25 de marzo, Jornada por la Vida Abrazar la vida

"Os animo a buscar formas concretas de defender la vida en vuestro día a día: extendiendo una mano a los necesitados, cuidando de nuestra casa común, promoviendo la paz y la justicia, apoyando las iniciativas a favor de la vida… Juntos podemos construir una civilización de la vida y del amor"
La vida es un bien intangible pero muy valioso que sabemos constatar, reconocer y agradecer. Decimos “esto no es vida” cuando hay circunstancias que nos impiden vivir con la dignidad que merecemos. Afirmamos que “esta persona tiene mucha vida” cuando nos encontramos con alguien que tiene mucha energía y suscita esperanza y ganas de vivir con sus palabras y con sus gestos. Diferenciamos un “pueblo en el que hay mucha vida” de otro que no la tiene, porque ofrece servicios, aglutina a sus habitantes, existe un buen clima comunitario y su ambiente es humanizador y lleno de calor. Exclamamos que “este trabajo me da la vida” cuando en él encontramos ilusión y no solo un sueldo para vivir, sino sentido a la existencia, compañeros que me ayudan, motivos para seguir viviendo. Agradecemos que en “esta parroquia hay vida” cuando nos sentimos acogidos, sus celebraciones nos ayudan, hay sentido comunitario y misionero…
En definitiva, percibimos que la vida es una realidad biológica (imprescindible), pero no únicamente. Es mucho más: es el resultado de la interacción de una cultura, de un sistema económico y político, de un ambiente… y, para los cristianos, es también un don y una tarea, un regalo de Dios y de nuestros hermanos los hombres y un compromiso por cuidarla, multiplicarla, engendrarla.
Celebramos hoy el 25 de marzo. Dentro de nueve meses es Navidad. La Iglesia celebra hoy, pues, la Encarnación de Jesús, aquel que es la vida y que se hace vida, aquel que resucitado sigue dando vida a nuestro alrededor, en la existencia de tantas personas que se lo encuentran y les cambia el corazón, llenándolas de esperanza y de motivos para seguir caminando.
Un documento para releer
Precisamente, tal día como hoy hace 30 años, el papa San Juan Pablo II publicaba una encíclica que llevaba por título “El Evangelio de la vida”. Se trata de un documento para releer porque, lejos de estar trasnochado y descontextualizado, se convierte en una potente luz para nuestro mundo si quiere surcar los caminos de la defensa de la vida cuyo valor intrínseco parece olvidarse.

En efecto, hoy sigue ensanchándose esa “cultura de la muerte” que él denunció. Además del aborto, la eutanasia y la manipulación genética con el trashumanismo, la carrera armamentística que se abre nos lleva a más violencia y guerra, a la destrucción. Nunca la paz se preparó con las armas. La guerra no es sino la cumbre de esa espiral de violencia que hoy nos envuelve y de la que es preciso salir si queremos vivir con más esperanza: violencia contra las mujeres, trata de personas, muertes por hambre, cementerios en el Mediterráneo y el Atlántico, xenofobia y aporofobia, cultura del descarte frente a ancianos y personas migrantes y refugiadas, descuido de la casa común en la que vivimos… ¡Tantos rostros presentes y situaciones en un mundo que no respeta la dignidad sagrada de cada vida y las condiciones para una vida digna!
¿Qué hago yo por la vida? ¿Me implico por defender y luchar en defensa de la vida? ¿Me comprometo porque haya más vida personal, social, eclesial, medioambiental a mi alrededor?
Juan Pablo II nos invitó a abrazar la vida como se abraza a un niño pequeño: como algo frágil, tierno, que se puede romper y perder. La vida es quebradiza, por eso tiene que ser arropada, acompañada y fortalecida. Cada gesto, palabra, compromiso, actitud… suma y cuenta. Estamos llamados a promover una cultura de la vida que engendre, apoye, resucite, anime… ¿Qué hago yo por la vida? ¿Me implico por defender y luchar en defensa de la vida? ¿Me comprometo porque haya más vida personal, social, eclesial, medioambiental a mi alrededor? ¿Cómo la abrazo y cómo la engendro?
Desde nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol queremos ser una comunidad viva que se comprometa por la vida desde la esperanza. Por eso os convoco a participar en los actos programados con esta jornada: la celebración de la eucaristía y el círculo de silencio que se convierta en un gesto silencioso pero visible de caminar junto a otros por un mundo mejor. Y más allá de estos actos, os animo a buscar formas concretas de defender la vida en vuestro día a día: extendiendo una mano a los necesitados, cuidando de nuestra casa común, promoviendo la paz y la justicia, apoyando las iniciativas a favor de la vida… Juntos podemos construir una civilización de la vida y del amor.

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