"Baertl agoniza y con él su trama de abusos sexuales, psicológicos y económicos" La caída del P. Baertl, el ‘padrone’ del Sodalicio

Punto final al Sodalicio. Este ‘ocaso de los dioses’ limeño no tiene nada de épico. Todo en él es sórdido. Arde el Valhaha y con él los dioses y héroes, aquellos que han corrompido el mundo con su avidez de poder y riquezas. En el último acto wagneriano aparece Wotan en su trono, sonriendo eternamente, mientras su mundo desaparece consumido por las llamas. Es el padre Jaime Baertl
Eran los ‘tiempos gloriosos’ del Sodalicio: abusos sexuales, de poder y de conciencia de Figari y su guardia de corps como Germán Doig, Virgilio Levaggi, Jaime Baertl, Juan Carlos Len y José Antonio Eguren. San Bartolo se convertiría en un epicentro del mapamundi del mal
| Renzo Orbegozo Benvenuto, víctima del Sodalicio
Punto final al Sodalicio. Este ‘ocaso de los dioses’ limeño no tiene nada de épico. Todo en él es sórdido. Arde el Valhaha y con él los dioses y héroes, aquellos que han corrompido el mundo con su avidez de poder y riquezas. En el último acto wagneriano aparece Wotan en su trono, sonriendo eternamente, mientras su mundo desaparece consumido por las llamas. Es el padre Jaime Baertl.
Baertl, el ‘padrone’, ha sido el gran arquitecto que ha sostenido por más de treinta años la estructura económica de la secta católica del Sodalicio.
De su primera juventud como laico de esta asociación católica no existen muchas noticias, si se exceptúa el episodio que Martín Scheuch ha denunciado una y otra vez en su blog ‘Las líneas torcidas’: cómo el joven Baertl obligó a este adolescente a fornicar con una silla. Eran los ‘tiempos gloriosos’ del Sodalicio: abusos sexuales, de poder y de conciencia de Figari y su guardia de corps como Germán Doig, Virgilio Levaggi, Jaime Baertl, Juan Carlos Len y José Antonio Eguren. San Bartolo se convertiría en un epicentro del mapamundi del mal.
Hijo de unos empresarios mineros que odiaban a Figari, primo hermano de mamá, el adolescente Baertl, rebelde como cualquier otro muchacho de su edad, se enrola en aquel grupo filo fascista-esotérico-católico. Siempre narcicista y megalómano, quiere demostrar a su familia que también él vale para los negocios, por muy prohibidos que estos estén por el derecho canónico para un cura. Empezaba así su carrera delictiva.

Un sacerdote más de una diócesis, como todo clérigo, más tarde se permitió que se incardinase en aquella sociedad de vida apostólica laical de jóvenes prometedores de derecha, otro abuso más de la Curia romana del cardenal Ángelo Sodano. Con esta fórmula tan sorprendente, sin tener nunca un superior real que le atase corto, Baertl gozaría de total impunidad en los manejos turbios económicos a los que iba encontrando cada vez más gusto.
Figari y sus sucesores laicos, en lugar de controlar al pata, pasaron a ser mantenidos económicamente por él. Son proverbiales los gastos suntuosos que Baertl permitía al Fundador,
Figari y sus sucesores laicos, en lugar de controlar al pata, pasaron a ser mantenidos económicamente por él. Son proverbiales los gastos suntuosos que Baertl permitía al Fundador, solo para gozar de la autonomía necesaria para sus manejos económicos: vacaciones europeas all inclusive con su querido Ignacio Blanco, una corte de esclavos que le proporcionaban 24/7 todos sus caprichos, un carro de más de 60.000 dólares comprado con fondos de Adveniat, una casa con búnker a prueba de bombas, un váter que podría haber proporcionado servicios al elefante más corpulento del zoo, delikatessen de todas partes del mundo, entradas escenográficas en el aeropuerto de Lima como si se tratase del Presidente de la República o de Paris Hilton y un largo etcétera de privilegios.
Mientras, el obispo de la diócesis donde Baertl ejercía su actividad comercial, Cipriani, el primer cardenal del Opus Dei, nunca velaría por mantener la disciplina eclesial. Al contrario, este político fujimorista protegido hoy por López Aliaga, alentó aún más los abusos económicos de Baertl en la corrupta Lima.

