Leviatán, Behemot y el Falso profeta. Las tres guerras de Ucrania y del mundo
Se han reunido en Múnich (2025) delegados de USA, Rusia y Unión europea, para tratar de la “suerte” de Ucrania, como se reunieron antaño (1938), delegados de potencias europea con Hitler para tratar de la suerte de los Sudetes de Chequia. No se arregló mucho, se preparó el camino para nuevas invasiones en vísperas de 1939-1945.
No sé si los “estadistas” actuales recuerdan y repiten los “errores” de 1938, que contó un cura checo alemán que pagó su libertad con varios años de campo de concentración nazi.
Desde aquel fondo quiero evocar la implicación de los tres poderes (Leviatán, Behemot y Falso Profeta) en el conflicto actual de Ucrania, es decir, del mundo entero
Desde aquel fondo quiero evocar la implicación de los tres poderes (Leviatán, Behemot y Falso Profeta) en el conflicto actual de Ucrania, es decir, del mundo entero
| Xabier Pikaza
No es una, sino dos o tres guerras.
Así lo simbolizó simbolizó Job (40-41), como he puesto de relieve en mi libro sobre el y como lo explicó Th. Hobbes (1588-1679), siempre que junto a Behemot y Leviartán pongamos al Falso Profetas, descrito por el libro del apocalipsis, cuya importancia ha crecido los últimos tiempos, como puse de relieve en mi comentario al Apocalipsis.

Leviatán es un tipo de cocodrilo, “monstruo” divino (y marino) del estado y la guerra; tiene que crecer y hacerse fuerte, tomando el control sobre hombres y pueblos, para así liberarles de la “barbarie” de la libertad siempre amenazada…
Behemot es un tipo de rinoceronte, bestia del río, del agua y las riberas, que parece tranquilo, no mata directamente a nadie, pero se apodera de toda la hierba, necesita un “capital” siempre mayor, una economía que parece proteger y chupa la vida de los pueblos.
Falso profeta, Al lado de esos monstruos antiguos (del AT), expuestos en el libro de Job, el NT ha descubierto uno tercero, descrito por Apocalipsis 13, que es el “falso profeta”, la bestia de la mentira, de una propaganda falsamente religiosa y científica, que engaña, destruye y utiliza todos, al servicio de la muerte. El falso profeta es un tipo de IA, que no es una simple inteligencia artificial de maquinita, sino la Inteligencia Autoritaria que define el sentido del bien y del mal, la Mentira Organizada de un modo diabólico para engañar a Behemot y a Leviatán, a todos los poderes de la tierra.
Estas dos guerras (las de Leviatán y Behemot), con la tercera y más fiera de la “mentira organizada” y diabólica (señalada por el Apocalipsis) se están “jugando” en este momento sobre Ucrania, que es hoy (17.02.25) el mundo entero.
Ciertamente, en esta guerra luchan poderes peores y "mejores", pero todos vienen a mostrarse finalmente “perversos”, todos los poderes, que no son amor para la vida, sino principiáis de opresión sobe la vida como sabe el Apocalipsis. Bajo ellos siguen estando los inocentes de Ucrania y del orbe entero, en estas casi vísperas de cuaresma 25 cuando se nos diga a todos (especialmente a los estados e imperios de mentira económico-militar): Recordad que sois polvo y que al polvo habéis de tornar (Memento de la vida humana.

La guerra es Leviatán, la guerra es Behemot… pero es sobre todo perversión de la verdad.
