, con vosotros, seré vuestra libertad, vuestro futuro, de manera que seáis vosotros mismos, en mí, en plena libertad, lo que yo soy (el que yo soy), y no sólo sólo porque así lo he dicho, ante la gran roca, sino porque he realizado lo que he dicho, sacando a los hebreos de Egipto y guiándoles por el largo desierto a la tierra prometida . Yahvé es por tanto Verbo de camino (syn-hodos, camino compartido): garantía de presencia personal (¡yo estoy! cf. 3,12) y compromiso de acción liberadora. 

CIUDAD BIBLIA . UNA GUIA PARA ADENTRARSE, PERDERSE Y ENCONTRARSE LIBROS ...

EXPLICACION.  NOMBRE-VERBO, NO SUSTANTIVO

La Biblia israelita nace en un contexto de idolatría o identificación de Dios con poderes cósmicos o sociales que dominan, exigiendo además que les adoremos… El pueblo de Isael crece en un contexto de  de sustantivos idolátricos, de Dioses de poder cósmico, político, económica, para sacarnos de allí y llevarnos a un tierra de libertad, a través del desierto, diciéndonos: Soy el que soy, estoy presente en vosotros, el Dios que siempre actúa (soy  pura actividad), sin convertirme jamás en “sustantivo”, una sustancia ya hecha.

Lo más fácil era en otro tiempo (siglo IX a.C.) y en el (XXI d.C) someterse a los ídolos del mundo, en especial a los de tipo político/económico. Desde tiempo  antiguo los hombres han tendido  a vender su libertad (su primogenitura) por un plato de lentejas (Gen 25), dictadura del vientre y de un poder que nos exima de la libertad, es decir, de la tarea de ser/hacernos por nosotros mismos.

Nos parece que vivimos mejor estando sometidos, con alguien que nos resuelva los problemas, por encima de nosotros, dándonos de falsas migajas y diciéndonos que nos alimenta y sostiene (como el Diablo de las tentaciones de Jesús: Mt 4 y Lc 4) Pues bien, en contra de eso, los israeliitas han  descubierto que Dios es Aquel no puede ser nombrado,  porque no es sustantivo (sustancia impositiva), sino ex-sistencia que nos impulsa a ser, estando presente, pero sin sustituirnos, pues no resuclve nuestros problemas desde fuera, sino que está en nosotros, para que  “vivamos, nos movamos y seamos” (Hch 17, 28), nosotros, Dios encarnado.

Moisés le ha preguntado¿quién soy yo para?, como ser humano que se mira pequeño y dependiente. Pero Dios le responde: ¡yo estaré, (’ehyh) contigo!,pues soy presencia de Vida en tu vida, ser-activo de tu itinerario. El hombre es teofanía personal del Dios que le dice (nos dice) seré-estaré contigo (’ehyh, yahvé), verbo de todos los verbos, añadiendo. El verdadero ser-acción de Moisés y de los israelitas no es él (no son ellos), sino que es Dios, que habita, actúa, siendo en ellos. 

  1. Ser-acción: "Soy el que Soy". Moisés quiere su seguridad, la suya (la de su pueblo) como nuevo y más alto Fararón, con dominio de poder, dinero, ejécito, no simple zarza del desierto. Peo Dios le responde que es zarza que ande sin consumirse nunca, pues su fuego es el fuego de Dios, su “ser” más profundo es el ser acción de Dios. El mismo Moisés es el que actúa, porque su vida es la acción de Dios.
  2. Envío: "Yo soy-estoy" me ha enviado a vosotros ('ehyeh ´selahani, 3, 14). Fundado (enraizado en la tierra que es Dios), Moisés (=Israel) se descubre, al mismo tiempo, como “enviado”. Dios no le dice “tú eres”, estando quieto donde estás, sino “tu has de ser” poniéndote en camino Sólo puede enviar quien se encuentra presente ('ehyeh= Yahvé). No es el envío el que justifica la presencia sino al revés: la presencia de Dios se hace envío: Dios se manifiesta en su verdad como El que es ('ehyeh- se convierte así en Yahvé. Sólo en la medida en que llama y ayuda, asiste y libera, el Dios (Elohim) de los padres se vuelve Yahvé, Dios del pueblo (Dios “encarnado” en Moisés y en el pueblo, como fuego/vida en la zarza/caña humana
  3. Verbo definitivo: "Este es mi nombre para siempre, es mi recuerdo..." (3, 15). Esta experiencia de fuego en la zarza hecha Nombre por encima de todo nombres (¡eEstoy presente!) define para siempre el "ser" (actuación) de Dios, como recuerdo de todos los recuerdos, principio y tarea de todas las tareas 

