Las Siervas del Plan de Dios, las ‘rockeras de Dios’ piden perdón en su comunicado final Segunda estación: caen las Siervas del Plan de Dios, la otra rama femenina del Sodalicio

"El Sodalicio adquirió el dudoso honor de ser una aterradora secta católica que hoy avergüenza Latinoamérica entera y preocupa seriamente al Vaticano"
"El Sodalicio era en principio solo para hombres. El misógino y homoerótico Figari no podía imaginar que pudiera servirse de mujeres en la guerra que estaba por librar"
Camila Bustamante cuenta que “muchas terminaron hospitalizadas en clínicas psiquiátricas, otras tantas han tenido ideación suicida ‒algunas han intentado quitarse la vida‒, y la inmensa mayoría completa años y años de terapia para tratar de exorcizar esos demonios que les ocasionaron problemas de estrés postraumático, sobre todo a aquellas que sufrieron agresiones sexuales”
"La asociación pública de fieles Siervas del Plan de Dios, las ‘rockeras de Dios’, después de su petición de perdón en su Comunicado, descansen en paz y con ellas, el resto de la secta del inframundo creada por Figari"
Camila Bustamante cuenta que “muchas terminaron hospitalizadas en clínicas psiquiátricas, otras tantas han tenido ideación suicida ‒algunas han intentado quitarse la vida‒, y la inmensa mayoría completa años y años de terapia para tratar de exorcizar esos demonios que les ocasionaron problemas de estrés postraumático, sobre todo a aquellas que sufrieron agresiones sexuales”
"La asociación pública de fieles Siervas del Plan de Dios, las ‘rockeras de Dios’, después de su petición de perdón en su Comunicado, descansen en paz y con ellas, el resto de la secta del inframundo creada por Figari"
| Renzo Orbegozo Benvenuto, víctima del Sodalicio
Con una nota de prensa colgada el 4 de abril de 2025 en la página web de las Siervas del Plan de Dios, se cierra esta experiencia “carismática” que empezó hace 26 años de la mano de Luis Fernando Figari Rodrigo, el laico peruano psicópata que quiso evangelizar el mundo.
La radiografía de un cardenal
Uno de los que mejor conoció a Figari y lo ha sufrido en los últimos siete años es el cardenal limeño Carlos Castillo Mattasoglio.
A Carlos Castillo le tienen particular fijación la Infovaticana de los Ariza, La Abeja de Luciano Revoredo, la Infocatólica de el Opus-El Yunque y el EWTN del gran teólogo de Odín, Alejandro Bermúdez, aunque al final todos ellos sean intercambiables según el historiador Santiago Mata (‘El Yunque en España. La sociedad secreta que divide a los católicos’).

Atacado un día sí y el otro también por la ultraderecha eclesial, en un reciente artículo antológico publicado en El País el 19 de octubre de 2024, Castillo desnudó el personaje de Figari: ‘El Sodalicio, un experimento fallido de la guerra fría en Latinoamérica’.
Según este Cardenal, frente a la cada vez más potente teología de la liberación que, purificada de algunos elementos marxistas en 1984 con ayuda del entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Ratzinger, se convertiría en una expresión original y válida de la Iglesia en Latinoamérica, Figari, quiso frenar el comunismo en Perú proponiendo una “teología de la reconciliación” que era más un slogan que una realidad.
En 1978, el sodálite Alfredo Garland, dirigido por Figari, publicó el estudio de más calidad que pudo producir el Sodalicio a lo largo de su historia, un panfleto prescindible titulado “Como lobos rapaces: Perú ¿una iglesia infiltrada?’’. Agotado por tanto esfuerzo intelectual, el Sodalicio abandonó los libros y se pasó a las libras: me remito a mi anterior artículo ‘La caída del P. Baertl, el ‘padrone’ del Sodalicio’.
El Sodalicio se convirtió en pura brutalidad pseudo-militar. Necesitaba formar ‘soldados de Cristo’ lo más robotizados posible y para ello no hacían falta intelectuales.
Durante mis años de formación en el Colegio Peruano Alemán Alexander Von Humboldt de Lima, recuerdo que un profesor nos insistía en que “Der Krieg wird nicht nur durch Waffen gewonnen, sondern durch die Tapferkeit und Disziplin der Soldaten” (La guerra no se gana solo con armas, sino con el coraje y la disciplina de los soldados).