Así lo vio con sus ojos, así lo dijo, con palabras insuperables, E. Levinas (1905-1995), filósofo judío de origen lituano, pero refugiado tras el 2017 en Jarkov (segunda ciudad más importante de Ucrania), siguiendo el camino de sus antepasados, siempre a caballo entre Ucrania, Polonia y Lituania). Así dice:
El estado de guerra suspende la moral; despoja a las instituciones y obligaciones eternas de su eternidad y, por lo tanto, anula, en lo provisorio, los imperativos incondicional. Proyecta su sombra por anticipado sobre los actos de los hombres. La guerra no se sitúa solamente como la más grande entre las pruebas que vive la moral. La convierte en irrisoria. El arte de prever y ganar por todos los medios la guerra –la política– se impone, en virtud de ello, como el ejercicio mismo de la razón (E. Levinas, Totalidad e Infinito, Sígueme, Salamanca 1995. 47)
No hay una guerra puramente militar, como quieren algunos. Como sabía el Apocalipsis judeo-cristiano, y como han sabido y dicho los grandes teóricos sociales, la guerra es un “estado” de lucha total:
Así decía Carl von Clausewitz (1780-1831):“La guerra es la continuación de la política por otros medios”). «La guerra y la paz no difieren en los fines perseguidos, sino tan solo en los medios utilizados para alcanzarlos»
La paz es una guerra que se combate con medios que no son estrictamente militares. No hay una línea divisoria entre un estado de paz y un estado de guerra»… Detrás de ambos fenómenos, guerra y paz, se encuentra la misma dimensión de la lucha por el poder, como sabía Heráclito diciendo que “la guerra es padre de los dioses y los hombres”, de la cultura y la política (cf. Harto de Vera, Sobre la paz).
Para superar la guerra hay que cambiar el tipo de vida actual, la forma de entender el Estado (Leviatán), con la estructura económica (Behemot), sea de capitalismo de estado o de corporaciones unidas, en la línea de Mammón (Mt 6, 24). Para vencer a la guerra (para negar su negación) hay que superar el tipo de filosofía clásica (desde Heráclito y Aristóteles hasta Hegel, con Marx y los ideólogos del capitalismo actual)… que han vendido la paz en manos de la violencia y opresión, que es la mentira camuflada con armas, como dice San Pablo en Rom 1-2.
GUERRA ARMADA, UN GRAN TERROR
Los animales luchan con su cuerpo, preparado para camuflarse, huir, atacar o defenderse. Los hombres, en cambio, han creado prótesis militares (armas) y han inventado la guerra como institución específicamente violenta, para alcanzar y/o mantener el dominio de personas y grupos especiales y/o de las instituciones del Estado. En esa línea, mientras la vida física de un tercio de la población del mundo se encuentra amenazada por el hambre, ciertos grupos políticos (estatales) y económicos buscan sólo su seguridad y su dominio, apelando para ello a la violencia armada.
Siempre hubo guerras, pero sólo en estos últimos siglos se han vuelto del todo mortales para el conjunto de la humanidad, a causa de la producción masiva de armamentos y del empleo de métodos científicos que acaban convirtiendo la economía y la vida en instrumentos de violencia. En esa línea, los estados modernos se han hecho gestores de violencia, planificando sus medios ofensivos y defensivos al servicio del sistema (y/o Estado), en una guerra en que unos y otros pueden apelar a diversas formas de terror[1].
Muchos piensan que está surgiendo ya o que surgirá muy pronto una gran federación de estados o incluso un Estado mundial, que podrá superar muchas formas de guerra actual, pero hasta que eso llegue (e incluso después) seguirá habiendo diversas formas de violencia y guerra, si es que no cambia la forma de vida de los hombres y mujeres en conjunto. Además, los grandes estados actuales (y sobre todo los imperios: USA, China, Rusia) siguen cultivando una ideología de seguridad militar, con ejércitos fuertes para mantener “su paz”. En general, se declaran enemigos de la guerra, pero siguen empleando en armas un dinero que sería suficiente para ofrecer alimento y educación a los pobres del mundo.