  Sólo escucha de verdad a Dios y conoce su Nombre (Yahvé), quien se descubre enviado y, al ponerse en movimiento, le encuentra Presente en su camino. Este Nombre es por un lado misterioso: los filólogos no logran precisar del todo su sentido original, los judíos no lo pronuncian por respeto... Pero, al mismo tiempo, es el más sencillo, cordial, inmediato de todos los nombres posibles, el Verbo/Dabar de todos los verbos, la Vida/Hai de todas las vidas, el camino de todos los caminos.

 Dios es Yahvé porque en el momento clave de su revelación, sacando a su pueblo de la esclavitud de Egipto ha dicho ’ehyeh (=estaré contigo, con vosotros, seré vuestra libertad, vuestro futuro, de manera que seáis vosotros mismos, en libertad, lo que yo soy (el que yo soy). Yahvé es Verbo de camino (Syn-hodos, camino compartido): garantía de presencia personal (¡yo estoy! cf. 3,12) y compromiso de acción liberadora. Tres son a mi juicio (y conforme a lo que sigue: Ex 3, 16-4, 18) sus elementos conformantes:

Dios aparece como un "Yo", pero un yo en, con y para vosotros, aquel que habla presentándose a sí mismo y diciendo "Soy el que soy/seré". En ese sentido, él se define como la Primera Persona de todas las personas, el "Yo" fundante en vosotros, un yo que dice ·tú” y dice “nosotros”, en la línea que más tarde se podrá subjetivismo (activismo) liberador, comunitario: todo lo que hay brota del Yo de Dios que dice: ¡quiero acompañaros, haciéndome camino con vosotros, ser vosotros, ser todos nosotros, porque somos Uno en comunión de vida!

  1. Mediación de Moisés, Dios de los padres, Dios de Moisés. El Dios Yo-soy se vuelve Estoy-contigo para aquellos que le acogen y responden, haciéndose ellos también presencia/acción Divina. Por eso, en nombre de todos los oprimidos, Moisés eleva sus preguntas: ¿Que haré si no me creen y si no me escuchan y si dicen: No se te ha aparecido Yahvé? (4, 1) Si Dios no le hubiera llamado, la liberaciòn de Israel sería falsa; si los israelitas no pudieran creer a Moisés sería inútil su Dios. La persona y tarea de Moisés está al principio de la fe de los israelitas que no creen sólo en Dios en general (como Elohim de la montaña), sino en el Yahvé de Moisés, impulso de vida de aquellos que no confían sólo en el Dios cósmico, ni siquiera en el Dios de los padres (Abraham, Isaac, Jacob), sino en el Dios de Moisés, y en el mismo Moisès, que así aparece como transmisor de la palabra de Dios, mediador de su experiencia nacional, universal.
  2. Dios universal. Dios se hace presencia salvadora en Moisés, a fin de revelarse de esa forma como Yahvé de todos los seres humanos: Un Yo-soy de liberación para el conjunto de los israelitas y de todos los oprimidos de la tierra. Por un lado, es Transcendente, de manera que su Yo-Soy desborda todas las posibles afirmaciones humanas: Está siempre más allá, es Señor universal, creador y salvador originario. Pero, al mismo tiempo, es Inmanencia plena o, mejor dicho, presencia salvadora, el “verbo” de la vida universal. 

