Extraido de "Trama divina, hilvanes humanos" Ed. PPC El árbol y sus frutos, a la sombra de Gabriel Cruz

El árbol y sus frutos, a la sombra de Gabriel Cruz
El árbol y sus frutos, a la sombra de Gabriel Cruz Jose Moreno Losada

En la vida, hay quienes persisten en mostrar que Dios premia a los buenos y castiga a los malos; y, además, parece que saben distinguir muy bien entre trigo y cizaña e, incluso, se atreven a premiar o desposeer con esos criterios (detalle que el propio Jesús nos dijo que lo dejáramos para el único que sabe discernir y que lo haría después de la cosecha final para así, no confundirse). No sé por qué, reforzado por el texto de Lucas, relaciono esta idea con un hermano en el sacerdocio, querido y respetado por mí, como es Gabriel Cruz Chamizo.

El árbol y sus frutos

Las parábolas de Jesús que transmiten la buena noticia del Reino suelen estar vinculadas con la tierra, la semilla, la siembra, la cosecha, los árboles, las ramas y sus frutos. También con la luz y la oscuridad, la visión y la ceguera, y no falta la referencia al corazón y lo que atesora dentro, si es bondad o maldad, para decirnos que nuestra boca está interconectada con él y de ahí rebosa lo que somos. Por eso se nos invita constantemente a cuidar nuestros juicios y los modos de relacionarnos entre nosotros.

En aquel tiempo dijo Jesús una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?... Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca». Cfr., Lc 6,39-45)

Un sacerdocio que rebosa servicio

peru gabriel
peru gabriel Jose Moreno Losada

Mi primer contacto con Gabriel Cruz fue allá por la primavera de 1981, cuando, siendo seminarista, nos preparábamos para recibir el diaconado y realizamos ejercicios espirituales acompañados por él en nuestro seminario. El tema central que trabajamos fue la gracia de Dios en la vida. Allí, hizo referencia a G. Bernanos y su novela clásica «Diario de un cura rural», donde toda la historia se entregaba con una afirmación definitiva: «Todo es gracia». Aserto paulino que debería acompañar siempre nuestro ministerio. Yo creo hoy que esa clave espiritual ha sido central en la vida de este sencillo sacerdote diocesano, que siempre me ha acompañado.

Desde su sencillez, ha sido una persona que ha marcado acentos en el presbiterio diocesano. Llegado de su quehacer pastoral alegre, desenfadado y profundo en la Serena y la Campiña sur, se incorporó al equipo de coordinación en las vicarías con Don Antonio Montero. Desde entonces, ha estado siempre prestando servicios diocesanos. En lo que más tiempo se ha ocupado ha sido en la Coordinación del Equipo de Economía de la diócesis y, al mismo tiempo, de la Delegación Episcopal para los presbíteros y su formación. Ahí se ha batido el cobre queriendo ser fiel y auténtico, y se merece un reconocimiento público y comunitario. Yo que gozo de su afecto y valoración, hace tiempo que deseo expresar los frutos de su ministerio que han enriquecido a la iglesia diocesana y al presbiterio de la misma. Quiero destacar en Gabriel cosas que me parecen extraordinarias por la sencillez con que las ha vivido entre nosotros:

Fiel: fidelidad a prueba de bombas, aunque perdiera en el combate por adelantado. Ha sido digno de fe por la rectitud de intención, por la apertura a todos, por la coherencia de vida y por su confianza en Dios.

Hermano: nunca me he sentido solo a su lado y siempre lo he tenido cerca. Intuyo que este sentir lo tenemos gran parte de los miembros del presbiterio diocesano con respecto a él. Podemos pensar distinto, tener posturas diversas, ser críticos con lo que él defiende o propone, pero nunca se ha alejado, ni ha dejado de mostrar su afecto y su cariño.

gabriel y antonio
gabriel y antonio Jose Moreno Losada

Disponible: en todo momento y para todos. En nuestra propia diócesis, para los obispos, los compañeros, los movimientos laicales -especialmente ENS-, para las demás diócesis de España… Ha dejado vida y salud en todos los menesteres, y de la entrega ha hecho casa de alegría en la disponibilidad del Evangelio, que siempre está dispuesto a salir afuera y vencer retos. Nuestros misioneros, tanto sacerdotes, como religiosos y laicos, son testigos de esta disponibilidad sin fronteras.

Sencillo: si sencillo es el que hace que el otro se encuentre bien con él y salga valorado de su encuentro, para mí siempre ha sido sencillo. Nunca le he visto muestras de orgullo en su labor de acompañamiento -que motivos tuvo-, y sí le he visto orgulloso y contento por pequeños éxitos personales que yo pudiera tener. Así como he de reconocer que nunca me ha faltado su corrección fraterna en momentos muy oportunos, porque ha vinculado perfectamente la sencillez y la fidelidad con la transparencia, la sinceridad y la verdad. Todo ello, aunque supusiera dolor e intemperie para él. De ser generoso y no tener, ni guardar, también sabe bastante…

Creyente: hombre de Dios y del pueblo, confiado y digno de confianza, entregado y conociendo a los que sirve, con un afecto inmenso y un interés propio mínimo. Hombre de la Palabra y de la celebración viva y auténtica, uniendo altar e historia, vida y oración, lo divino y lo humano. Con la piedad de lo popular y la gracia de los místicos, haciendo a Dios muy cercano con el rostro de la alegría evangélica…

Me reafirmo en que este hermano ha creído que todo es gracia y eso le ha hecho gracioso, gratuito, compasivo y generoso con todos. El hombre de gracia no se impone, ni ciega, ni dirige, ni juzga, sino que acompaña, comparte y muestra con sencillez y naturalidad lo que Dios va haciendo con él en su corazón, aunque sea débil e imperfecto, se hace compasivo como el Padre es compasivo con él, ahí está su perfección.

Los frutos de Dios en Cristo

Una simple mirada atenta por la historia de la salvación y descubriremos lo que rebosa el corazón de Dios y cómo sale por su boca.

Fiel hasta perder, su palabra es fecunda y eficaz, su promesa no tiene vuelta atrás. Firme en su promesa, mil veces, renovada y reforzada ante la debilidad y la incredulidad de su pueblo.

Entrañable hasta la ternura más materna que cubre con lazos de amor la flaqueza de un pueblo caprichoso e infantil, alzándole hasta su mejilla para besarlo con la fuerza del perdón y de la gracia renovada, apuntando siempre una nueva alianza. Padre de un pueblo hasta más no poder, siendo más de caricia que de enfado.

Desposeído para ser del pueblo. “Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”, elegido siendo el más insignificante de los pueblos para mostrar la gratuidad de un amor que rebosa y que determina más al que ama que al amado.

Confiado tras mil fallos, renovándose en promesas que vuelven a generar esperanzas, para apuntar la esperanza más última la que va insinuando, que como Padre ya no va a dar más cosas que pasan, porque se va a dar él mismo en el Hijo. Un Dios entregado, un creador hecho criatura.

Cristo, su palabra hecha carne. La definitividad del corazón de Dios se ha desbordado en una palabra única: “El hijo amado”. Ahí está la sentencia definitiva de Dios, la palabra última: encarnación, silencio, fraternidad, muerte y resurrección. Él es nuestra única y definitiva esperanza. Él no es un guía ciego porque es la luz, el no juzga porque salva, el no condena porque da su propia vida.

Notas hilvanadas:

"Mejoras el momento"

“Hoy quiero abrazar a mis amigos, son casa verdad, abrigo. Si la tempestad me deja sin luz, mejorar el momento”

(Carmen 113-Mejoras el momento)

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