Una guerra de todos, pues no la sufren sólo los soldados, que luchan y se matan entre sí, sino las poblaciones civiles que soportan bombardeos e invasiones, con su secuela de hambre e inseguridad. Ciertamente, las guerras del pasado han sido siempre violentas, pero en general las hacían los ejércitos. Pero en la actualidad el combate no se libra sólo en el frente (o la frontera), sino que el conjunto de la población queda amenazado, bajo el poder de unas armas de destrucción indiscriminada: gases mortales, napalm etc. Cuando la guerra empieza cesa la humanidad, se silencia la palabra, desaparece el amor de las madres, el juego de los niños, el gozo de los enamorados (cf. Ap 18, 21-23); se apaga el derecho, se quiebra el equilibrio siempre frágil de las relaciones sociales, de manera.
Una guerra que proviene no sólo de la mentira, sino que “crea la mentira” para justificarla, la mentira de la violencia, la mentira de la libertad del capital.. laa mentira de la verdad de unos en contra de los otros
CULTO A LA MUERTE. UNA HISTORIA DE LA GUERRA
Por el camino de la guerra sólo se cosecha más guerra, en la línea de un talión violento, que necesita más violencia para superar la violencia anterior. Sólo superando el camino de guerra (Leviatán) se puede y se debe crear un modelo de convivencia afectiva y colaboración económica (un anti-behemot). En esta línea se situaría la aportación del cristianismo; para avanzar en ese camino habría que elaborar una teoría de los grupos, con la ayuda de los mitos antiguos, los estudios sociales y la Biblia.
(1) Los mitos evocan, en general, un caos primero como lucha universal, y un Dios o unos dioses que impusieron el orden sobre aquella lucha, introduciendo unas leyes, que han permitido la convivencia entre los hombres.
(2) Los teóricos sociales suelen hablar de un magma primigenio, que sería como un Dios engendrador (Castoriadis), o aluden a un carisma instituyente (Weber), que surgió en un momento dado y que, para volverse operativo, tuvo que actuar a través de instituciones, que han acabado siendo dominadas por la burocracia del sistema.
(3) Los evangelios cristianostienden a interpretar el movimiento de Jesús como paradigma o clave desde el que se debe interpretar el surgimiento y sentido de grupos humanos totalmente pacíficos, retornando hasta su origen (cf. Mc 10, 6), pero no para cerrarse allí, sino para crear nuevas formas de comunicación universal, desde los pobres.
De la armonía primera de tipo principio de matriarcado de la paz no sabemos nada, pues ella aparece sólo en los mitos y visiones simbólicas del primer paraíso o de la utopía final, tras esta historia. Históricamente, siempre han existido instituciones conflictivas, con riesgo de lucha y lucha real. Desde que el hombre es hombre se han dado oposiciones, dificultades de ajuste afectivo y familiar, brotes de violencia que la autoridad establecida tiende a rechazar a través de sacrificios o instituciones clasistas. En este segundo momento se inscriben las tres eras (sacrificio, esclavitud, cautiverio), recogidas en el capítulo primero. Ellas han estado amenazadas por el caos, pero el caos no ha logrado dominarlas del todo, y por eso seguimos existiendo.
Los defensores de un tipo de orden “patriarcal” impositivo tienden a pensar que en el principio sólo había caos, lucha de todos contra todos, y que para superarlo fueron necesarias las violencias de la historia (sacrificio, esclavitud, cautiverio). Por eso, para crear o garantizar la paz acuden a las armas, sea en la línea de los ejércitos de la Nato, sea en la línea de los tanques de Putin. Su esquema explica ciertas cosas, pero resulta sesgado, porque está al servicio de los portadores del poder (que se presentan a sí mismos como salvadores, pues han liberado a los hombres del caos).
Pues bien, en contra de eso, reconociendo el valor parcial de los defensores del “patriarcalismo”, podemos y debemos afirmar que en gran parte han sido ellos mismos, los patriarcas guerreros, los creadores del caos (del que pretenden habernos liberado). Ellos son representantes y testigos de una solución violenta (sacrificial, esclavista, cautivadora) del problema de la violencia, pues han creado un tipo de orden (a su servicio) empleando para ello un desorden más grande.