   DIOS DE ISRAEL,:GNOSIS, ISLAM Y CRISTIANISMO..

Un Dios, un pueblo, un profeta: estos son los elementos principales de esta revelación del Verbo divino. Lógicamente, de ahora en adelante, Moisés vendrá a presentarse ante los judíos como profeta por excelencia, hombre/carne en el que Dios se ha revelado como acción liberadora. Desde ese fondo se entiende la fe de los judíos, musulmanes y cristianos 

Los judíoshan destacado este Nombre/Verbo, condensando en Yahvé su experiencia, su acción y su camino. Por un lado, han seguido vinculándolo al pueblo, como dice el Shema: Escucha, Israel, Yahvé, tu Dios es un Dios único.... (Dt 6, 4-9), un texto que se encuentra en la raíz y corazón de la fe cristiana, en forma de doble mandamiento, uniendo “anará a Dios” con “amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mc 12, 28-34. Por otro, los judíos han sacralizado ese nombre “Yahvé”, de tal forma que procuran no escribirlo ya ni pronunciarlo, pues la Acción de todas las acciones, el Verbo de todos los verbos,  estando al fondo de todo, nos sobrepasa y no podemos ni mencionarlo..

De esa manera, al separar el Nombre de Dios y dejarlo fuera de la "circulación" social y religiosa, los judíos posteriores han tenido que buscarle "sustitutos". Por eso han dicho y siguen diciendo en su lugar palabras más o menos equivalentes (pero nunca iguales) como Adonai, Kyrios, Dominus o Señor (the Lord), que expresan de algún modo la grandeza de Dios, pero sin expresarla en verdad y agotarla. Estas palabras ya no actúan como "sustantivos" (no expresan lo que es Dios), sino como adjetivos que evocan de algún modo su grandeza (Jaun-Goikoa, Zeus/Zeos, Allah, El-elohim, God, Got, Gran Espíritu, Brahman, Tien…).  

Esas palabras no son nombres de Dios, sino adjetivos aproximados, que si los convertimos en sustantivos  nos hacen caer en el riesgo de desembocar  de la idolatría. Los judíos saben que no podemos convertir a Yahvé   en nuevo sustantivo de Dios (un Dios más, un nuevo nombre), olvidando que es el Verbo sin nombre. Por eso, esa palabra Yahvé ha dejado de pronunciarse o nombrarse  e incluso de escribirse, poniéndose en su lugar expresiones como X**X

Muchos gnósticos (quizá de origen judío y cristiano) de los siglos II y III d.C., cn muchos agnósticos moderns han invertido esa visión del judaísmo, interpretando el nombre de Yahvé no como señal del más alto misterio de la acción silenciosa del misterio originario, sino como expresión de un "dios opresor", que mantiene a los humanos sometidos, de una Acción dominadora que impide que nosotros actuemos, de un Ser Falso que impide que nosotros seamos. . Ellos tienden a interpretar ese Verbo cono sustantivo diabólico, principio divino del error y el egoísmo, es decir, como Dios falso. Según eso, Yahvé, Dios del Antiguo Testamento, sería en el fondo el proto-diablo (=Satanás); sólo el Padre de Jesús o un Dios puramente espiritual es para ellos verdadero.

 Por eso, allí donde en la Escritura israelita (Ex 3, 14) el Dios Yahvé proclama Yo soy (o sus equivalentes), algunos gnósticos antiguos (sglos II-IV d,C.) con muchos ilustrados actuales (del siglo XVIII al XXI) hacen que se escuche la voz de un Dios distinto, que sería la voz de un poder, de una riqueza y de un conocimiento  centrado en sí mismo (contrario al Yahvé israelita, cristiano o musulman) que responde ¡Te equivocas,  Dios ciego!. Así interpretan a Yahvé con nombres despectivos, como Señor de la vergüenza (Samaél), Dios invidente, Dios cojo, paralítico y violento que, en vez de liberar a los hombres (como quiso el Dios del exodo y querrá el Dios de Cristo). Quieren mantenerle sometido.

