Hoy se tiende a esconder esta pertenencia común de la fe y de la tradición litúrgica por razones ligadas con la propaganda bélica: cuando combates, cuando matas, debes olvidar el rostro y la humanidad del otro, como recordaba el profeta de la paz Tonino Bello. Y hasta debes olvidar que el otro tiene tu mismo bautismo.
"Nueve meses de guerra. Una herida que nos preocupa como cristianos" Andrea Tornielli: "El escándalo de Ucrania, un conflicto entre pueblos que comparten el mismo bautismo"
"La fe y la tradición religiosa nunca pueden darse por sentadas y asumidas. Los cristianos rusos y ucranianos comparten la misma divina liturgia y la misma espiritualidad que es propia de las Iglesias orientales"
"El hecho de que lo que ha estallado en el corazón de Europa sea una guerra entre cristianos hace que la herida sea aún más dolorosa para los seguidores de Jesús"
"¿Cuánto camino debe recorrer aún el mensaje evangélico para entrar en el corazón de los cristianos y permear su cultura, para encarnar el ejemplo de Jesús?"
"¿Cuánto camino debe recorrer aún el mensaje evangélico para entrar en el corazón de los cristianos y permear su cultura, para encarnar el ejemplo de Jesús?"
El hecho de que lo que ha estallado en el corazón de Europa sea una guerra entre cristianos hace que la herida sea aún más dolorosa para los seguidores de Jesús. No nos encontramos frente a un conflicto que pueda clasificarse en el cómodo esquema del "choque de civilizaciones", teoría que se hizo famosa tras los atentados islamistas del 11 de septiembre de 2001 para marcar las diferencias entre "nosotros" y "ellos". No, aquí los agresores leen el mismo Evangelio que los agredidos.
La consternación suscitada por esta observación podría llevarnos a reflexionar acerca de cuánto camino debe recorrer aún el mensaje evangélico para entrar en el corazón de los cristianos y permear su cultura, para encarnar el ejemplo de Jesús, que en el Getsemaní ordenó a Pedro que volviera a meter la espada en la vaina. Incluso podría inducirnos a subir al púlpito sentencioso y tranquilizador de quienes quieren marcar la diferencia entre "nuestro" cristianismo y el de los belicistas que mezclan iconos sagrados con banderas de soldados, justificando la agresión y la violencia con discursos religiosos, como hacíamos hasta anteayer y como, tal vez, alguno desearía hacer también hoy.
"¿Cuánto camino debe recorrer aún el mensaje evangélico para entrar en el corazón de los cristianos y permear su cultura, para encarnar el ejemplo de Jesús?"
Pero esta actitud sólo sería para nosotros sólo una cómoda vía de escape, una forma de auto absolución para no mantener abierta la herida generada por esta guerra.
El conflicto en curso en Ucrania nos enseña en cambio que la pertenencia a una tradición común, el recuerdo de una identidad y de una cultura que tienen su origen en el mismo anuncio evangélico, no bastan para evitar que nos deslicemos hacia la barbarie de la violencia, del odio y de la guerra asesina.
Mantener la herida abierta significa entonces recordar cada día que nuestra fe y nuestras tradiciones religiosas no pueden darse nunca por sentadas ni por supuestas. Significa recordar que sólo podemos actuar como cristianos por gracia, no por tradición o cultura. Significa recordar las palabras de Jesús: "Sin mí no pueden hacer nada", para volver a ser humildes mendigos de Él, vivo y presente hoy, y de su paz.