Es así como los “nazis” quisieron resolver el “problema judío” (que no era problema, sino riqueza humana) poniendo en marcha una violencia muchísimo mayor. Es así como los estalinistas quisieron crear un paraíso del proletariado, creando un caos de violencia peor que el anterior,
Hasta ahora, un tipo de “violencia anterior” (¡quizá caótica!) se ha resuelto y superado… creando con una violencia superior, que se dice “legal” pero que es ilegal y terroristas. Las armas de la guerra de Ucrania tienen colores distintos, pero en el fondo siguen siendo iguales: Están al servicio de un tipo de poder ficticio, de una guerra de imposición O inventamos (encontramos y recorremos) un camino de paz o nos destruimos todos bajo la Bomba [6].
Un nuevo comienzo: primeros consensos. La crisis actual, que sitúa a los hombres y mujeres entre la pura violencia del sistema absoluto o el caos indefinido, sólo se puede resolver suscitando modelos nuevos de comunicación, que se abran y crezcan en todos los planos de la vida (desde la economía hasta el pensamiento). Sólo podemos superar el caos creando grupos de humanidad, que rompan el sistema y detengan la lucha de todos contra todos.
No se pueden repetir ya los modelos de violencia (sacrificio, esclavitud o cautiverio), pues ellos son incapaces de detener ya la muerte. Tienen que surgir, desde el mismo fondo del caos, grupos distintos de personas capaces de crear vínculos de fraternidad, que superen la violencia. Un simple retorno al pasado (restauración) sería ineficaz y dañino (e imposible). Sólo hay solución para el hombre si se invierte el modelo de las tres eras del patriarcalismo.
La historia anterior (hecha de sacrificio y esclavitud, de imposición militar y cautiverio de todos ) ha podido detener cierto tipo de caos, pero con medios de violencia y sin resolverlo en el fondo. Así podemos y debemos volver imaginativamente a la situación de lucha de los primeros grupos, pero no para encontrar un nuevo “chivo expiatorio” (pues no lo hay, y no podremos encontrarlo), sino para abrir caminos de diálogo, es decir, de alianza universal, donde pueda haber espacio para todos, sin el sacrificio de algunos, la esclavitud de muchos o el cautiverio de la mayoría. Normalmente, hasta ahora, las revoluciones han desembocado en una simple restauración o en otra dictadura, que intenta resolver por la fuerza los problemas pendientes (dentro de la estructura patriarcal). Pues bien, ese tipo de solución resultaría en la actualidad mentirosa (¡siempre ha sido mentirosa!) e insuficiente. No hay más solución que un verdadero re-nacimiento: crear grupos de hombres y mujeres que inviertan la lógica patriarcal, superando el «caos presente» (pero sin chivos emisarios, sin luchar contra otros), para alcanzar así la nueva libertad y comunión de la que trata la segunda parte de este libro [7].
En este momento (año 2025), con las armas aún silbando sobre Ucrania, nos hallamos bajo la amenaza de tres o cuatro guerras (atómica, genética, ecológica, de Behemot, de Leviatán, del Falso profeta), que podrían destruir toda la vida sobre el mundo.
Quizá en otro tiempo, se podía apagar una violencia con otra, sin que la humanidad en su conjunto corriera peligro… En este momento sabemos que toda defensa de la guerra es mentira, de forma que corremos el riesgo de ser devorados por el falso profeta más que por Leviatán o Behemot. .
Si la guerra sigue, si quisiéramos resolver la violencia con la Bomba nos mataríamos todos, como en el tiempo del diluvio (Gen 6-8), pero sin que se pudiera hablar de supervivientes como Noé, el que recibió misericordia. Cierto tipo de propaganda oficial habla sólo del terrorismo de algunos, es decir, de los otros (unos acusan de terrorismo a la NATO, otro acusan a Rusia). Es evidente que unos y otros (en grados distintos) se están convirtiendo en terroristas.