 Conforme a esa, antigua o moderna, carece de sentido la encarnación cristiana: Dios no podría introducirse de verdad en este mundo. En contra de eso, precisamente para defender la encarnación han aceptado los cristianos la revelación del  Antiguo Testamento, entendiendo el ¡Yo soy! de Dios no en forma egoísta, sino liberadora.  Según eso, la palabra “yo soy” del Dios/fuego de la zarza ardiente no significa “yo soy, vosotros (ocupando así vuestro lugar)”, sino “yo   para que  seáis, vivo para que viváis, como verbo activo de vuestra existencia. 

Xabier Pikaza en 'Reseña Bíblica': "Lo que quede de nosotros, del XXI ...

Los musulmaneshan evitado en general la hondura del ese "Yo soy" dialogal y creador, poniendo de relieve la absoluta auto-realidad de Dios, que se ha expresado para siempre por Mahoma, de manera sencilla y segura, para todos los humanos, sin distinción de razas o culturas

 La piedad no estriba en que volváis vuestro rostro hacia el Oriente o hacia el Occidente (=rezar mirando a Jerusalén o la Meca), sino en creer en Dios y en el último día, en los ángeles, en la Escritura y en los profetas, en dar de la hacienda, por mucho amor que se le tenga, a los parientes, huérfanos, necesitados, viajeros, mendigos y esclavos, en hacer la azalá (oración) y el azaque (=la limosna)... (Corán 2, 177).

   El Dios musulmán es puro silencio sin nombre, pura acción dominante, que se expresa en el cumplimiento del Corán. No hay en el Islam ninguna teología intradivina, ninguna afirmación sobre la vida o movimiento  de Dios en cuanto tal.   Para el Islam la esencia de Dios sigue siendo misteriosa, incognoscible, de manera que no puede decirse nada de ella.

  Lógicamente, judíos y musulmanes se sienten vinculados en un plano, tanto en la visión del Dios transcendente (sin comunicaciòn intradivina de amor), como en la visión de su revelación (por la ley de Moisés, por la profecía de Mahoma). Esta vinculación es tan honda que algunos llegan a sostener que judaísmo e islam son variantes de una misma religión de fondo y que por eso se enfrenten Algunos afirman que el islam es herejía (simplificadora, universalizadora) del judaísmo. Otros; añaden otros que el judaísmo es una herejía (concretización nacional) del islam eterno. 

          Según eso,  judíos y musulmanes rechazan la encarnación de Dios en Jesús, viendo en ella una recaída quizá más levada del politeísmo pagano. Lógicamente, ellos rechazan también la Trinidad: piensan que Dios se ha revelado en la historia de los hombres, pero sin encarnarse, ni expresar en ella su misterio más profundo. En ese sentido, Judíos y musulmanes parecen más humildes: piensan que Dios está arriba y que nunca podemos conocerle del todo. Por el contrario, los cristianos se atreven a definir a Dios como Padre de Jesús (Trinidad), arriesgándose a penetrar en su misterio, afirmando que en el origen y base de todo está el amor del Padre al Hijo en el Espíritu. 