Para ello, Figari, Doig, Eguren y otros enamorados acólitos de la ideología fascista de José Antonio Primo de Rivera y Corneliu Zelea Codreanu, con el dinero que timaba cada vez con mayor profesionalismo el Padre Baertl y el guapo Len, formaron una compañía (nunca llegaría a batallón) de consagrados que, debidamente ideologizados y rotos psicológicamente, incapaces para gestionar la vida cotidiana, obedecían ciegamente cualquier consigna u orden.
“La formación que ofrecía el Sodalicio a sus adeptos eran consignas ideológicas elitistas, pensamientos simplistas y rechazo del análisis racional”, clava el cardenal Castillo.
Aquel delirio pseudo-religioso de Figari, enemigo acérrimo del también peruano Gustavo Gutiérrez, empezó con Sergio Tapia en el colegio marista limeño San Isidro para pasar luego al Santa María de los Marianistas: de ahí saldría el ‘núcleo fundacional’.
Poco después, con elementos de tinte esotérico que tanto gustaban a Figari y a su vicario Doig, candidato a santo de calendario porno, más algunas dosis de violento sadismo a lo Tokumura de los formadores encargados de convertir a los novicios en “mitad monjes, mitad soldados”, el Sodalicio adquirió el dudoso honor de ser una aterradora secta católica que hoy avergüenza Latinoamérica entera y preocupa seriamente al Vaticano.

Sus centros de formación en el balneario sureño de San Bartolo pasaron a ser una pesadilla de abusos para algunos de nosotros, incautos muchachos de buenos colegios capitalinos, de clase media o alta peruana, normalmente de familias con problemas, que buscaban en aquel grupo religioso de élite la salida para sus inquietudes juveniles.
A mí mismo me destrozaron la vida después de una educación primaria y secundaria privilegiada, para lo que eran los standares de Lima. Mi sueño era ser piloto de aviación comercial. Tenía el apoyo económico de mis padres y caí en las garras de aquella secta que es el Sodalicio. Sufrí abusos de conciencia y de poder que me destrozaron hasta el punto que hoy padezco una diabetes tipo 1 (Mellitus).
Me salí del Sodalicio sin concluir mi ultimo semestre de estudios universitarios, truncados por la obediencia sodálite y lo que es peor, sin cobertura de salud en las complicaciones futuras de la diabetes por preexistencia, gracias a la malévola decisión de cortarme el seguro que tomaron los delincuentes corruptos Regal, Moroni y, como no, el padre Baertl.
Este era el engendro de Figari, el gurú bendecido por la jerarquía corrupta peruana. Con la ayuda del entonces Arzobispo de Lima, cardenal Landázuri y después del más que controvertido cardenal Cipriani. Sin olvidar el sostén de Mons. Brazzini, el maestro de Raúl Chau Quispe en el negocio turbio de las obras de arte religiosas y luego con el de los nuncios sodanitas Tagliaferri y Dossena para conseguir un reconocimiento canónico plagado de irregularidades.

Finalmente, con los nuncios Passigato y Musaró, con los cardenales Martínez Sistach y Ghirlanda, con el Padre Baertl, los 4 hermanos Len, Gonzalo Flores, Ari Alcántara y otros compinches: entre todos, consolidaron un holding acusado ante la fiscalía peruana y ante el Vaticano de lavado de activos. De grupúsculo fachista idealista, el Sodalicio se hizo adulto como aburguesada corporación multinacional.
El Sodalicio con faldas
El Sodalicio era en principio solo para hombres. El misógino y homoerótico Figari no podía imaginar que pudiera servirse de mujeres en la guerra que estaba por librar.
Sin embargo, muy pronto empezaron algunas jóvenes a solicitar vivir como sus admirados correligionarios. Algunas de ellas, las futuras Fraternas que querían consagrarse al proselitismo sodálite sin perder su apariencia laical, terminarían sexualmente abusadas y rotas psicológicamente. Como dan valiente testimonio Rocio Figueroa y Fernanda Duque.
Otras, como la buena de Stefany Navarro o la malvada Andrea García, pensaron consagrarse de manera más radical si cabe al apostolado sodálite, vistiendo un hábito negro de cabeza a los pies como monjas que nunca fueron. En realidad, no pasaron de ser toda su vida simples cofrades de una nueva tragedia con marca de la ‘casa Figari’.
Siervas, las monjas rockeras
Las Siervas del Plan de Dios (SPD) empezaban a ser reconocidas como las monjas rockeras que harían bailar a los peregrinos en la JMJ (La Razón, 12 de enero de 2019). Preparando la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, se subrayaba que estas “monjas”, las ‘Sister Act latinas’, arrasan desde el 2014 en las redes sociales y están convencidas de que es más fácil difundir el mensaje de Dios a ritmo de rock”.

