Queremos, Jesús de Nazaret, “despertarnos para amar como tú, imprimir en el corazón este amor, para que todo nos sea fácil y obremos muy en breve y muy sin trabajo” (Santa Teresa de Jesús) La “justicia de Dios” es el amor del Padre del hijo pródigo (Domingo 5º Cuaresma C 06-04-2025)

Jesús resucitado sigue hoy amando y acompañando nuestra historia

Comentario:la justicia viene de Dios y se apoya en la fe(Flp 3,8-14)

Estamos en la sección que defiende la “justicia manifestada en Cristo, frente a la “justicia” de la Ley (3,1b - 4,1.8-9). Es una unidad coherente y completa. Muchos la consideran otra carta paulina, que un desconocido editor unió a principios del s. II con otras, formando la carta hoy conocida. En Filipos, los judíos quieren imponer sus prácticas a los convertidos a Cristo. Pablo recuerda su pasado judío y su cambio tras “conocer” a Jesús resucitado. Lo que antes le entusiasmaba –circuncisión, linaje, rigor fariseo, fervor proselitista hasta perseguir a la Iglesia...- ahora lo considera “pérdida”, perjuicio, daño.

Los versículos 7 (no leído hoy) y 8 expresan el cambio de mente de Pablo tras “conocer” a Cristo: “todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo” (Flp 3,7-8). Es una vivencia predicha por Jesús: “El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra” (Mt 13,44-46).

Todo lo considero pérdida (ζημίαν: zemía: daño, perjuicio, pérdida, azote, peste)comparado con la excelencia (dià tò hyperéjon: por lo que sobresale) del conocimiento (gnosis: experimentar vitalmente en el encuentro personal, aunque sea por la fe) de Cristo Jesús, mi Señor(v. 8a). Conocer vinculado al amor: “todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1Jn 4,7-8). “Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe” (v. 8b-9).

Ganar a Cristo y ser halladoen él” es la conversión cristiana. Jesús, al creer en él, nos regala el amor del Padre, su fuerza y su compromiso de vida. “La justicia que viene de Dios y se apoya en la fe” es su Amor “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,45). Lo leíamos el domingo pasado en otro texto de Pablo: “Dios mismo estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados(2Cor 5,19). Amor retratado en la parábola del Padre del hijo pródigo que “no pide cuentas de los pecados”. Cuando vuelve a casa, le abraza y besa, pone la mesa, se alegra y hace fiesta (Lc (15,11-32).

Jesús resucitado sigue hoy amando y acompañando nuestra historia. Su Humanidad es la mejor concreción de la fe cristiana: en su amor, narrado por los evangelios, nos creemos afectados. Así Santa Teresa de Jesús cuenta que ella estuvo un tiempo engañada orando a Dios sin referencia a la Humanidad de Cristo, que “ha de ser el medio para la más subida contemplación. Que siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tie­ne: que amor saca amor. Y aunque sea muy a los principios y nosotros muy ruines, procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar, porque si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón este amor, sernos ha to­do fácil y obraremos muy en breve y muy sin tra­bajo” (Libro de la Vida, cap. 22, 14).

Creemos en su justicia=amor:todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos. No es que ya lo haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Solo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús” (vv.10-14). “Conocer a Cristo” es experimentar, sentir vitalmente su amor. Conocimiento que nos da a entender la necesidad de participar de sus padecimientos para llegar a la resurrección, a la perfección, a la realización personal plena. Amar es inseparable del dolor que trae consigo el amor.

ORACIÓN:la justicia viene de Dios y se apoya en la fe(Flp 3,8-14)

Tu evangelio, Jesús, narra hoy la “justicia de Dios:

escribas y fariseos traen una mujer sorprendida en adulterio;

ellos identifican su ley con la voluntad de Dios:

Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo,

serán castigados con la muerte: el adúltero y la adúltera” (Lv 20,10; Dt 22,22).

No habían reconocido el tiempo de la visita de Dios” (Lc 19,44):

por eso lloraste sobre Jerusalén diciendo:

¡Si reconocieras tú también en este día

lo que conduce a la paz!

Pero ahora está escondido a tus ojos” (Lc 19,42).

Pablo ha reconocido “la visita de Dios”:

Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo

y nos encargó el ministerio de la reconciliación.

Porque Dios mismo estaba en Cristo

reconciliando al mundo consigo,

sin pedirles cuenta de sus pecados,

y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación” (2Cor 5,18-19).

Tú, humanización de Dios,no actúas como juez:

no investigas los hechos, como los fariseos y letrados;

no reclamas al cómplice, ni al marido tal vez culpable;

no aludes a atenuantes o agravantes psicológicos y sociales;

ni siquiera intentas descubrir si es verdad o no.  

Tú, Jesús, te reve­las como Mesías de la gratuidad:

a la mujer le brindas vida nueva:

Tampoco yo te condeno.

Anda, y en adelante no peques más”;

a los acusadores les pones ante su pecado:

El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”;

les abres así su camino de reconciliación.

Conocer este amor tuyo es “conocerte a ti”:

experimentar en carne propia tu amor tan singular;

ser hallado en ti”: entender y vivir la vida como tú;

vivir en la fe del Hijo de Dios,

que me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20);

todo lo considero pérdida comparado con la excelencia

del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.

Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura

con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él,

no con una justicia mía, la de la ley,

sino con la que viene de la fe de Cristo,

la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe” (vv. 8-9).

Gracias, Jesús de Nazaret, por tu regalo:

La justicia que viene de Dios y se apoya en la fe”;

justicia de Dios”, el Amor del Padre

que hace salir su sol sobre malos y buenos,

y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,45).

Dios mismo estaba en ti, Cristo,

reconciliando el mundo consigo,

sin pedirles cuenta de sus pecados(2Cor 5,19).

Amor retratado en tu parábola del Padre del hijo pródigo

que “no pide cuentas de los pecados”;

cuando vuelve a casa, le abraza y besa,

pone la mesa, se alegra y hace fiesta (Lc (15,11-32).

Queremos, Jesús, “camino, verdad y vida” (Jn 14,6):

“acordarnos siempre de tu amor

que nos hizo tantas mercedes...;

“procurar ir mirando esto siempre;

despertarnos para amar como tú;

imprimir en el corazón este amor,

para que todo nos sea fácil

y obremos muy en breve y muy sin tra­bajo”

(Santa Teresa de Jesús).

rufo.go@hotmail.com

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