#cuaresmafeminista2025 Mujeres en resistencia

Mujeres en resistencia
Mujeres en resistencia

“El rey de Egipto ordenó a las parteras hebreas, Sifrá y Puá: ‘Cuando asistan a las mujeres hebreas en sus partos, fíjense en el sexo. Si es niño, mátenlo; si es niña, déjenla vivir’. Pero ellas desobedecieron. Cuando el rey les preguntó por qué lo habían hecho, respondieron: ‘Las mujeres hebreas no son como las egipcias, son más fuertes y dan a luz antes de que lleguemos’”. (Éxodo 1, 15-22).

Las parteras Sifrá y Puá, desobedeciendo una orden injusta, salvaron vidas y se convirtieron en símbolo de la resistencia civil. Ellas entendieron que hay momentos en los que, ante el abuso del poder, la única respuesta posible es la desobediencia.

Dice mi hija Laura que ella aprendió lo que son los derechos humanos cuando tenía 7 años, y de mi mano, cuando recorrimos la ciudad de Chihuahua gritando: ¡Tortura, nunca más! Fuimos a esa protesta convocada por mi amiga Emilia González, de COSYDHAC. Al terminar, Laura me preguntó:

—Mamá, ¿qué es tortura?

Me puse de cuclillas para mirarla a los ojos y le respondí:

—¿Recuerdas que fuimos al edificio donde está la policía? Pues en ese lugar hay un sótano donde los policías golpean a las personas.

Me miró con la inocencia de su edad y me preguntó:

—Mamá, ¿y esos hombres que los policías golpean son malos?

Mi respuesta fue clara:

—Eso no importa, pero no deben ser maltratados.

Dicen que ahí, a los 7 años, entendió lo que son los derechos humanos.

En la larga trayectoria que hemos caminado juntas en defensa de los derechos humanos, aunque medie entre nosotras un océano y vivamos en continentes distintos, nuestras manos siguen unidas y en consulta permanente.

Recuerdo un evento en Ciudad Juárez, hace más de 20 años. Acudieron autoridades federales para dar seguimiento a las denuncias sobre los feminicidios. Entre las demandantes de justicia estaban, además de las madres, Miriam, la esposa de Víctor García Uribe, El Cerillo, un hombre detenido en 2001, torturado y obligado a autoinculparse en los asesinatos de ocho mujeres cuyos cuerpos fueron hallados en un campo algodonero.

Mi hija Laura no soportó verla en soledad, sosteniendo una manta que decía “Cerillo inocente” . Sin pensarlo, trepó en una silla y juntas la sostuvieron. La respuesta del poder no tardó en llegar: Laura había obtenido una beca del gobierno de Chihuahua y el de Estados Unidos para estudiar en Washington. Poco después, le llamaron para informarle que el gobernador Patricio Martínez había cancelado su beca.

Han pasado los años y nuestras consultas continúan. La vida sigue sorprendiéndonos. Anoche, casi a punto de dormir, me llamó consternada. Una maestra le compartió su preocupación: existía la posibilidad de que la migra entrara a la escuela donde estudian sus hijxs, Lía y Theo. Otra madre le dijo:

—Sé que estás organizando un grupo para apoyar a las madres indocumentadas, y quiero sumarme.

Entonces, le pregunté:

—Dime, ¿cuál es la estrategia?

Su respuesta fue inmediata:

—Con lo que me enseñaste: con la resistencia civil pacífica. La maestra me dijo que, antes de que se llevaran a algunxs de sus alumnxs, tendrían que pasar sobre su cadáver. Y eso haremos.

Laura y la maestra me recuerdan a las parteras de la resistencia. Como Sifrá y Puá, que en tiempos de opresión decidieron desobedecer para proteger la vida. Ellas no dudan en enfrentarse a la injusticia. como tantas mujeres antes que ellas, entendieron que no hay justicia sin resistencia y que no hay lucha sin comunidad.

Su respuesta me conmovió profundamente. Le recordé la resistencia civil pacífica en las cadenas telefónicas que activamos en El Barzón, cuando una llamada bastaba para que dejáramos todo, sin importar lo que estuviéramos haciendo, y saliéramos corriendo a impedir un desalojo. En mi familia lo tenían claro: en medio de un cumpleaños o una comida, dejaba el plato y salía corriendo.

Después de colgar, mis recuerdos me llevaron a otro momento. Me vi de nuevo con mi túnica negra y mi sombrero rosa, postrada en la calle Libertad, frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, formando con nuestros cuerpos la frase Ni una más.

La fuerza que el feminismo no solo se dice, se encarna. Que el cuerpo no solo sufre la violencia, también la enfrenta, la desafía, la combate. Que el performance no es solo arte, sino estrategia política, una forma de resistencia que grita sin palabras.

Y pensé en cómo el patriarcado, ahora encarnado en el puño de un hombre, Donald Trump, sigue causando tanto sufrimiento. Un Hitler contemporáneo ante el cual los gobiernos, poderosos pero timoratos, se pliegan a sus caprichos.

Sin embargo, también pensé en la resistencia, en esas luchas que, desde la sociedad civil, siguen apostando por la dignidad y la defensa de los derechos humanos.

Las parteras de la resistencia no solo vivieron en tiempos bíblicos. Siguen vivas en cada mujer que, con valentía, se niega a obedecer órdenes injustas.

Siguen vivas en quienes ponen el cuerpo como frontera ante la injusticia, en quienes entienden que la resistencia no se pide: se hace, se encarna, se vive.

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