Interpretando desde violines hasta baterías, las Siervas eran estrellas del nuevo pop religioso, llenando grandes escenarios en países como Ecuador, Chile, Panamá, Honduras, Guatemala, El Salvador, Estados Unidos, México, Costa Rica e, incluso, Colombia.
Los focos del escenario cegaban a los espectadores. Estas Spice Girls recatadas y en apariencia virginales, escondían desde el 2018 denuncias gravísimas que pasaron a ser su pan de cada día.
Siervas, las monjas abusadas
Como afirmó en una entrevista a France24 el 4 de agosto de 2022 una ex Sierva chilena, Camila Bustamante, la que mejor conoce lo ocurrido y más se ha esforzado por denunciarlo, “todas las mujeres que han pasado por las Siervas del Plan de Dios tienen marcas de por vida”: el libro de Camila ‘Siervas’ siempre será referencia imprescindible y de obligada lectura para comprender el fenómeno sectario de las SPD en la Iglesia.
“Todo un rosario de atropellos y torturas que pasan por el abuso psicológico y espiritual, llegando, en el peor de los casos, al sexual”, denunció el periodista colombiano José Alberto Mojica Patiño.

Claudia Duque
“Una joven de un país sudamericano que llegó a las Siervas, a los 17 años, padeció múltiples agresiones en el Hogar Santamaría, propiedad de una universidad de la región y donde acogían a jóvenes de poblaciones vulnerables. Le aniquilaron la razón y el espíritu, la torturaron psicológicamente, la sometieron a duros oficios domésticos y a obedecer sin derecho a abrir la boca, como un borreguito que sigue ciegamente a su pastor sin saber que va directo al matadero. Una oveja mutilada’.
‘La distanciaron de su familia, que vivía a miles de kilómetros. Y, como era una orden, solo podía hacer una llamada cada dos semanas, en promedio, siempre con una compañera al lado, vigilando la conversación. Si estaba triste, no podía expresarlo. Ni quejarse. No tenía permitido tener un correo electrónico. Solo había uno, para todas, de acceso público. Y entre todas esas experiencias tan dolorosas, la última fue la más cruel”.
Para esta joven postulante en Sonsón-Rionegro, “su consejera, una antioqueña llamada Claudia Marcela Duque, era el monstruo que le respiraba en la cara, en la nuca, con dos bolas de fuego en los ojos. ‘Yo no quería, pero me obligaba a entrar a su habitación. Entonces, se tiró encima de mí en un mueble; me sentía incómoda al sentir su cuerpo encima del mío, pero no me atreví a decirle nada. Solo hice el ademán de que no había pasado nada. Ella se reía y no se salía de encima de mí; fue horrible sentir sus pechos encima. Traté de pararme y nuevamente me cogió los brazos y empezó a saltar, y se volvió a tirar encima. Y hacía que se reía y que por eso no se podía parar’, se lee en la denuncia que interpuso el 21 de junio de 2022 en la Arquidiócesis de Lima’’.
Tuvo que acudir a Lima porque el obispo de Sonsón Rionegro, Mons. Fidel León Cadavid Marín, nunca quiso atenderla. A sus 73 años, este encubridor aún no ha sido llamado a rendir cuentas por su delito.