En otro tiempo, los terrores estaban concentrados en tiempos/lugares especiales y había ritos (exorcismos, ceremonias) de violencia para superarlos. Hoy no los tenemos. Ciertamente, muchos siguen pensando en métodos violentos de seguridad: el mal terror sólo se puede atajar con un terror más grande, de tipo “legal”: más policías, más cárceles, más seguridades exteriores. Pero así no resuelven el problema, sino que se ensanchan y ahondan. La humanidad sólo podrá mantenerse en libertad, si es que “inventamos” medios nuevos de vida sin violencia [8].
LEVIATÁN Y BEHEMOT ¿PACTO DE MONSTRUOS?
Violencia de Estado, violencia económica.Th. Hobbes (1588-1679), concedió al Estado un poder religioso, pero no en la línea del Dios de las religiones (Yahvé judío, Padre de Jesús), sino del Leviatán, monstruo ambivalente, con rasgos divinos y satánicos. A su juicio, la paz político-militar no es don o Gracia de un Dios trascendente, sino la expresión de un monstruo que impone su dictado (monopolio) de violencia, con la ayuda de Behemoth, su gemelo, también bíblico, que es la idolatría de un mercado que tiende a imponerse sobre todos los hombres y pueblos[11].
¿Valores? El Estado ha querido ser una racionalización de las relaciones sociales, expresión de la voluntad común (democracia), para defender los derechos de los ciudadanos. Es normal que algunos filósofos de tipo Hegel lo hayan concebido como encarnación de la razón, en un plano jurídico y económico, educativo y social. En principio, el Estado moderno no impone ninguna religión o ideología, ninguna ética o concepción particular del mundo, pues deja esos temas en manos de los ciudadanos o de grupos particulares, que se vinculan por opciones y experiencias de tipo privado. En sí mismo, el Estado se ocupa sólo de la administración social y de la economía, pudiendo emplear para ello unos medios de tipo impositivo.
La unión de esos monstruos (Estado y Mercado) constituye un tema clave de la modernidad. Muchos lectores de Hobbes han resaltado la importancia del Estado, dejando en un segundo plano el tema del Mercado. Pero de hecho el Estado ha quedado casi siempre sometido a Behemot, que es el Mercado. De esa manera, la libertad y vida de los hombres ha terminado encontrándose fácticamente vigilada por un imperio/mercado donde sólo pueden triunfar e imponerse los más poderosos.
A partir de aquí se entienden las dos violencias fundamentales de la vida social de occidente: (a) La lucha de los estados entre sí, entendida como un tipo de guerra divina, pues cada Estado es de hecho una encarnación de poderes divinos. (b) La imposición económico-social del Estado sobre los individuos. Para ser libre en un sentido extenso, los hombres tienen que volverse esclavos del Estado y de su Economía [12].
DOS MONSTRUOS Y UN SUPER-MONSTRUO: EL FALSO PROFETA
Ciertamente, los estados y la economía (Mammón) son peligrosos, como sabe Añ 13, pero más peligroso es sobre ellos el Falso Pofeta, al que podemos llamar Belzebú, Señor de la Casa (=Señor de las Moscas) que es la divinización de una ¡inteligencia pervertida! No un demonio pequeño de pequeñas posesiones de exorcismos de películas hechas para engañar a los ingenuos… La posesión satánica del Belzebú es otra cosa que ha sido analizada con rigor en los evangelios y en el apocalipsis… Éste es el mal de una super-via que consiste en querer hacerse dioses. No es el simple mal de tener mucho dinero o poder sobre otros. Es el mal de apoderarse de la mente-persona de otros.
Éste es el mal supremo de esclavizar persona, de poseer y dirigir persona… No es una simple inteligencia arti-ficial, sino una inteligencia supra-oficial, propia de aquellos a os que la madre de Jesús llamaba ὑπερηφάνους διανοίᾳ καρδίας αὐτῶν, soberbios por la perversión de sus corazones (seguirá)
NOTAS
[1] En sentido general, cf. M. Maffesoli, La violencia totalitaria. Ensayo de antropología política, Herder, Barcelona 1982; P. Sloterdijk, Esferas I-II, Siruela, Madrid 2001/2003; W. Sofsky, Tiempos de horror. Amor, violencia, guerra, Siglo XXI, Madrid 2004; G. Sorel, Reflexiones sobre la violencia, Alianza, Madrid 1976.