Baertl se rodearía poco a poco de una corte de arribistas que, sin escrúpulos, también ellos se beneficiarían de su actividad mendicante entre las familias ricas de Lima, Arequipa y la ñoña Piura.
Entre ellos, los hermanos Len. En la Lima criolla asustada por el probable asalto al poder de Abimael Guzmán, Baertl era el primer mendigo del Perú: en las ‘noches millonarias’, el Baertl carismático acompañado del guapo Gonzalo Len citaban en una casa a las señoronas de dinero antiguo, tan respetables ellas, para ofrecerles negocios ‘bendecidos’. Tú, cucuchi, me das un millón y yo te doy un certificado de donación por cinco. Monona, me prestas en negro con unos intereses que nadie más te ofrecerá en el mercado. Maripí, hazte socia en negro y te prometo intereses de ensueño.
Arequipa fue la copia provinciana de este Robin Hood monse: Baertl y Javier Len, cuál Robin y Marian, lograron embaucar a la solterona Laura Flores, enamorada del reverendo Javier cual pájaro espino. Los dos sacerdotes se embolsaron la mitad de propiedades del casco histórico de la ciudad al pie del Misti.

Sin embargo, el despegue como gran mago de las finanzas solo llegaría a partir de 1999 de la mano de Gonzalo Flores Santana, el abogado omnipresente en la Conferencia Episcopal Peruana quien, junto a los futuros Cardenales Sistach y Ghirlanda, lograron colocar los negocios del Boss bajo el paraguas del Concordato de 1980.
Aquello era el sueño húmedo convertido en realidad de todo empresario peruano: no pagar impuestos. Con los tres juristas expertos en manipulaciones forzadas del derecho canónico, lo que eran cementerios privados pasaron a ser ‘misiones’ y, por tanto, negocios exentos de tributar ante el fisco peruano.
En los primeros años de este siglo, la amistad con los Nuncios Passigato y Musaró ayudó a Baertl a dar otro paso más en su osada carrera meteórica: convertir sus ‘misiones’ en ‘islas tributarias’. En ellas, la élite corrupta limeña podría blanquear tranquilamente la plata sin temer ninguna inspección inoportuna del Estado.
Tanta felicidad no podía durar toda la vida. El episodio en el 2007 de Daniel Murguía, pederasta sodálite y víctima sexual de Figari, pillado in flagrante en un hotelucho de la plaza San Martín de Lima con un menor de 11 años al que pedía sexo a cambio de figuritas de pokémon, marcó el inicio del declive de Baertl.
El río de denuncias por abusos en el Sodalicio empezó a ser más caudaloso que el Rimac. Mientras Germán Doig, fallecido en 2001, tuvo que ser apartado de la pista de despegue hacia la santidad en el 2008, con bochorno generalizado para los adeptos del círculo sodálite más íntimo. No eran buenos tiempos para estampitas y hagiografías de pederastas.