Andrea García
La hermana Andrea García Avendaño, la Superiora General de origen argentino, alta, espigada, a quien conocí mientras era a finales del 93 miembro de la FMR. Ella sería la elegida de Figari para llevar a las Siervas a ser una gran congregación, convirtiéndose en otra victimaria, quizás la peor. “Sus ojos negros que transmitían calma y furia, según la ocasión‒ era capaz de conmover a la persona más recia y de despellejar a la más débil. A través de esa mirada tierna pero inquisidora tenía el poder de escoger o descartar a las muchachitas que integrarían su redil o de reclutarlas mejor, para círculo interno, su séquito de esclavas, según relatan las víctimas que lograron escapar”.
“Andrea García fue la encargada de instaurar una máquina endemoniada y sistemática de tortura psicológica, abuso espiritual y de poder, humillaciones, gritos y tocamientos abusivos: conductas que escasamente les permitían, a las monjas a su cargo, respirar. Y obedecer, con la cabeza agachada”. “Nunca me permitían ver a mi familia, no pude crear vínculos con ellos durante los 14 años que estuve dentro. Hoy lamenta saberse perdida a sus 37 años”.
La denunciante contra el abuso sistemático de las Siervas sostiene que “mucho se ha hablado sobre los curas que violan niños, pero muy poco, o nada, de los abusos en las monjas. Creo que ha habido discriminación de género en el cubrimiento de esos temas por parte de los medios de comunicación”.
“El modus operandi de Claudia Duque y Andrea García cuando estaban juntas era invitar a una de las religiosas a su habitación, con la excusa de que la otra la estaba molestando, y ahí aprovechaban para manosearlas y abusar sexualmente de ellas. Y hay testimonios de ex religiosas que señalan que, tras entrar a sus aposentos, era normal que Andrea García Avendaño saliera desnuda de la ducha’.
‘De hecho, se cree que las dos mujeres tenían una relación sentimental, pues cuentan que siempre se mandaban regalos ‒Andrea vivía en Lima, y Claudia, en El Carmen de Viboral‒ y cada vez que se veían dormían juntas a la vista de todas. A la vista de Dios y de la santísima Virgen María’.

Otra víctima de Andrea fue la antioqueña Paola Mattos, quien quedó coja de por vida tras cumplir una orden absurda y arbitraria de la superiora Andrea García, quien la obligó a pasar por unas escaleras a oscuras, sabiendo del terror que le generaban las penumbras. Rodó y rodó y rodó y terminó partiéndose la tibia y el peroné. Los huesos le quedaron como un huevo quebrado contra el piso. Y hasta la fecha se ha sometido a 14 o 15 cirugías, ya ha perdido la cuenta exacta, de reconstrucción de su pie derecho. Los médicos han intentado, infructuosamente, recuperar la movilidad en ese pie remendado a pedazos. Desde entonces, debe caminar con un bastón”.
Lo terrible del lavado de cerebro que intentaban en esta secta que eran las Siervas del Plan de Dios es que “cuando me preguntaron cómo me caí y pregunté a mi consejera por qué me obligaron a bajar por esas escalas, ella me corrigió y me hizo escribir cien veces: ‘el que obedece nunca se equivoca’”.
Carmen Cárdenas
Otra victimaria destacada fue la peruana Carmen Cárdenas, quien se desempeñó como superiora general, con varias denuncias sobre abuso de poder, maltrato y abuso espiritual.
‘Como nos obligaban a enviarles a las superioras un informe mensual que era un confesionario sobre los pensamientos, sentimientos y pecados, allí insistí en que esa amistad, que ellas consideraban pecaminosa, era totalmente transparente. Recuerdo los gritos, humillaciones y órdenes al estilo militar de mi entonces consejera, Carmen Cárdenas: una ilustre desconocida que, en lugar de monja, debió haber sido guardiana de una cárcel’, denuncia Ángela Cardona.

Las casas de los horrores
Camila Bustamante cuenta que “muchas terminaron hospitalizadas en clínicas psiquiátricas, otras tantas han tenido ideación suicida ‒algunas han intentado quitarse la vida‒, y la inmensa mayoría completa años y años de terapia para tratar de exorcizar esos demonios que les ocasionaron problemas de estrés postraumático, sobre todo a aquellas que sufrieron agresiones sexuales”.
“A otras les prohibían consumir los medicamentos prescritos para tratar sus enfermedades y por ello vieron su salud seriamente afectada. Eso más que una mala práctica es un delito. Y a las que tenían sobrepeso las obligaban a hacer dieta y les restringían el acceso a la comida. Varias, cuenta, terminaron enfrentando serios trastornos alimentarios. Una de ellas terminó tragándose las sobras de la basura”.
“Vivían aisladas la una de la otra. Les tenían prohibido hablar con sus compañeras. Era pecaminoso tener cualquier tipo de amistad entre ellas. Si estaban tristes o preocupadas, no podían conversar al respecto. Eso también era pecaminoso. Con las únicas con las que podían hablar era con las consejeras o superioras. Para castigarlas, se les prohibía salir de la habitación durante largos periodos de hasta un mes. Solo podían tener contacto con la hermana que les llevaba la comida. Les decían que el encierro era un espacio necesario para entrar en comunión con Dios”.
The game is over
‘El día de ayer, 03 de abril de 2025, hemos recibido la noticia de que ha sido intimado en Lima a la Hermana María Elena Camones More, Comisaria desde el 26 de julio de 2024, el Decreto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica del 14 de enero de 2025, aprobado el mismo día en forma específica por el Santo Padre. Por dicho decreto ha quedado suprimida nuestra Asociación Pública de Fieles de Derecho Diocesano, en vistas a ser Sociedad de Vida Apostólica, Siervas del Plan de Dios’.

