Las razones de la lucha del obispo en conflictos como la Franja o Torreciudad "Por la dignidad de nuestro pueblo": Pérez Pueyo, el nuevo 'San Ramón' de Barbastro-Monzón

Siempre va de frente. Así lo ha demostrado en el conflicto de los bienes de la Franja, que esta misma semana ha vuelto a ser noticia con un nuevo fallo, en esta ocasión de la Audiencia Provincial de Huesca, ratificando que la propiedad de los bienes de la Franja son de Barbastro
Y así lo demuestra, desde hace meses, en el absurdo conflicto de legitimidades a cuenta de Torreciudad, y que lo que realmente esconde es una lucha de poder, y de dinero, muy alejado de las pretensiones de este prelado recio, aragonés de Egea, cabezón para los que no tengan la suerte de convivir con este pobre juntaletras
Mientras el Papa no diga otra cosa (y mientras Francisco sea Papa será muy difícl que diga otra cosa), Pérez Pueyo no se moverá de Barbastro. Porque está luchando por una diócesis pequeña, rural, vaciada, pero con un impulso que bien harían muchas otras en copiar
Mientras el Papa no diga otra cosa (y mientras Francisco sea Papa será muy difícl que diga otra cosa), Pérez Pueyo no se moverá de Barbastro. Porque está luchando por una diócesis pequeña, rural, vaciada, pero con un impulso que bien harían muchas otras en copiar
Comienzo aclarándolo, porque hubo muchos testigos presentes, entre ellos, una decena de obispos: el jueves estuve comiendo con el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo. Es una costumbre que tenemos, siempre que viene a Madrid y las circunstancias nos lo permiten. En esta ocasión, en el Pepito's, una tasca muy recomendable, pegada a la calle Añastro. No éramos los únicos que conocíamos el lugar: al poco de comenzar la comida, aparecieron por allí, entre otros, Florencio Roselló y su antecesor, Francisco Pérez; el arzobispo Iceta y buena parte de su provincia eclesiástica; o varios obispos catalanes.
Lo digo, también, porque viene de perlas para el objeto de este artículo: y es que Pérez Pueyo no es una persona que se esconda. Al contrario, siempre va de frente. Así lo ha demostrado en el conflicto de los bienes de la Franja, que esta misma semana ha vuelto a ser noticia con un nuevo fallo, en esta ocasión de la Audiencia Provincial de Huesca, ratificando que la propiedad de los bienes de la Franja son de Barbastro. Y así lo demuestra, desde hace meses, en el absurdo conflicto de legitimidades a cuenta de Torreciudad, y que lo que realmente esconde es una lucha de poder, y de dinero, muy alejado de las pretensiones de este prelado recio, aragonés de Ejea, cabezón para aquellos que no tengan la suerte de convivir con un oriundo de esa bella tierra (como es el caso de este pobre juntaletras).
A Pérez Pueyo llevan tiempo buscándole las cosquillas, y las salidas. Lo hizo, de manera indecente, el nuncio saliente, Bernardito Auza, cuando pretendía un cambio de cromos: una decisión papal (el nombramiento de un comisario pontificio para Torreciudad), por cierto, ya tomada, por su renuncia a la sede para la que acaba de cumplir diez años. Y no: esto no me lo ha contado el obispo. Porque otra de las cosas que tiene claras Pérez Pueyo es donde reside su misión, que no está en llevarse bien o mal con un periodista, o en armar tramas (para eso tiene suficientes enemigos, con mucho más poder, y muchos más expertos en intrigas que él), sino en defender a su diócesis.

"Soy hombre de una sola esposa", suele decir siempre que se le pregunta. A un periodista, al Nuncio o al mismo Papa, que conoce a Pérez Pueyo desde antes incluso de ser arzobispo de Buenos Aires. Y es que el obispo de Barbastro-Monzón tiene a sus espaldas un amplio bagaje de experiencias de gestión por todo el mundo. Como Pedro Aguado, su nuevo 'vecino' en la diócesis (olvídense, por el momento, del plan de unificar a todas la sedes oscenses), ha gobernado instituciones con presencia en todo el mundo, y sabe bien dónde están las prioridades.
Francisco quiere, y aprecia, a Pérez Pueyo. Por eso, cuando decidió tomar las riendas del conflicto de la Franja, le apoyó, pese a que llegase el momento en que hubiera que lanzarse a una demanda judicial -civil- entre diócesis. Porque lo que es justo, es justo, piensa este aragonés cabezón y afable. Para la Franja y, también, para Torreciudad. En el caso de los bienes, con una decisión valiente y audaz, que pocos vieron inteligente en su día y que el tiempo, y la Justicia, ha acabado por darle la razón. ¿Lo hará también en el conflicto con el Opus Dei?

Sea como fuere, Ángel Pérez Pueyo no se va arredrar. Tampoco se a a esconder. No tiene (no tenemos) necesidad de hacerlo. Otros no pueden decirlo, y mucho menos presentarse en público, sin miedos, con la cabeza alta y sabiendo que la victoria no es tuya (aunque muchos pensemos que sí), sino de la 'esposa' a la que sirves. Como hizo el segundo obispo de la sede, e inspiración para todos, San Ramón, que no dudó en enfrentarse al rey Alfonso y al obispo de Huesca por defender a la diócesis.
"Por la dignidad de nuestro pueblo", repite una y otra vez cuando se le pregunta por las razones para no plegarse, para no dejar estar, para no dejar pasar, como hicieron muchos de sus antecesores. A su edad, tendría tiempo para un retiro dorado (algunos siguen buscándoselo todavía hoy), o un 'castigo' a su supuesta arrogancia. Como hicieron, hace ahora 900 años (el aniversario de su muerte se cumple el año próximo), con el propio San Ramón, desterrado por defender los derechos de su pueblo.
Y no. Al menos mientras el Papa no diga otra cosa (y mientras Francisco sea Papa será muy dificilque diga otra cosa), Pérez Pueyo no se moverá de Barbastro. Porque está luchando por una diócesis pequeña, rural, vaciada, pero con un impulso que bien harían muchas otras en copiar. Sus 'unidades pastorales' son una realidad fecunda, plenamente sinodal, en la que la corresponsabilidad es una realidad. Y que otras diócesis, y no sólo en España, están queriendo copiar. Un 'laboratorio' de la Iglesia del futuro, la de los talentos, la de Mateo 25. La del Evangelio de Jesús.
La 'otra', la del poder, la de las componendas en la oscuridad, la de las amenazas (algo sabemos de eso en esa Casa), forman parte de algo muy distinto. Y, por supuesto, no son la Iglesia de Jesús. Aunque él también tuvo que lidiar con traidores. Pérez Pueyo no las necesita. Como tampoco esconderse para almorzar con un amigo, regalarle un icono para su hijo y compartir momentos de vida. Qué bueno, y qué pena, tener que concluir diciendo que 'No parece un obispo'. Ojalá más como Pérez Pueyo.
PD: Por cierto, pese a su 'destierro', Alfonso el Batallador acabó arrepintiéndose de su expulsión, que cada año se sigue conmemorando con el encendido de hogueras en la ciudad de Barbastro. La dignidad de un pueblo. Milenario. Que no se deja arrastrar.
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