Noches de silencio y soledad
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| Ana Bou
¿Quién no ha pasado alguna vez por esas noches oscuras de silencio y soledad? De no entender, no saber, pero confiar… y si no, que se lo digan a nuestra gran Santa, Teresa de Jesús, que gran parte de su vida, transcurrió en esa noche oscura, pero sabía de quien se fiaba y a quien confiar su vida y su corazón.
Esa noche oscura, necesaria en un momento determinado para todos, es lo que nos ayuda a crecer y a saber si nos creemos auto suficientes o si somos capaces de abandonarnos sin más…
Estamos acostumbrados, sobre todo en las grandes ciudades, al ruido, a las prisas, a caminar sin mirar a los lados, sin embargo, todos sabemos que se puede vivir de otra manera porque en nuestra vida, también existen gestos de amor, de generosidad, de acogida… Los hemos visto con la ciudad de Valencia, o en Navidad. Es como si todos los esquemas nos cambiasen dejándonos llevar por este tipo de gestos.
Mi pregunta es: ¿por qué esto no puede formar parte de nuestra rutina cotidiana?, ¿qué, es lo que nos frena para cambiar de aptitud? Los 365 días del año siguen habiendo herman@s que cuando cae la noche, cuando todo el mundo se mete en sus casas, ellos siguen ahí, en el silencio, en las frías noches llenas de soledad. Donde la pobreza, no solo material, sino también humana, lo envuelve todo. Pero en medio de esta realidad, se ven forzados a tomar un camino a veces de manera desesperada, incluso poniendo en riesgo sus propias vidas. Porque solo encuentran la indiferencia o la incomprensión, sin embargo, no siempre éste es el final, porque en esas noches de soledad y silencio, de much@s herman@s nuestr@s, existe una gran palabra: ESPERANZA. Personas que siguen tendiendo su mano y eso nos hace no olvidar, que todavía es posible un mundo mas inclusivo que pueda ser capaz de paliar ese silencio y soledad.