[2] En esa línea hemos citado ya a E. Lévinas, Totalidad e Infinito, Sígueme, Salamanca 2001. Desde diversas perspectivas, cf. E. Sábato, Abbadón, el exterminador, Seix Barral, Barcelona 1981, 3-85; P. Sloterdijk, Temblores de Aire. En las Fuentes del terror, Pre-Textos, Valencia 2003. En otros tiempos, se podía suponer que la guerra llevaría a un tipo de victoria “racional”, creando un nuevo equilibrio humano. Eso parece ahora imposible: la guerra tiende a convertirse en destrucción universal.
[3] El mismo ejército legal del Imperio (que puede empezar apareciendo como liberador), termina convirtiéndose en fuente y signo de violencia total, que convierte a todos los hombres en cautivos de un sistema militar que se diviniza a sí mismo o queda en manos de quienes lo pagan. Una paz militar, financiada por el gran capital y garantizada por un ejército mundial mercenario terminaría volviéndose satánica.
[4] Los estados de derecho, que se presentan a sí mismos como garantes de legalidad, no suelen acudir al terror ilegal, pues cuentan con el apoyo de las leyes. Pero en el fondo de su legalidad se esconde a veces un ejercicio de terror intenso, en contra de grupos e individuos. Por eso, algunos disidentes del sistema se sienten capacitados para responder con violencia ilegal a la violencia del sistema. Muchos estados e imperios antiguos emplearon el terror, con deportaciones masivas y escarmientos públicos, con ejecuciones por tortura, como fue la de Jesús.
[5] He ofrecido mi postura en Religión y violencia en la historia de occidente, Tirant lo Blanch, Valencia 2005, dialogando con R. Girard, La violencia y lo sagrado, Anagrama, Barcelona 1983; El misterio de nuestro mundo, Sígueme, Salamanca 1982. Sobre la visión de R. Girard, cf. J. P. Dupuy y P. Dumouchel, L’enfer des choses. R. Girard et la logique de l’économie, Seuil, París 1979; M. Deguy y J. P. Dupuy (eds.), R. Girard et le problème du mal, Seuil, París 1982. Visión filosófico-social, desde otras perspectivas, en por C. Castoriadis La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets, Barcelona 1987; P. Sloterdijk, Esferas I-II, Siruela, Madrid 2003/2004; M. Weber, Economía y sociedad, FCE, México 1944; Ensayos sobre sociología de la religión I-III, Taurus, Madrid 1987.
[6] Muchos tienen la impresión de que la violencia lo ha invadido todo y que el orden social puede acabar para siempre. Algunos añaden que se está derrumbando ya, físicamente, en una espiral de violencia y contra-violencia apocalíptica, sin que se pueda ya evitar la guerra de todos contra todos.
[7] Yo diría que estamos cerca de la línea del “caos” (nunca se está en un caos puro). Algunos precisarán que nos estamos acercando, otros responderán que estamos ya saliendo. Sea como fuere, los esquemas grupales antiguos se han roto y no bastan unas pequeñas reparaciones, sino un cambio total.
[8] En este contexto podemos recordar una novela “de tesis” de Michel Henry (1922-2002), literato y filósofo francés, experto en teoría social, titulada L'Amour les yeux fermés (El amor a ojos cerrados, Gallimard, Paris 1976), donde describe proféticamente el riesgo de estallido de una sociedad como la nuestra, que está llegando a la máxima perfección técnica, pero que descuida y destruye sus bases humanas. Su protagonista es La Ciudad (Alianhova, ¿Alianza de Jehová?), un estado perfecto, una Babel sin fisuras, donde parecen resolverse todos los problemas afectivos y sociales de las eras anteriores, de manera que ha llegado el fin de la historia, es decir, la historia sin fin de la felicidad técnica y material para todos los buenos ciudadanos (en la línea de A. Huxley, Un mundo feliz).
