El presidente de la CEE ya no solo condena a la sociedad y ofrece a la Iglesia como cauce para el diálogo Argüello vira el rumbo (aunque mantiene el acento)

Luis Argüello, presidente de la CEE
Luis Argüello, presidente de la CEE EFE

Luis Argüello viró el rumbo en su segundo discurso como presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Bajó el puente levadizo del acuartelamiento y salió a proponer a la sociedad sin condenarla de antemano. Sus miedos y fijaciones siguen ahí. Pero da la sensación de que el arzobispo de Valladolid ha comprendido que la apuesta tiene que ser otra, que el lamento sólo no basta

Una Iglesia que quiere ser cauce para el encuentro y el diálogo en estos días en medio de una fuerte polarización política, social e incluso eclesial, es lo que ofreció el arzobispo castellano en su cambio de discurso. Algo que sorprendió para bien a algunos obispos y preocupó, en cambio, a otros, que ya acariciaban el cambio de ciclo

Luis Argüello viró el rumbo en su segundo discurso como presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Bajó el puente levadizo del acuartelamiento y salió a proponer a la sociedad sin condenarla de antemano. Sus miedos y fijaciones siguen ahí. Pero da la sensación de que el arzobispo de Valladolid ha comprendido que la apuesta tiene que ser otra, que el lamento sólo no basta, pues únicamente conduce a la paulatina deserción de muchos y a la continua insatisfacción de unos pocos y crecidos, como los que en aquel momento, a las puertas de Añastro, llamaban a los obispos sinvergüenzas y profanadores.

Newsletter de RD · APÚNTATE AQUÍ

Comenzó su discurso ya con una marcha acelerada, como hizo en noviembre pasado, pero en la velocidad de crucero que alcanzó enseguida se adivinó un cambio en las coordenadas. Ya no se trataba de los consabidos retos de evangelizar en la actual sociedad española, que tantos quebraderos de cabeza da, y no sólo al Episcopado español.

Bastó añadir un elemento y cambiar el mapa para fijar el nuevo rumbo. De lo que se trata ahora es de cómo evangelizar “en la actual situación”, en lugar de "evangelizar en la actual sociedad española", un ligero matiz que lo cambia todo. Y la corriente de aire en la que quiso situarse Argüello para tomar altura fue la del papa Francisco, trece años después de haber invitado Bergoglio a ofrecer la alegría del evangelio, la misericordia de una Iglesia que abraza y la necesaria conversión pastoral incluso de los muy convencidos.

Argüello en la Plenaria. Detrás, Cobo y Omella
Argüello en la Plenaria. Detrás, Cobo y Omella

No ocultó Argüello que el trayecto está lleno de sobresaltos, pero la imagen ya no era la de sentarse a esperar el apocalipsis final, sino la de contagiar de una esperanza que nada tiene que ver con la happy hour en un contexto en donde, es sabido, predominan los grises.

Un epígrafe muy necesario

De ahí salió un epígrafe que muchos ven necesario en estos tiempos de una guerra cultural a la que se ha sumado alegre e insensatamente una parte nada despreciable de la Iglesia universal, y a la que el propio Argüello ha parecido dar alas en algunos momentos. “Alianza social para la esperanza”, reza este intento para un tiempo nuevo.

Así la llamó el presidente de los obispos y avanzó que en los próximos meses quiere organizar un foro para impulsarla. Quiénes sea finalmente los que vayan a participar dará una idea de la voluntad con la que quiere nacer.

Mesa presidencial de la Plenaria
Mesa presidencial de la Plenaria

En todo caso, es muy positivo que Argüello la haya acompañado con dos interesantes propuestas y un compromiso: fomentar la cultura de la vida (hasta ahora esta expresión es contemplada de una manera excluyente) y retomar sin balbuceos la portavocía de quienes no tienen voz, instando a los partidos mayoritarios a desatascar la ILP que pide la regularización de inmigrantes sin papeles.

Reparar... también a Ángel Gabilondo

Destacable fue también su compromiso con respecto a la reparación a las víctimas de abusos e incluso la disposición a que esta pudiese estar supervisada por el Defensor del Pueblo, a quien sólo fueron capaces de recibir de tapadillo en Añastro y cuyo informe sobre el calado de los abusos en la Iglesia en España fue puesto en solfa e incluso, desde alguna planta superior a la del presidente, se hicieron esfuerzos tirando a chuscos por desacreditar el trabajo de Ángel Gabilondo. Es de imaginar el sobresalto de esos aprendices de fontanero.

Una Iglesia que quiere ser cauce para el encuentro y el diálogo en estos días en medio de una fuerte polarización política, social e incluso eclesial, es lo que ofreció el arzobispo castellano en su cambio de discurso. Algo que sorprendió para bien a algunos obispos y preocupó, en cambio, a otros, que ya acariciaban el cambio de ciclo.

¡Que viene el wokismo de derechas!

Con medio mundo hiperventilando desde la segunda venida de Donald Trump, pareciera que el ilustrado Argüello, consumidor compulsivo de ensayos, haya descubierto los males de wokismo de derechas que ya tenemos encima y la coartada de las agendas globalistas de todo tipo que denunciaban quienes ahora se están empoderando a sí mismos.

Argüello, entre Cobo y Omella, en la Plenaria de marzo de 2025
Argüello, entre Cobo y Omella, en la Plenaria de marzo de 2025 CEE

Y es ahí donde aún se percibe en Argüello un acento añejo, deudor de estas teorías que no dejan de ser vehiculadas por una ideología ya probada y caducada también. Sigue sonando lamentablemente a Vox su innecesaria coletilla -tras referirse a la polémica del reparto de menas por las comunidades autónomas- de "hacer lo posible para que los menores pudieran estar con sus familias". Hay demasiados casos en los que esa fórmula que rezuma un punto de cinismo sólo ha sido posible desgraciadamente en el fondo del Mediterráneo o el Atlántico.

Y, vistos los dos meses de vértigo en los que Trump “precipitó la quiebra” del orden internacional, según palabras del propio Argüello, resulta llamativa su escasa beligerancia con quienes traen bajo el brazo una nueva apuesta antropológica que ya está demostrando su perniciosidad.

La misma condescendencia y actitud de mirar sin querer ver de quienes justifican los atropellos contra la democracia y la dignidad humana de millones de personas que están perpetrando Trump o Putin. A quienes sí se les reconoce, en cambio, que rezan mucho y además, lo suben a Instragram.

Volver arriba