Los cristianos interpretamos a Yahvé como presencia salvadora (liberadora) que se compromete en favor de los hebreos oprimidos, pero damos un paso más y añadimos que el mismo Yahvé, Verbo supremo del Dios liberador, se identifica con el Padre de Nuestro Señor Jesucristo (es haciendo que sea Jesús). Por eso, en un sentido, los cristianos seguimos vinculados a la revelación del Sinaí: nos situamos con Moisés ante la Zarza Ardiente, escuchamos su palabra de liberación, nos comprometemos a seguir su camino. Pero sintiendo que eso resulta al fin insuficiente damos un paso más

No es que la experiencia israelita de Yahvé sea falsa, sino todo lo contrario: es verdadera. Más aún, es de tal modo verdadera que debe profundizarse, llegando hasta sus últimas consecuencias. Eso es lo que ha hecho Jesús, nuevo Moisés, verdadero intérprete y hermeneuta del Yahvé israelita. Allí donde Moisés ha escucha el Yo soy de Dios, que se dice a sí mismo salvando a los oprimidos, Jesús ha seguido escuchando la voz más profunda que dice ¡Tú eres mi Hijo! porque yo mismo estoy contigo.

En el paso y despliegue del ¡Yo soy! de Ex 3, 14 al ¡Tú eres, vosotros sois! de la experiencia bautismal (cf. Mc 1, 9-11 par) y pascual (cf. Rom 1, 3-4; Hebr 1,5) de Jesús culmina la teología israelita, nace el cristianismo. Siendo el auténtico ¡Yo soy!, Dios viene a definirse para los cristianos como el Padre de Nuestro Señor Jesucristo. De esta forma se amplia el Yo de Dios, asumiendo en su interior el Tú de Jesús (y de los humanos oprimidos) en el Nosotros del misterio trinitario (del Espíritu Santo), es decir, en el despliegue total de la Comunicación de amor.

La experiencia de base sigue siendo la misma: tanto el Yahvé de Moisés como el Padre de Jesús se introducen en la historia humana, asumen el dolor de los pobres, abren un camino de liberación. Pero los cristianos creemos que esa presencia salvadora de Dios en el mundo ha culminado en forma de encarnación: en el fondo de la experiencia básica de Jesús (de su misterio de liberación y de su comunión trinitaria) sigue estando el más profundo y verdadero Yahvé del judaísmo; pero este es un Yahvé que ha venido a desplegarse como Padre, abriéndose en amor, por medio de Jesús a todos los humanos.

CONCLUSIÓN VERBO ACTIVO, DIOS MISERICORDIOSO

 El Dios que se presentó a sí mismo como Yahvé, soy el que actúo, como Dios-verbo, hizo pacto con los israelitas del Sinaí, que se comprometieron a cumplir sus diez palabras (debarim o mandamientos), pero los israelitas no las cumplieron, de manera que conforme a la lógica del talión el debía castigarles.[2]. Pero en vez de hacerlo y responder al “pecado” con castigo ejemplar, destruyéndoles para siempre, Dios respondió con amor.

      Moisés labró dos tablas de piedra… madrugó y subió al amanecer al Monte Sinaí,   según la orden de Yahvé, llevando en la mano las dos losas de piedra (en las que había vuelto escribir los mandamientos y Yahvé bajó en la nube y Moisés pronunció el nombre de Yahvé diciendo:

  • ¡Yahvé, Yahvé, Dios compasivo y misericordioso,
  • lento a la ira y rico en clemencia y lealtad,
  •  misericordioso por mil generaciones; que perdona culpa, delito y pecado,
  • pero no deja impune y castiga la culpa de los padres en hijos y nietos,
  • hasta la tercera y cuarta generación! Ex 34, 4-7)[3].