Pero en un momento dado, sin saber por qué, en contra de las previsiones, cuando todas las metas se habían conseguido (sin ciudadanos de segunda, ni injusticias sociales y económicas), esta ciudad se deteriora y desmorona, hasta explotar por dentro. Parece que no existen razones: todos tienen casa y abundancia de bienes materiales, educación y servicios sanitarios, todos pueden moverse en libertad, sin cortapisas, ni discriminaciones políticas ni ideológicas, sin dictaduras, ni terrorismos… Todo es perfecto y, sin embargo, sin causas materiales (no hay hambre) o militares (guerra)… la Ciudad empieza a deshacerse, como si un cáncer fuera devorando sus órganos vitales. Los ciudadanos lo tienen todo: han resuelto los problemas del capitalismo y comunismo, han aprendido a dialogar en un plano racional… y, sin embargo, algo les falla, como en la Torre de Babel, pues no pueden ya hablar el lenguaje del amor, que es el único que puede crear grupos de humanidad duradera. Alianhova se convierte así en “anti-ciudad” y nos ayuda a entender el proyecto de Jesús.
[9] He desarrollado el tema en Apocalipsis, Verbo Divino, Estella 1999. Cf. H. Arendt, Los orígenes del totalitarismo, Taurus, Madrid 1999; E. Barcesat (ed.), La ideología de la seguridad nacional, El Cid, Buenos Aires, 1983; G. Benassar, Europa en el siglo XVII, Anaya, Madrid 2001; K. R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, Paidós, Barcelona 1980; N. Poulantzas, Poder político y clases sociales en el estado capitalista, Siglo XXI, Barcelona 1976
[10] Cf. Historia y futuro de los papas. Una roca sobre el abismo, Trotta, Madrid 2006.
[11] Hobbes publico 1651 su Leviatán, para fundar un estado sobre el poder divino del rey. En 1679 publicó su Behemoth o Historia de las causas de las guerras civiles de Inglaterra, poniendo de relieve los motivos económicos de las luchas entre personas y pueblos. Las conexiones de esos “monstruos” (tomados de Job 3, 8; 41, 1 y en Job 40, 15) con las dos “bestias” de Ap 13 son evidentes. La diferencia está en que el Apocalipsis puso de relieve el carácter satánico de esas bestias (que imponen una paz de esclavitud y muerte), mientras que Hobbes piensa que ellas pueden ser pacificadores.
[12] En tiempos de Hobbes, sus monstruos parecían necesarios o, al menos, útiles. Sólo un Leviatán “muy poderoso” podía ser tolerante con las religiones concretas de sus súbditos, siempre que ellos aceptaran de hecho la autoridad sagrada del Rey-Estado. Por otra parte, sólo un Behemot superior podía garantizar la libertad para el comercio. Pero, de hecho, desde el siglo XVIII y XIX, esos monstruos han terminado siendo “demasiado poderosos”, de manera que el Estado, que nació para regular la violencia y proteger (o controlar) la libertad de comercio, ha podido convertirse en un signo supremo de violencia. Por otra parte, la libertad del comercio ha podido terminar siendo ocasión de dictadura económica. Además, mientras conquistaban el mundo para sus mercados, los estados europeos han luchado entre sí, en una guerra sin fin, desde el siglo XVI a la actualidad. Cumplido su ciclo, ellos han caído en una gran crisis, pues cada vez encuentran más dificultades para garantizar la paz a través de una violencia legal. Ciertamente, en un sentido, ellos siguen existiendo, integrados en una organización superior (ONU). Pero, en otro, parecen un anacronismo, pues están dominados por un Imperio (USA) y un Mercado impersonal (capitalismo).