El resto se puede leer en su página web: es el último Comunicado de las Siervas del Plan de Dios. Seguirá ahora el decreto de supresión del Sodalicio y del Movimiento de Vida Cristiana. Esperamos ansiosos para celebrarlo.
The show must go on
Mientras, los sodálites y sus paparulos sodalovers, mariachis cansinos de poca gracia, intentarán negar la gravedad de lo ocurrido en las Siervas del Plan de Dios como lo han hecho con las fraternas.
Hay que ser un tarado malnacido (o haber pasado demasiado tiempo ojeando Penthouse sin permiso de mamá, a lo jeropa cholo) para escribir ‘al cerrar la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, asesinando una comunidad femenina compuesta por mujeres generosas y entregadas al Señor, la mayoría sin vínculos ni históricos ni generacionales con el fundador’.
Al cierre de las Fraternas, allí dentro solo quedaban cuatro pobres señoras pitucas del tiempo de Figari, como nuestra querida Chola Len o la psicóloga metida a psiquiatra Cecilia Collazos, algunas victimarias y todas ellas sobrevivientes de la estructura sectaria de Figari y sus secuaces.
Lanzarán nuevas fake news y difamaciones sobre el Comisario Apostólico para liquidar los bienes de las Siervas del Plan de Dios, Jordi Bertomeu, al que según el Bigotitos le sobra tiempo hasta para dirigir la diplomacia de Trump en Groenlandia o escribir mil y un artículos como si se tratase de Kim Jong-Il.
Les adelanto que mañana el filólogo Bermúdez nos descubrirá que ha sido Bertomeu quien ha escrito el último gran libro de Pedro Salinas, ‘La verdad nos hizo libres’, de lectura del todo recomendable para desenmascarar a tanto delincuente.
Hablando de lecturas: esta vez sí invito a todos a leer el último rebuzno de Alejandro Bigotes, la que es con seguridad, sin darse cuenta su autor, una nueva apología de Bertomeu. Escrita, eso sí, con estilo de fan enamorada de ‘Salserín’ con mucho swing.
Lo que no podremos leer nunca hasta la hez (para el Bigotitos iletrado, le adelanto que me refiero a la primera acepción del diccionario de la RAE y no lo que él piensa) es el sufrimiento y el dolor que marcará de por vida a las víctimas de las Siervas, las Fraternas, el Movimiento de Vida Cristiana y el Sodalicio.
La asociación pública de fieles Siervas del Plan de Dios, las ‘rockeras de Dios’, después de su petición de perdón en su Comunicado, descansen en paz y con ellas, el resto de la secta del inframundo creada por Figari.
Y tu, Bigotitos, no te me ofendas. Podría encontrar para ti epítetos menos cariñosos, pensando sobretodo en tus víctimas de abusos de poder.

Solo dile a tu amo o amigo, el aún Padre Baertl, que pida perdón empezando por Martín Scheuch y que pague a las víctimas y a sus hermanos de consagración lo que debe. Caso contrario, que entregue su sacerdocio para que no sea más un peligro para nadie. Ni para él mismo, pensando en la salvación de su alma podrida por la codicia y la lujuria.
Con Bertomeu o sin Bertomeu, aunque mejor con él, pues tiene lo que al Bigotitos le falta y hay que tener, decencia, las víctimas no dejaremos de clamar justicia y reparación. Es lo menos que podemos pedir.
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