Ahora que el papa Francisco…
| Pablo Heras Alonso.
Estoy terminando de leer la última encíclica del Papa Francisco, “Dilexit nos” (Nos amó) publicada el 24 de octubre de 2024. Está bien recordar bajo otro punto de vista temas ya excesivamente manidos. A la vista de un lector imparcial, es decir, no creyente, no añade nada nuevo en cuanto a consideraciones sobre el amor. Otra cosa es el hecho de que, con el símbolo del corazón, aborde el amor humano y el amor divino bajo criterios creyentes: el Corazón de Jesús, así como el amor de Cristo hacia la humanidad.
En su momento, año 2015, el que un papa abordara un asunto ecológico con una encíclica, “Laudato sì”, me pareció algo fuera de lugar, acostumbrados como estábamos a sus antecesores: la “casa común”, la crisis ambiental, la responsabilidad de la humanidad en la protección del planeta… Lo mismo que con “Fratelli tutti”, son temas recurrentes en su última etapa vital. Suponemos que son temas que han ido madurando dentro de él durante muchos años y no algo coyuntural aprovechando aquello del Pisuerga.
Hoy está la cristiandad expectante sobre su grave enfermedad, lo cual nos da pie a pensar en lo que ha sido hasta aquí su periplo papal considerando aquello que se puede encarecer o lo que parece que se puede tachar.
Es justo resaltar, en cierto contraste con sus predecesores, que ha destacado por su cercanía a las personas, su humildad y su fuerte compromiso con la justicia social. Muchos de sus discursos se refieren a la compasión, a la misericordia, al diálogo, a la tolerancia y a la aceptación de las personas, sobre todo los emigrantes. Es una constante en él la llamada a la misericordia y el perdón, instando a que la Iglesia, “la casa común”, acoja a todos, especialmente los marginados y necesitados.
Es de alabar su deseo de vivir con sencillez, como el pequeño gesto de residir en Santa Marta, buscando, dentro de lo que cabe, ser accesible a cualquiera.
Asimismo, algo a destacar en su haber es el fomento del diálogo interreligioso, así como la búsqueda de la paz. Siempre ha puesto por delante el respeto mutuo y la cooperación para construir un mundo más justo y fraterno y siempre ha apelado, para la solución de conflictos, como no podía ser menos, a la diplomacia, la reconciliación y el perdón. En lo tocante a justicia social y ante los líderes mundiales, ha denunciado la desigualdad, la pobreza y la explotación.
Todo esto nos muestra una novedad en el papado: la humildad, la cercanía, la justicia; el amor, la misericordia y el cuidado del prójimo, asuntos que repercuten y afectan a millones de personas, sean de tal o cual creencia , demostrando que la fe y la acción pueden ir de la mano para construir un mundo mejor.
¿Se puede decir que Francisco es un líder mundial? Es cierto que además de jefe de la Iglesia católica es también jefe de un Estado, el Vaticano. En ese sentido su influencia podría transcender lo religioso y llegar a la política, la economía y los derechos humanos. Pero… no deja de ser “el papa”, unido indisolublemente a una religión. Para los suyos, los católicos, es un referente moral; para los demás, depende de muchos factores.
Frente a esta visión elogiosa y loable, hay, sin embargo, aspectos que a otros pueden no convencer. Le achacan su estilo populista, de tal forma que ha distorsionado la naturaleza del papado, con un desapego ficticio de los símbolos y fastos pontificios. Ese deseo de hacerse cercano puede entenderse como una humildad forzada o convencional, ya que no puede prescindir de su rango y su estatus.
Se podría decir que todo su mensaje ha sido una estrategia de marketing, buscando hacerse atractivo a la opinión pública, sin que haya detrás una base sólida en la doctrina católica. Ha habido gestos artificiosos, por ejemplo sus críticas al “clericalismo” o el rechazo del apartamento papal, que no se han correspondido con reforma alguna de calado, con lo cual lo único que ha conseguido es un debilitamiento de la identidad católica.
Más controvertido ha sido su posicionamiento político, si se puede hablar así de un líder religioso. Se le ha sentido cercano a ideologías supuestamente progresistas, alejadas de la tradición de la Iglesia. No es que esto sea reprochable, pero ello ha ido unido a un velado respaldo a movimientos y líderes de izquierda que ha dividido a los católicos. Sus opiniones sobre el cambio climático, la inmigración o la economía más son propias de un activista político que de un líder espiritual.
Hay sectores católicos que destacan negativamente la vacuidad doctrinal de sus mensajes, con una retórica ambigua y confusa. Frases que se pueden interpretar de muy diversas maneras, entre ellas la laxitud en cuestiones morales fundamentales, que podrían conducir a una relativización de la fe. Dicen de él que entre el rigorismo y el laxismo, ha caído en lo segundo como ese “misericordia sin verdad" de la interesante y larga carta de 2016 “Amoris laetitia”.
En definitiva, el pontificado de Francisco ha estado caracterizado por el populismo, el oportunismo político y una preocupante falta de claridad doctrinal. En su afán de agradar al mundo, ha dejado de lado el deber fundamental del sucesor de Pedro: confirmar en la fe a sus hermanos y custodiar la Tradición de la Iglesia. Eso dicen algunos.
¿Qué pensar del papa Francisco, pues? Depende de la perspectiva de cada persona. Para unos, incluso no católicos, es realmente un líder mundial por el modo con que ha planteado temas sociales, políticos y humanitarios. Ahí está su insistencia en cuestiones globales citadas como el cambio climático, la pobreza, la paz mundial, los emigrantes y los derechos humanos. Y también respecto a cuestiones más intra eclesiales, como la humildad, la justicia social y el diálogo interreligioso.
Para otros… lo dicho. Quizá haya influido mucho en él lo que se dice de los argentinos, que siempre quieren quedar bien con todos. Deseamos que esa bonhomía que le ha acompañado en su vida, le sirva de apoyo para sobrellevar estos momentos tan delicados.