"El humanismo occidental es humanismo cristiano" La editorial Última línea publica 'El Humanismo cristiano en el contexto de la Antropología Social' de Ángel Gutiérrez Sanz

El otro propósito de este libro —quizá el principal— es el reconocimiento del valor de la cristiandad en Europa
El autor de este libro pone de manifiesto cómo la separación entre religión y ciencia o religión y razón no ha sido tan enorme a lo largo de la historia. Pero el mensaje que le llega al vulgo es que la religión es reaccionaria y hasta supersticiosa
Quiero destacar lo claro que el autor expone las diferentes teorías filosóficas, tan bien, que en todas ellas acabas viendo su parte de razón y cómo complementan a las otras
Quiero destacar lo claro que el autor expone las diferentes teorías filosóficas, tan bien, que en todas ellas acabas viendo su parte de razón y cómo complementan a las otras
| Gonzalo Sichar
La Esencia de todo humanismo radica en saber detectar donde se encuentra la dignidad del ser humano que Gabriel Marcel definía como “Espíritu encarnado”. La corporeidad y la espiritualidad son dos dimensiones complejas íntimamente unidas que convierten al hombre en un ser enigmático. Si ya es difícil saber lo que es el hombre respecto a su naturaleza humana, lo es mucho más ver reflejado en su barro la imagen de la divinidad, privilegio singular que le permite ser el artífice de sí mismo “En la Oración sobre la dignidad del hombre”, de Giovanni Pico della Mirándola, considerada como el manifiesto del Renacimiento, se nos dice textualmente: “No te he hecho ni celeste ni eterno, mortal ni inmortal para que, por ti mismo como libre y soberano artífice, te formes y te esculpas la forma que te hayas elegido. Tú podrás degradarte en formas inferiores y tú podrás, según tu deseo, regenerarte en las cosas superiores que son divinas”.
A quien cree que el misterio del hombre está incardinado al misterio del Dios, le resulta relativamente fácil aceptar que cuanto más humano, se es más divino y cuanto más divino, se es más humano. Una y otra dimensión se corresponden mutuamente, ambas son constitutivos esenciales del humanismo cristiano que se ve amenazado en los tiempos actuales tanto por una antropología tecnicista y deshumanizada como por una desteologización que viene precedida por la muerte de Dios.
La visión que en este libro se nos muestra del humanismo cristiano es lo suficientemente amplia como para que en ella quepan todos los valores que puedan enaltecer al hombre, vengan de donde vengan y también lo suficientemente aperturista y acogedora como para no dejar excluido a nadie del amor y el perdón de Dios que se nos muestra como Padre común que nos regaló la filiación divina, don que hay que repartir a partes iguales. ¿Puede haber algún título más enaltecedor que éste? Si fuéramos consciente de ello, debiéramos postrarnos de rodillas ante el ser humano más insignificante y débil de toda la tierra.

Desde la intencionalidad del autor se ha procurado aprovechar todo lo aprovechable de los humanismos que se han ido sucediendo a lo largo de la historia. En general podía decirse que sus errores no han estado tanto en lo que afirmaban del hombre cuanto en lo que le negaban. No se si esto que digo puede ser percibido por el lector que tome en sus manos este libro. Si así no fuera lo lamentaría, porque lo importante a la hora de valorar un libro no es la intencionalidad del autor, sino el mensaje que les llega a quienes le leen.
Es por esto que os traigo el testimonio de un crítico experimentado y cualificado profesor de antropología que nos ofrece sus impresiones. Aquí lo teneis.
EL HUMANISMO OCCIDENTAL ES HUMANISMO CRISTIANO
El libro que tiene en sus manos cumple al menos un doble propósito. Por una parte es un repaso completo sobre la Filosofía occidental. Desde los sofistas, pasando por los tres grandes filósofos griegos —Sócrates, Platón y Aristóteles—, los pensadores de Roma y atravesando la ‘oscura’ Edad Media y el Renacimiento, hasta llegar a los pensadores de los siglos XIX y XX. Y entrecomillo esa oscuridad del Medievo porque cada vez son más los autores que piensan que había muchos grises y claroscuros en esa época, si bien más oscuros que claros. Y Ángel Gutiérrez se hace eco de ello.
Y el otro propósito de este libro —quizá el principal— es el reconocimiento del valor de la cristiandad en Europa. Se sea cristiano, se profese otra religión, se esté en un profundo ateísmo o se navegue en zonas más o menos intermedias como el agnosticismo o el deísmo, es de justicia reconocer los valores del cristianismo en el desarrollo de los pilares éticos de Europa. Esto tan evidente, por el dominio de la ‘progresía’ en el ámbito de la Antropología, se olvida con frecuencia. Y la derecha, acomplejada y vencida totalmente en el discurso por esa supuesta superioridad moral de la izquierda, no lo ha sabido defender plasmando en la Constitución europea la contribución del cristianismo en la historia de nuestro continente, y de todo Occidente por extensión (América y Australia).
El autor, que divide muy bien el libro con dos capítulos bien diferenciados, uno dedicado al humanismo no cristiano y el otro al cristiano, deja reflexiones muy claras, por incómodas que sean en medio del discurso dominante
Ángel Gutiérrez tiene una gran habilidad al sonsacar cristianismo incluso en doctrinas declaradas enemigas de esta religión. ¿Acaso el preocuparse por los pobres, como hace el marxismo —pese a su pésima puesta en práctica—, no tiene influencias en las enseñanzas de Jesús de Nazaret? El autor, que divide muy bien el libro con dos capítulos bien diferenciados, uno dedicado al humanismo no cristiano y el otro al cristiano, deja reflexiones muy claras, por incómodas que sean en medio del discurso dominante. Y es que si nos dejamos de prejuicios, ¿no sería mejor un mundo con un Dios que nos ama a tener un mundo surgido por cuestiones de azar y donde al final de la vida se acabe todo? ¿No es mejor, aunque no existiese Dios, actuar como si un dios te estuviera viendo?
Si alguien educado en creencias religiosas pasa al ateísmo tras una reflexión muy racionalista, va a notar —al menos durante un tiempo— un vacío enorme. Y así se dice en este libro. Pero si alguien educado en un ambiente ateo, tiene ‘una caída del caballo’ y pasa a creer, se encontrará con una alegría inmensa. Según el estudio Libéranos del Mal: la religión como el Seguro realizado por el profesor Andrés Clark y la doctora Orsolya Lelkes, la gente que cree en Dios es más feliz que los agnósticos o los ateos. Los investigadores determinaron que el fervor religioso es positivo para enfrentar las desdichas que puede depararnos la vida. Además esta capacidad para ser feliz aumenta en el momento en que los religiosos van a la iglesia y rezan. En ese momento, algún mecanismo psicológico fortalece a los creyentes y los prepara para enfrentar los momentos duros que le puedan tocar vivir. Fíjense que estoy hablando de ciencia, de mecanismos psicológicos.
En otro estudio del gobierno británico, realizado a 300.000 personas entre 2012 y 2015, se llegó a la conclusión de que aquellos que no tienen fe tienen menor autoestima, satisfacción o felicidad respecto a los religiosos
En otro estudio del gobierno británico, realizado a 300.000 personas entre 2012 y 2015, se llegó a la conclusión de que aquellos que no tienen fe tienen menor autoestima, satisfacción o felicidad respecto a los religiosos. Durante mi juventud estuve realizando trabajo de campo en Guatemala y entré en contacto con movimientos de resistencia. Todos ellos muy vinculados a la izquierda revolucionaria. Pero me llamaba la atención el halo especial que percibía en los movimientos cristianos populares, y del que carecían los puramente marxistas.
Ángel Gutiérrez hace un repaso a la Iglesia, preconciliar y postconciliar. Lo más frecuente —y más si se habla desde fuera de la Iglesia— es simpatizar con lo más aperturista y rechazar lo más conservador, en este mundo bicolor que nos quiere dibujar la ‘progresía’. Si antes era criticable la teología de la cristiandad que decía que fuera de la Iglesia ‘no hay salvación’, ahora estos ‘progres’ —muchas veces nada progresistas como cuando se unen a los nacionalistas o cuando defienden a las dictaduras de corte comunista— dicen que «fuera de su ‘progresía’ no hay salvación».