En el mismo 2008, Gonzalo Flores, ‘avvicinato’ del Padrone, contactó al ex sodalite Mario Solari para procurar un tratamiento especial para Murguía en el penal donde estaba internado. Posteriormente, el caso lo cerraría en falso el juez del Supremo Javier Villa Stein, casualmente hermano de la mamá de Eduardo Regal: el Boss se preocupó siempre por enriquecer a los ‘caporegime’, pero sin descuidar nunca del todo a los peones de la Cosa Nostra.
Por aquellos años, el epítome de la corrupción peruana, Alan García, se convirtió en paño de lágrimas, valedor y amigo personal del Padrone: en 2011, Baertl bautizó con gran boato en el palacio presidencial a Federico Danton, el hijo extramatrimonial del Presidente y Roxanne Cheesman, alias Cuqui, la accionista del panfleto Del Pais, dirigido por el sicario Jimmy Torres Carrasco. Este bautismo, organizado para salvar la reputación de los chilenos Cueto, dueños de LATAM, sería para Baertl su presentación en sociedad como el sacerdote más cercano a la élite corrupta del Perú. Su gran pecado entonces pasó a ser robar protagonismo del otro Boss peruano, Cipriani.
El Sodalicio, de ser punta de lanza contra la teología de la liberación en Latinoamérica, quedó rebajado a un antro más de mundanidad y corrupción
El Sodalicio, de ser punta de lanza contra la teología de la liberación en Latinoamérica, desde 2015, con la publicación de Mitad monjes, mitad soldados, de Pedro Salinas y Pao Ugaz, quedó rebajado a un antro más de mundanidad y corrupción.
Su fundador pederasta laico, Figari, había sabido captar jovencitos para su proyecto político-religioso en Perú y gente como Baertl le había proporcionado la estructura económica que necesitaba. El fundador no era más que un seboso y vicioso gurú mantenido por Baertl, quien quedaba por fin expuesto.
En 2017, Figari es finalmente castigado por el Vaticano con el ostracismo y, para no dejarle solo, Ignacio Blanco renuncia a ser sodálite. No puede dejar de cuidar y mimar a su amado líder. De jovencito, este arequipeño hijo de viudo pasó con nota el casting de Fígari. No tenía aún 16 años. Nunca pisaría el Guantánamo de San Bartolo: el Boss lo quería para él en San José, Chosica. Ignacio sería el único que podía reñirle en público. pero si le pedía que pusiera el miembro viril sobre la mesa, Ignacio lo hacía. Fígari era un profeta: si lo de Doig estallaba, aquello sería Hiroshima y no hay Hiroshima sin Nagasaki. Figari sabía que su suerte estaba unida a la de Doig. A la caída de este, huyó a Roma con su querido Ignacio para terminar haciéndolo su testaferro. Hoy, alejado supuestamente de Figari y esposo de segunda mano de Giuliana Caccia, Ignacio gestiona Origen, una ONG lobbistica ultra católica que opera muy cristianamente desde un condominio de lujo. Entre fetitos de goma, gatos por liebres y demandas imposibles contra el Papa y sus colaboradores va matando el tiempo. El condominio lo merece: allí se puede codear con vecinos de la talla de José Luis Hauyón, protagonista secundario de la operación Valkiria.

Lo que siguió a tanto desacato era previsible: Baertl decidió sobrevivir pasando por debajo del rádar. Tenía que esconderse de la opinión pública para poder continuar, aunque en progresivo e inevitable declive, su turbia actividad financiera. Los que antes le aplaudían y jaleaban, ahora se apartaban de él como de un apestado.
El decreto de su expulsión del Sodalicio, aprobado en forma específica por Francisco el 23 de octubre de 2024, fue el golpe de gracia y punto de inflexión: Baertl ha sido castigado por el mismo Santo Padre con no poder actuar a nombre del Sodalicio ni poder ejercer el sacerdocio mientras un obispo no lo incardine en su diócesis.
En su caída, le acompañan sus acólitos incondicionales: Willy Ackerman, Ari Alcántara, Mario Rivarola, Gonzalo Flores, Gonzalo Valderrama, los cuatro hermanos Len, Luciano Revoredo y Alejandro Bermúdez. Percy, alias García Cavero, desde su delegación opusdeína de Piura, no ha dejado nunca de ofrecer sus servicios jurídicos al Padrone.
El misógino Bermúdez, por su parte, famoso por su trato abusivo hacia los subordinados y por su estilo periodístico de rufián del puerto de El Callao, condenado irónicamente por un decreto firmado por una mujer, Sor Simona Brambilla, intenta en sus últimos vídeos presentar a Baertl como víctima de una supuesta trama política vaticana. Lo burdo de sus ataques subvencionados por el Boss solo justifican una y otra vez la justa decisión de Francisco de expulsarles de una vez del Sodalicio.

Todo inútil. El rey está desnudo. Baertl ya no puede esconder sus vergüenzas. Ni tan siquiera ante sus antiguos hermanos de consagración, a quienes ocultó por años su lucrativa actividad económica. Mientras él y sus secuaces convertían en oro ajeno todo lo que tocaban cual rey midas cholo, las familias de los asociados sodàlites debían mantener a sus hijos con periódicas aportaciones. Aún hay incautos que se creen la milonga de que la millonaria riqueza de Baertl es de origen familiar. O quizás es cierto: la Cosa Nostra siempre ha funcionado como una familia.
Asistimos con hastío al canto del cisne del héroe sodálite. El estertor de Wotan. Baertl agoniza y con él su trama de abusos sexuales, psicológicos y económicos. Cae finalmente el telón.
Etiquetas