Josep Miquel Bausset El Abad Cassià Mª Just

(Josep M. Bausset).- El 12 de marzo de 2008 moría el P. Abad Cassià Mª Just, un hombre que fue un reflejo de la bondad y de la misericordia de Dios. Un hombre con un corazón bueno. Un monje acogedor y lleno de ternura.

Nacido en Barcelona el 1926, ingresó en Montserrat, primero como escolán, el 1939, y más tarde como monje, el 1942. El año 1955, además de estudiar música en París, conoció las pastorales del cardenal Suhard, así como los escritos de Teilhard de Chardin y de Congar, que tan positivamente influyeron en él. El 1964 fue nombrado prior y el 1966, fue escogido por la comunidad Abad de Montserrat.

El P. Abad Cassià, siempre hablaba de aquel aire fresco que fue el Concilio, y que en Montserrat se vivió con gozosa esperanza: "Se ha ganado mucho de del Vaticano II pero no hemos aplicado como seria de desear las grandes orientaciones de Juan XXIII y de Pablo VI, como es la corresponsabilidad de los laicos y especialmente de las mujeres, el sentido de servicio de la jerarquía, la opción preferencial por los pobres, la reforma de la Curia romana".

Con voz libre y profética, el P. Cassià deseaba una "Iglesia plural que no tiene respuesta para topo, pero que busca con confianza, abierta al dialogo con todos aquellos que no se cierran al bien, a la verdad, al amor". Por eso el P. Cassià recordaba con afecto y añoranza a los cardenales Tarancon y Jubany, así como al obispo Joseph Pont i Gol y al nuncio Dadaglio, que hicieron posible la renovación de nuestra Iglesia, gracias al Vaticano II.

El Abad Cassià, que me acogió en el monasterio, y que con él hice mi profesión el año 1986, era un hombre de nuestro tiempo, que soñaba con una Iglesia más sencilla y con un rostro más amable, una Iglesia alejada de la crispación y de las condenas.
El P. Cassià era una persona sencilla y cercana, que sufría por la situación de la Iglesia: "Me preocupa la imagen de miedo y de negatividad que da, a menudo, el Magisterio de la Iglesia", afirmaba en una entrevista. Y continuaba así: "Hay una falta de coraje para sintonizar con nuestra gente".

Hombre abierto y avanzado, el Abad Cassià lamentaba la visión que Madrid tenia de la "periferia" y por eso decía: "El drama es que desde Madrid no saben aceptar la diferencia. Entienden unión como uniformidad". El P. Cassià deseaba una Iglesia más preocupada por anunciar el Evangelio, que por tenerlo todo bien definido y bien legislado.

Enraizado a la cultura catalana, el Abad Cassià defendía el derecho y la obligación de amar nuestra tierra "con el mismo derecho que el papa ama la suya, y Francia ama la suya, y Castilla la suya". A pesar del ambiente de nacionalcatolicismo, el Abad Cassià era un hombre optimista y lleno de esperanza que confiaba que la Iglesia se abriese al mundo moderno, revisando por ejemplo su postura tan rígida respecte a la moral sexual.

Durante su servicio abacial, el Abad Cassià convirtió Montserrat en un lugar de libertad, donde todo el mundo, fuese quien fuese, era bien acogido. Después del encierro de los 300 intelectuales en el monasterio por el Proceso de Burgos, en diciembre de 1970, el Abad Cassià hubo de ir a Roma, donde había estado acusado de recibir a comunistas en Montserrat. Pabl VI, lejos de condenarlo, lo animó: "Ricevete tutti. Reciba a todos, me dijo el papa".

Defensor del País y de la nuestra lengua y cultura, el P. Cassià vivió muy enraizado a la tierra catalana, y Montserrat supo mantener encendida la llama de la lengua, durante la dictadura.

El P. Cassià decía:

"Montserrat es una comunidad con presencia significativa en el corazón de nuestro Pueblo y de la Iglesia de Cataluña. Es una comunidad que cree, tenaz en la esperanza y en la reconciliación, defensora de los derechos humanos y de los derechos de nuestro Pueblo, acogedora de creyentes y no creyentes, dispuesta al dialogo con todas las culturas y religiones".


El Abad Cassià colaboró con diversos ámbitos solidarios, como Acción Solidaria contra el Paro y la Fundación por la Paz.

Cuando al P. Cassià le diagnosticaron la grave enfermedad, los médicos quedaron gratamente impresionados por la serenidad con que reaccionó. Una serenidad y una paz que le venían de su corazón bueno y de la confianza total y absoluta en Dios. Durante su enfermedad tenia detalles con todos y nunca le oí (ya que yo era enfermero de la comunidad) ni una sola queja. Ni tan siquiera cuando habíamos de esperar largas horas en el hospital de Manresa.

El P. Abad Cassià, con discreción y sencillez, nos mostraba el rostro más amable y más evangélico de la Iglesia. Con el papa Juan XXIII, los obispos Óscar Romero, Hélder Câmara y Pere Casaldàliga, el P.Cassià era una persona abierta y de espíritu integrador, acogedora y amable, que ayudó a reencontrar el sentido de la vida a muchísimas persones a las que acogía con afecto, y a las que con un acompañamiento espiritual, les hacía descubrir el gran amor que Dios tenia por ellas.

Fueron muchas las personas anónimas que, con lágrimas en los ojos, pasaron por la capilla ardiente del P. Cassià para agradecerle el don que él fue en sus vidas.
Como no podía ser de otra manera en un hombre de corazón bueno, recordaba a los amigos valencianos de la revista Saó, donde colaboró un tiempo. Y también a los amigos de València, de Albalat de la Ribera, de Algemesí, de Xàbia... Unas semanas antes de morir, aun envió un artículo sobre Tarancon que le pidió va Jordi Bort, director en aquel momento de la revista Burisana, para una miscelánea de homenaje al cardenal de Borriana.

El P. Abad Cassià presentó su renuncia de una manera libre y voluntaria, el año 1989. Hombre guiado por el Espíritu, el P. Cassià fue una persona de una gran sencillez, libertad y valentía. Y fue también un hombre de País, arriesgado y valiente, con un espíritu crítico y a la vez profundamente evangélico.

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