También quiero destacar lo claro que el autor expone las diferentes teorías filosóficas, tan bien, que en todas ellas acabas viendo su parte de razón y cómo complementan a las otras. Desde las ateas de Marx o Nietzsche hasta las muy diferentes posturas cristianas, y hasta las de mis admirados Unamuno y Ortega y Gasset. Y especial atención merece el tratamiento a Jacques Maritain. Ángel expone sus buenas reflexiones, a la vez que su desacuerdo en el apoyo que dio a la República — buscando ayuda extranjera y contribuyendo a que el ‘democristiano’ PNV se aliase con la República— cuando el régimen dominado por los comunistas cometió actos de genocidio contra los católicos.
Decir esto, con la censura que quiere imponer al gobierno español sobre la interpretación de la República y el franquismo, me parece muy valiente. No comparto, como decía la Carta colectiva de la Conferencia Episcopal Española, que el bando ‘nacional’ hubiese llevado a cabo una cruzada —desde luego no se comportaron como cristianos en la guerra con matanzas y abusos, y en la posguerra con venganzas, además de que el factor religioso no era el único ni seguramente el principal de este bando—, pero que se practicó un genocidio por motivos religiosos es lo único que explicaría el ensañamiento en el asesinato y violaciones de miles de monjas, sacerdotes y civiles católicos.
Y esto Ángel Gutiérrez lo señala sin titubeos. Por ir terminando, el autor de este libro pone de manifiesto cómo la separación entre religión y ciencia o religión y razón no ha sido tan enorme a lo largo de la historia. Pero el mensaje que le llega al vulgo es que la religión es reaccionaria y hasta supersticiosa. Los antropólogos evolucionistas llegan a sostener que con el avance de la ciencia, cada vez se arrincona más a la religión. Y llegará un momento en que la ciencia lo explique todo y entonces no habrá espacio para la religión y todas las religiones acabarán por desaparecer.
Me considero muy racional, aunque después de leer este libro tendré que dar alguna vuelta a alguno de mis pensamientos (un gran logro de un libro es que te provoque cuestionamientos). Entre otras cosas, estoy muy interesado en fenómenos como las experiencias cercanas a la muerte. Creo que la ciencia está muy cerca de demostrar que hay vida después de la vida. Pero esto no aparca a la religión, sino que la lleva a aquello que sostenían filósofos cristianos como San Agustín o Santo Tomás de Aquino (muy citados en este libro, sobre todo el último), que la religión no se contradice con la ciencia, solo que se adelanta a lo que aún no está demostrado. Yo les digo a mis alumnos de Filosofía que es como si tuviéramos una caja cerrada. La religión te dirá que dentro hay un diamante. Tú no lo sabes ni lo puedes ver ahora, pero el día que la ciencia descubra cómo abrir esa caja, conseguirá abrirla... y se sacará un diamante.
Gonzalo Sichar. Profesor de Antropología Social UNED. Director de Asuntos Públicos y Transparencia Innovaética
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