Se encarnó de María, la Virgen

¡Feliz martes! Sé perfectamente que la obra de hoy ya ha aparecido antes, incluso en la misma versión, pero me apetecía mucho traerla hoy, a propósito de que hoy es el día de la encarnación o de la anunciación. Dejémonos maravillar una vez más.

Va a estar hoy con nosotros Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), compositor austríaco nacido en Salzburgo. Con solamente seis años ya empezó a escribir sus primeras composiciones y, por ese tiempo, su padre organizó una gira de conciertos por toda Europa que duró nada menos que cuatro años, llevándolo por casi todos los teatros como si fuese una atracción. El niño dejó honda huella en ciudades como Múnich, Viena, Frankfurt, Bruselas, París, Versalles, Londres, La Haya, Ámsterdam, Dijón, Lyon, Ginebra o Lausana. Por supuesto, en ese viaje tuvo oportunidad de aprender también. Así, por ejemplo, conoció a Johann Christian Bach, quien le enseñó el arte de componer sinfonías. Mozart tocaba varios instrumentos de forma magistral, entre ellos el clave y el órgano. De hecho, para este último instrumento mostró tal talento que se le ofreció un puesto en Versalles, pero lo rechazó puesto que su objetivo no era otro que la capital vienesa.
Cuando el maestro falleció hacía dejado sin terminar su Misa en do menor, KV 427. De hecho, casi lo último que compuso de ella es lo que vamos a escuchar hoy, como es el Et incarnatus est. Para este fragmento, dejó anotadas las líneas vocales, las partes obligadas de flauta, oboe y fagot, así como el bajo, de forma que las líneas de las cuerdas debían ser completadas por los subsiguientes editores. Hay quien dice que lo compuso pensando en el nacimiento de su hijo Raimundo Leopoldo, pero que dejó de componer la misa tras el fallecimiento de este unos meses más tarde. En cualquier caso, se trata de una de los fragmentos más bellos de toda la producción de Mozart.
La interpretación es de Carolyn Sampson (soprano) y Bach Collegium Japan dirigido por Masaaki Suzuki.