De la cultura del momento presente Malestar con la orientación política actual

"El 'ruido ideológico' hará acto de presencia y será secundado por tantos 'comisarios del resentimiento' (Harold Bloom) como han impulsado todas las perspectivas más tóxicas"
"Como anunció Francisco en 2019, vivimos un cambio de época. Con el cambio de inquilino en la Casa Blanca, parece que el mundo toma conciencia de tan significativa circunstancia"
"Se reforzarán la orientación de ciertas fuerzas, situadas a la derecha del espectro político, y aparecerán los consabidos 'comisarios del resentimiento'"
"Estas últimas fuerzas extremas, generalmente de izquierdas, tensionan, a diario, ‘el mayor dilema moral de nuestros sistemas democráticos’ (Félix Ovejero)"
"Como creyente absoluto de la libertad individual, reaccionó, de modo instintivo, frente a las indebidas y frecuentes intromisiones en su ámbito"
"Se reforzarán la orientación de ciertas fuerzas, situadas a la derecha del espectro político, y aparecerán los consabidos 'comisarios del resentimiento'"
"Estas últimas fuerzas extremas, generalmente de izquierdas, tensionan, a diario, ‘el mayor dilema moral de nuestros sistemas democráticos’ (Félix Ovejero)"
"Como creyente absoluto de la libertad individual, reaccionó, de modo instintivo, frente a las indebidas y frecuentes intromisiones en su ámbito"
"Como creyente absoluto de la libertad individual, reaccionó, de modo instintivo, frente a las indebidas y frecuentes intromisiones en su ámbito"
Ya en 2019, Francisco había anunciado que estábamos viviendo un ‘cambio de época’ con modificaciones trascendentales, que podrían transformar velozmente el modo de vivir. No se tuvo en cuenta tal diagnóstico. Ha tenido que llegar el cambio de inquilino en la Casa Blanca para que el mundo haya tomado conciencia que, efectivamente, se podría, ahora sí, haber inaugurado una época diferente. Habrá que esperar y ver como transcurren las cosas.
No parece arriesgado señalar, no obstante la prudencia debida, que se reforzará la orientación, ya presente en el mundo, de fuerzas que se sitúan a la derecha del espectro político. Lo cual hará que se multipliquen, como ya está ocurriendo, las habituales reacciones más encontradas e hipócritas, más dogmáticas y sectarias de la izquierda woke. El ‘ruido ideológico’ hará acto de presencia y será secundado por tantos ‘comisarios del resentimiento’ (Harold Bloom) como han impulsado todas las perspectivas ‘más toxicas’ de la cultura de los últimos tiempos y que, en expresión feliz de Murray,‘han llevado al mundo a la locura”.

Desde una perspectiva personal (la de la libertad), lo que siempre me ha parecido más preocupante, es que estas ‘falsas fuerzas extremas’ (que, para más inri se dicen progresistas), exhiban posicionamientos políticos que tensionan, a diario, como ha subrayado Félix Ovejero, ‘el mayor dilema moral de nuestros sistemas democráticos’: el respeto de la libertad personal y autonomía del ser humano.
Me confieso un creyente absoluto de esta libertad individual. Reacciono, de modo instintivo, frente a las demasiado frecuentes e indebidas intromisiones en su ámbito. Cada cual es libre (dueño) de decidir su destino, como estime oportuno (Kant). Cada cual es libre de configurar su concreto estilo y modo de vida, como mejor le plazca. Cada cual es libre de entender y practicar, en la vida real cotidiana, todo lo referido a su vida íntima, como estime más conveniente. Es su responsabilidad, su decisión libre y autónoma de cualquier otro poder, político, social y/o religioso.
Pues bien, en relación a todo ese mundo de vivencias, de estímulos, de deseos, de expectativas y de derechos que acabo de enumerar, personalmente me molesta y rechazo abiertamente aquellas tan frecuentes decisiones públicas (políticas) que no respetan el ámbito de lo personal e íntimo. Nadie les ha otorgado capacidad ni derecho para tales prácticas. Sin embargo, la clase política, sobre todo la izquierda radical woke, no ha cejado en su empeño: modificar, mediante imposiciones, el modo de vida de la gente. De este modo, horada y hasta obstaculiza el vivir, de modo autónomo, conforme a las elecciones personales, que le son propias. Todo ello, por cierto, se instrumenta por fuerzas, que se dicen progresistas y que, para mayor desvergüenza democrática, no se anuncian ni se proponen en los programas electorales. No es extraño que provoquen en el ciudadano un profundo hartazgo, un malestar indefinible, que ya está reflejándose en el cambio de la orientación del voto.

Acabo de mencionar otra más de las causas del malestar existente frente a la clase política actual. En efecto, me refiero a una práctica habitual, que enturbia el discurrir de la democracia sin adjetivos. Me refiero, en palabras de Félix Ovejero, a “las alegres descalificaciones de resultados electorales (…) que (de antemano) se juzgan ‘peligrosos’ o simplemente antipáticos”. Descalificaciones que suelen concretarse en prácticas políticas a la defensiva y que atentan contra los principios que dicen defender. Estamos de hecho, al margen de lo que se invoque en el relato manipulador de turno, ante auténticos desprecios de la voluntad de los ciudadanos. Tenemos ejemplos en Alemania, en Rumanía, en Francia, en Georgia y, por supuesto, en España (los cordones sanitarios de la izquierda radical frente a la derecha). ¿Por qué no se respeta la orientación de la voluntad de tantos y tantos ciudadanos? ¿Por qué, al pedirles el voto, se ocultan las verdaderas intenciones de la política que se impulsará en el futuro? ¿Por qué no se procede según los principios que sustentan el sistema democrático (la soberanía reside en el pueblo)? Estamos ante ejemplos claros de posiciones antidemocráticas.
Uno siente vergüenza ajena al escuchar la amenaza de anular las próximas elecciones en Alemania, ‘como ya hicimos en Rumania’ (Thierry Breton, ex comisario europeo). Es decir, apostilla Félix Ovejero, “según nos parezcan las resultados”. ¡Vaya gente lleva mi carro! Los sicarios de lo woke. que han venido impulsando a diario una ‘agresiva dictadura’ (Pérez Reverte) en lo político, en lo social y en lo moral.
¿Qué se puede esperar? Malestar creciente, desprestigio total, pérdida de confianza y credibilidad democráticas. Ahora resulta que “el poder decide lo que es justo” (Joaquín Manso). La ley del más fuerte. Lo mismo que diría Trump. Sanchismo puro: autocraciadegenerativa.
