Homenaje a Jorge, Rubén, Amadeo, Iván y David Oración desde el corazón de la mina

"Desde el vientre oscuro de la tierra, desde el túnel que devora la luz, claman cinco nombres al viento: Jorge, Rubén, Amadeo, Iván, David"
"Las lámparas se han apagado, la galería se ha cerrado, pero en las cuencas del Bierzo y Laciana el duelo es llama encendida"
"Señor de la vida, que el trabajo no sea tumba sino pan y hogar, que nunca más el grisú se lleve el nombre de un padre, de un hermano, de un hijo"
"Señor de la vida, que el trabajo no sea tumba sino pan y hogar, que nunca más el grisú se lleve el nombre de un padre, de un hermano, de un hijo"
| José Luis Iglesias, consiliario de la HOAC de Bilbao
(Noticias Obreras).-
Desde el vientre oscuro de la tierra,
desde el túnel que devora la luz,
claman cinco nombres al viento:
Jorge, Rubén, Amadeo, Iván, David.
Sus manos de carbón y sudor,
su aliento entre el polvo y la piedra,
hoy son ceniza, son grito,
son un lamento que pide justicia.
Madre Tierra,
que en tu seno forjas la riqueza,
¿por qué con entrañas de dolor
te cobras la vida de tus hijos?
No es la mina quien mata,
es la prisa, el descuido,
es el puño que aprieta el jornal
y olvida la piel de los hombres.
Madre Tierra, que en tu seno forjas la riqueza, ¿por qué con entrañas de dolor te cobras la vida de tus hijos?
Las lámparas se han apagado,
la galería se ha cerrado,
pero en las cuencas del Bierzo y Laciana
el duelo es llama encendida.
Orallo, Sosas, Villaseca, Torre del Bierzo,
pueblos de luto, casas de sombra,
pueblos heridos que saben
que bajo el suelo se libran batallas
y que el trabajo es dignidad
cuando no es condena.

Los jóvenes mineros miran la veta,
saben que en sus manos
hay historia, hay presente,
pero ¿habrá futuro?
La mina es escuela de vida
y también de muerte
si la justicia no baja con ellos
hasta la tercera planta.
Pero entre el luto y la rabia
brota una semilla de primavera.
En las manos de quienes luchan,
en la voz de los que no callan,
en el sudor que exige derechos,
hay una esperanza tallada en piedra.
En las manos de quienes luchan, en la voz de los que no callan, en el sudor que exige derechos, hay una esperanza tallada en piedra
Los que salieron con vida,
los rescatados que vieron la muerte
y volvieron a la luz,
son signo en medio de la noche.
Como en tiempos de Jesús,
buscamos signos para creer,
para afirmar que la vida vence.
Y los encontramos
en los que luchan, en los que cuidan,
en quienes no bajan la cabeza.
Militantes cristianos, obreros, sindicalistas, Iglesia que camina con botas de trabajo, decimos con fe y con rabia: ¡El trabajo es para la vida!
Militantes cristianos, obreros, sindicalistas,
Iglesia que camina con botas de trabajo,
decimos con fe y con rabia:
¡El trabajo es para la vida!
No para la tumba,
no para la desesperanza,
sino para el pan y la justicia,
para el hogar y la esperanza.
Señor de la vida,
que el trabajo no sea tumba
sino pan y hogar,
que nunca más el grisú
se lleve el nombre de un padre,
de un hermano, de un hijo.

Desde el fondo de la mina, Señor,
alzamos esta oración de justicia y memoria.
Que el sacrificio de Jorge, Rubén, Amadeo, Iván y David
no quede enterrado en el olvido,
sino sembrado en la lucha,
en la dignidad del trabajo
y en la promesa de una vida
que no vuelva a apagarse bajo la roca.
Amén.
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