El boato ritual de protestantes y católicos.
| Pablo Heras Alonso.
Los creyentes que piensan, seguro que a veces piensan que no se entiende muy bien cómo el Dios Padre Todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra haya creado un mundo tan incompleto, con tantos defectos y que funciona tan mal. Pues si esto lo aplicamos a la Iglesia, que es pura, santa e inmaculada a la que Jesucristo confió al cuidado y guía del Espíritu Santo, no se entiende que haya tenido que servirse de tanto elemento prestado, de tradiciones paganas coetáneas, de antiguallas políticas y que tenga que apoyarse de manera tan descarada en el poder constituido. Bueno, se sirve de todo para mayor gloria de Dios, eso sí.
A los malévolos como yo, se nos ocurre pensar que quizá haya mucho "espíritu" [interés, afán, propósito], en detrimento de "lo santo", lo cual habría provocado la desaparición de la pureza, santidad y carencia de mácula en la Iglesia. Ese creyente concienciado e informado, al que especialmente nos dirigimos, que sabe cómo la Iglesia santificó lo pagano, puede emitir el juicio que quiera cuando conozca lo mucho que la Iglesia debe a los paganos, que juzgar es una actividad libre y bien poco onerosa. Incluso hasta le perdonamos su desprecio.
Por circunscribirnos a los inicios, a los verdaderos inicios de la Religión Cristiana, el año 313, hay un antes y un después de esa fecha y… qué casualidad, ¡cuánto va de un año a otro! No sé si hablar de “ironía de la historia” cuando afirmo lo que afirmo: en los tres primeros siglos, muchísimos mártires lo fueron por no dar culto al emperador. Esto lo sabe cualquiera.
Lo que ya no sabe, porque no se airea tanto, es que casi en el año 314 no hay empacho alguno en aceptar la divinización fáctica del Emperador después de proclamado y difundido el “edicto de Milán”. Esa perversa idea "pagana" arraigada entre idólatras que veneraban al Emperador, los cristianos la aceptaron de forma natural. No pasaba nada, porque una cosa era considerar dios al emperador y otra venerarlo por su grandeza. Cuestión de enfoque.
Es un hecho que el cristianismo contribuyó a consolidar el carácter sagrado de la persona del emperador y a difundirlo entre los súbditos. La Teología tiene esas cosas, como hacer buena una guerra si luego se pone detrás “justa”. Pues lo mismo ese carácter “sacrogénico” de la autoridad, que ha perdurado hasta hoy: la “auctoritas” del rey, del caudillo, del líder viene de Dios, aplicando a "lo culto" la afirmación "revelada" de Pablo de Tarso.
El emperador era el hijo, el representante o la encarnación “del poder” de Dios. La forma da igual, bien porque Dios elegía al gobernante, sirviéndose de medios que sólo él conoce; bien porque el gobernante se identifica con Dios en sus actos; o bien porque el gobernante era la representación de Dios en la tierra. Esta prerrogativa, y en grado sumo, la haría suya el Vicario de Cristo, al Papa.
La doctrina de que la autoridad viene de Dios no ha sido derogada, o quizá yo no me he enterado. Es doctrina oficial mientras no sea raído del Nuevo Testamento el versículo de Romanos 13.1 que el creyente informado bien conoce. Sin embargo, y como sucedió en el siglo IV con lo del Emperador, en los países otrora católicos y ahora democráticos, las autoridades religiosas no tienen empacho en admitir la “soberanía popular” que procede y reside en el pueblo, el cual, con su voto, la delega en sus representantes políticos. Estoy por creer que echan en falta los creyentes sabios un “corpus doctrinal” que la católica Iglesia bien podría elaborar para descargo de conciencias, algo así como una “Teología de la Democracia”. De haber caído en la cuenta hace quince años, el Papa Francisco habría enmendado a Pablo de Tarso. Hoy, lo suyo es el hospital.
Vayamos a otro asunto también procedente del entorno imperial romano: los eunucos. El que quiera recordar, lea Hechos de los Apóstoles, 8.26 ss. Aparece el apóstol Felipe bajando de Jerusalén a Gaza, que “es desierto” dice H.A. y hoy más que entonces. “Y he aquí que un etíope eunuco, alto funcionario de Candace, reina de los etíopes, que estaba a cargo de todos sus tesoros… …estaba sentado en su carro leyendo al profeta Isaías”. Felipe le explica la lectura, lo bautiza y desaparece.
El papel, el rango y la importancia que tuvieron los eunucos en el entorno del Emperador romano es algo poco sabido. Ellos eran los únicos que podían acceder al Emperador en el Bajo Imperio, de ahí el inmenso poder de que disfrutaron. Su presencia entre los servidores del emperador ya venía de antiguo. Pues se nos ocurre: ¿precedente doctrinal del celibato sacerdotal, afirmando que sólo pueden acceder a Dios seres “espirituales”, angélicos, no contaminados? Quizá tampoco tenga tanta importancia histórica, pero su relevancia dentro del poso conceptual eclesiástico podría servir de hipótesis para la realización de un trabajo histórico sobre el celibato. ¿Qué deja entrever el Evangelio de Mateo 19.12 cuando habla de los que se hicieron eunucos por el Reino de Dios?
Pero al socaire del poder de los eunucos en la corte imperial y en relación con esta última frase de eunucos por el Reino, no puedo por menos de contraponer la sentencia del Deuteronomio, 23.2 que dice: "el que tenga los testículos mutilados o el pene cortado no será admitido en la asamblea del Señor". ¡Vaya por Dios!