A Leonardo Boff, por su artículo “¿Cuál es el viaje más largo?” La experiencia mística como respuesta al deseo de infinitud del ser humano

San Juan de la Cruz
San Juan de la Cruz

A Leonardo Boff por su artículo “¿Cuál es el viaje más largo?”

"Hay experiencias de verdadera espiritualidad en nuestra historia que nos pueden ayudar a reconducir el camino. Tú las conoces perfectamente. Me refiero a las experiencias místicas de grandes y verdaderas y verdaderos espirituales que nos han acompañado y acompañan a lo largo de la historia"

"El místico, quien de verdad lo es, siempre regresa a la realidad. Quien ha conseguido finalizar ese viaje largo al corazón no tiene más remedio ya que actuar desde el corazón"

Leonardo Boff, Maestro, tu vida y tus palabras aportan luz en este caminar juntos en esto que llamamos Humanidad. Un viaje que, sin duda, es largo, y no por lo que tenemos que recorrer, sino por lo que tardamos en hacerlo, entre otras razones, porque nos cuesta mucho encontrar la orientación correcta.

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Nos hemos desviado demasiado del Evangelio de Jesús de Nazaret. La orientación, como tú bien afirmas, debe ir dirigida al corazón del ser humano. ¡Qué bien lo expresó, como también afirmas, Agustín de Hipona! (Aunque éste no dejase de echar la culpa a los otros de su falta de orientación). Hemos pasado siglos viajando por la razón sin encontrar una meta satisfactoria para el ser humano. Todo acaba desembocando en desastres y tragedias humanas, ecológicas, tragedias universales. Lo bueno es que tenemos la capacidad de reconocer los errores cometidos y comenzar de nuevo. Como decía Teresa de Jesús: de bien en mejor.

Hay experiencias de verdadera espiritualidad en nuestra historia que nos pueden ayudar a reconducir el camino. Tú las conoces perfectamente. Me refiero a las experiencias místicas de grandes y verdaderas y verdaderos espirituales que nos han acompañado y acompañan a lo largo de la historia. Son muchas y, naturalmente, no podemos detenernos en todas. Sólo lo haré en el caso de san Juan de la Cruz. En el sentipensar de este místico y en su sentiactuar se produce un abandono, forzado a veces, otras no, consciente e inconsciente también, del pensar lógico-racional que, como insistes, no nos ha conducido hacia objetivos buenos y saludables.

San Juan De la Cruz
San Juan De la Cruz RRSS

La experiencia mística parte de supuestos muy alejados del pensar lógico y del pensar dogmático. Juan de la Cruz abandona y es abandonado por este modos de pensar a lo largo de su vida, pero de una manera más radical en su experiencia carcelaria entre 1577 y 1578. Encarcelado, manipulado, humillado hasta el extremo fue capaz de ingresar en su yo más profundo, su “Ungrund” (tomo el término prestado de José Sánchez de Murillo). En cualquier caso, este viaje al corazón tan largo y profundo, comenzó en su niñez. La extrema pobreza en la que tuvo que vivir y el contacto con la muerte que padeció desde muy joven fueron un caldo de cultivo excelente para quien a la postre llegó a ser Juan de la Cruz, después de haber pasado por ser Juan de Yepes y Juan de Santo Matía. Hasta los cambios de nombre adquieren en él una enorme significación.

El "infravivir" 

Como fruto de su estancia en la cárcel carmelitana de Toledo, y precisamente por cruzar allí la frontera que separa el pensar lógico-racional del pensar del corazón (y que tantas veces hizo Jesús de Nazaret quebrando la lógica del fariseísmo judío y cambiándola por la lógica del amor), aparecen, todavía inconexos e incompletos, los versos del Cántico Espiritual. Son, sin duda, fruto de lo que puedo denominar el “infravivir”, es decir, un sumergirse en lo más profundo de la conciencia (Ungrund).

Juan de la Cruz fue esencialmente compasivo y por eso, la experiencia mística, la experiencia de tantas místicas y místicos, nos puede ayudar a redescubrir ese deseo de infinito que habita en el hombre

Para que esto ocurra, y por eso es tan largo y difícil el viaje al corazón, tuvo que vaciar completamente su memoria (antesala de la Esperanza) y abandonar esta realidad espacio-temporal. Pocos son capaces de llegar. Allí no se quedó desde luego (recordemos el episodio del Monte Tabor). Naturalmente que volvió a esta realidad. El místico, quien de verdad lo es, siempre regresa a la realidad. Quien ha conseguido finalizar ese viaje largo al corazón no tiene más remedio ya que actuar desde el corazón. Por eso, Juan de la Cruz fue esencialmente compasivo y por eso, la experiencia mística, la experiencia de tantas místicas y místicos, nos puede ayudar a redescubrir ese deseo de infinito que habita en el hombre. Quien alguna vez lo ha habitado comprende mucho mejor la necesidad y la urgencia de acabar con las injusticias de este mundo finito.

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