             Esta escena reelabora la tradición antigua del Sinaí desde la perspectiva de la restauración (vuelta del exilio, nuevo pacto, siglo V-IV a.C.) con la restauración de Jerusalén (siglos VI-IV a.C.). Moisés subió de nuevo al monte (Ex 34, 1-4), y Dios bajó a su encuentro y los dos dialogaron sin rayos ni truenos (a diferencia de Ex 19), mientras se escucha la palabra originaria: Yahvé, Yahvé, Dios entrañable (rehem) y de gracia (hannun), lento a la ira y rico en lealtad (hesed) y verdad (‘emunah),

Dios es Rehem/Rahum, amor entrañable, Verbo de amor universal queue brota de la entraña del ser-amor que es Dios (Rehem, vientre materno, horno donde la Vida se cuece, se caldea y madura). Esa palabra, vinculada al útero engendrador, expresa el amor de una madre por aquellos que brotan de su entraña, evocando así la más honda experiencia de Dios en la Biblia. El principio de Dios no es la acción de unas manos que forman las cosas, ni una pasión superior de deseo, ni un apetito tener… sino el amor del útero materno, expresado en el cuidado de la madre por los hijos.

  1. Dios es Hannun (hen), amor gratuito, de hanan… Esa a palabra implica gratuidad, aquello que es gracia (cf. Hanna/Ana, la Agraciada), nombre que se aplica al que acoge y ayuda a los demás de un modo gratuito, sin necesidad de imponerse con violencia sobre ellos, para dominarles. Sólo Dios es pleno Hannun, gratuidad suprema que nace de la misericordia, aunque los hombres pueden responder y actuar también gratuitamente si acogen y siguen la palaba de Dios. Dios Hannun quiere, ama y goza perdonando.
  2. Dios es Hesed, fiel… amor y fidelidad de pacto, una palabra que incluye también cercanía y ayuda entrañable y gratuita, pero con un matiz importante de lealtad o fidelidad a la alianza, es decir, de fidelidad a la palabra dada, como aparece con toda claridad en esta escena. Dios Yahvé (¡soy el que soy!) había estipulado con los hebreos un pacto en el Sinaí, y ellos, su pueblo, se habían comprometido a cumplirlo (Ex 19-31), pero después lo rompieron, adorando al Becerro (Ex 32). Según ley, Dios debía responder rechazando su pacto y negando al pueblo; pero Dios no ha respondido de esa forma, sino que ha sido fiel a su alianza, mostrando así su verbo como hesed.
  3. Dios es ‘Emet, verdadero… La palabra emet, emunah, implica es firmeza lo que siempre permanece…. El último rasgo de este Dios es su verdad, que no es simple veracidad, ni descubrimiento de algún misterio antes oculto, sino firmeza, esto es, cumplimiento de la palabra dada. La verdad es pues confianza plena, no andar vacilando de un lado para otro, como ramas movidas por el viento, o piedras arrojadas al camino, sino mantener la fidelidad (ser fiables), respondiendo así a la llamada de Dios, que es en hebreo ‘emunah, fidelidad eterna. En esa línea, como iremos mostrando en el despliegue de este libro sobre el Verbo de Dios, su fidelidad por la encarnación culmina en forma de resurrección.

       Estas palabras (rehem, hannum, hesed, ‘emunah) constituyen el centro de la oración bíblica, como expresión del amor de Dios, por encima del talión (¡ojo por ojo, diente por diente!). Dios ofrece misericordia hasta mil generaciones, desde siempre y para siempre, de manera que la historia de la salvación no se halla pendiente del hilo delgado de las obras humanas, sino que ella se funda en la misericordia por la que Dios viene a presentarse como principio de futuro fiable para mil generaciones (cf. Sal 51; 57; 67; 101; 118; 136). Éste es el sentido más profundo de Dios como Yahvé, presencia activa de perdón, conversión y salvación de Dios para Israel, del Dios que vive, camina y perdona, haciendo existir a su pueblo. Dios es palabra cuádruple de pacto creador (… Rehem, hen, hesesd, emunah…), firmeza de la vida humana

NOTAS

[1] He desarrollado este motivo en Dios es verbo, no sustantivo, Madrid 2024.

[2] Cf. D. McCarthy, Treaty and Covenant, AnBib 21, Roma 1963.

[3] Cf. X. Pikaza, J. A. Pagola, Entrañable Dios, Verbo Divino, Estella 2016.

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