"Semana Santa y Pascua, un momento idóneo para alzar el ancla y comenzar una nueva travesía" De fariseísmo y escraches a un discurso certero y renovador

"Una de las vicisitudes del evangelio es su excepcional descripción de la naturaleza humana. Por esta razón millones de personas en el mundo acuden a sus páginas en busca del sentido de lo que hacen y sienten"
"A las puertas de la Semana Santa, en cada estación del Vía Crucis, en cualquier paso, vemos al ser humano no sólo en acto, lo que es, sino lo que es capaz de hacer, de construirse y de destruirse. Ahí tampoco se escapa la barca de la Iglesia"
"Estamos en tiempos de encarnar una fidelidad y autonomía evangélica y superar un servilismo con tics de heteronomía política para argumentar… Los nuevas fariseos nos darán por todas partes, unos y otros, pero los seguidores de Cristo nos debemos al evangelio que es la plataforma de la libertad para la dignificación y transformación del mundo"
"Tenemos que vislumbrar los caminos para impulsar una vida comunitaria como escuela básica de sinodalidad para alimentar las diferentes vocaciones en nuestras parroquias. Estos son los temas de nuestro tiempo para la Iglesia"
"La Semana Santa y la Pascua de la Resurrección son momentos idóneos para alzar el ancla y comenzar esta travesía"
"Estamos en tiempos de encarnar una fidelidad y autonomía evangélica y superar un servilismo con tics de heteronomía política para argumentar… Los nuevas fariseos nos darán por todas partes, unos y otros, pero los seguidores de Cristo nos debemos al evangelio que es la plataforma de la libertad para la dignificación y transformación del mundo"
"Tenemos que vislumbrar los caminos para impulsar una vida comunitaria como escuela básica de sinodalidad para alimentar las diferentes vocaciones en nuestras parroquias. Estos son los temas de nuestro tiempo para la Iglesia"
"La Semana Santa y la Pascua de la Resurrección son momentos idóneos para alzar el ancla y comenzar esta travesía"
"La Semana Santa y la Pascua de la Resurrección son momentos idóneos para alzar el ancla y comenzar esta travesía"
| José Miguel Martínez Castelló
Una de las vicisitudes del evangelio es su excepcional descripción de la naturaleza humana. Cada persona que aparece nos exhorta y nos interpela en aquello que hacemos y somos. Ahí encontramos las miserias y los defectos de toda la humanidad y, de esa forma, podemos comprender los destinos y recovecos de la historia. Cada lectura nos golpea, nos cuestiona en ese preciso momento como si estuviese escrito y expresado para nosotros en ese determinado momento de nuestra vida. Por esta razón millones de personas en el mundo acuden a sus páginas en busca del sentido de lo que hacen y sienten.
A las puertas de la Semana Santa, en cada estación del Vía Crucis, en cualquier paso de las diferentes cofradías que contemplamos vemos al ser humano no sólo en acto, lo que es, sino, como diría Aristóteles, en potencia, de qué es capaz de hacer, de construirse y de destruirse. La violencia y la exclusión emergen como unas de las cartas de presentación del desarrollo de nuestra cotidianidad. Las miserias y las traiciones en estado puro, al desnudo, sin caretas, a pecho descubierto. Cada insulto y azote sobre la espalda de Jesús escenifica todo el conjunto de pecados y de acciones inhumanas sobre miles de víctimas inocentes que la historia se ha llevado por delante. Ahí tampoco se escapa la barca de la Iglesia. De forma magistral, lo explicaba Ricardo de la Cierva en su libro, El diario secreto de Juan Pablo I, cuando dice: “La nave de Pedro ha surcado muchas décadas de la Historia con tripulación pirata; pero ni aun entregando su gobierno a la hez de la humanidad degradada han conseguido las puertas del infierno cambiar su destino ni hundirla en la tempestad”.

Cada vez que he vuelto a estas palabras, se me han hecho patentes los nuevos fariseos, los nuevos salva patrias y elegidos por el cielo que se han agolpado delante de la Conferencia Episcopal española con gritos y pintadas a los obispos: “Vender a Cristo por 30 monedas”. Sabemos quiénes son, Hazte Oír y todo lo que rodea a la sociedad secreta el Yunque. No hay nada más antitético con Cristo que un grupo de estas características. Los fariseos clamaban al cielo, se daban golpes de pecho frente a los pecados de sus conciudadanos cuando ellos en privado los alimentaban y los desarrollaban. Sepulcros blanqueados, limpios por fuera y podridos por dentro. Quién lo iba a decir que están aplicando todo lo que la ultra izquierda llevó a cabo con el nacimiento de Podemos. ¿Se acuerdan?
Los que nos mostramos contrarios a tales desmanes, recuerden los llamadosjarabes democráticos o esas iniciativas de Asaltemos el Congreso o el eterno No nos representan, o los diferentes escraches a Villacís embarazada de siete meses, a Soraya Saenz de Santamaría o a Rosa Díez en la Complutense liderado por un jovencito con pelo largo y coleta llamado Pablo Iglesias, tenemos la obligación como ciudadanos, pero mucho más como cristianos, de señalar y denunciar estos actos tan injustos e injustificados en un sistema democrático. En España hemos asumido esto con total normalidad. Cabe recordar, otra vez, por si a alguien se le olvida, que, en zonas de España como Cataluña o el País Vasco, el acoso y el señalamiento con violencia a todas aquellas personas que no piensan de una determinada forma, han sido perseguidas, incluso asesinadas. Sé que estoy disparando a izquierda y derecha, pero ya está bien de las equidistancias calculadas y comencemos a hablar sin tapujos, venga de donde venga.
Recordemos quién está detrás de estas protestas:“El Yunque pertenece a una sociedad secreta que capta menores de los colegios católicos del Opus, jesuitas y legionarios, quitándoles dinero a los padres porque ocultan su pertenencia al Yunque. Su entrada es a través de un juramento que resulta escalofriante. Se dice: ‘Tú nos has elegido ser del Yunque, sino que tú has sido elegido’. ¿Cómo que has sido elegido? ¿Por el dedo de Dios, el de Buxadé? ¿Pero qué es esto? Es una secta. A lo que sigue: ‘y si no cumples con esto, serás castigado’. ¿A qué tipo de castigo se refieren? Estamos ante cosas ridículas y siniestras. La masonería negra. Este núcleo siendo pequeño tiene mucha fuerza porque se mueven en las redes sociales con conocimiento y dinero. Para ellos los enemigos somos los liberales españoles porque ellos pertenecen al cielo, son de otro mundo. Lo que son, gentuza que están haciendo en el sexo y en el dinero lo que les da la gana porque como son elegidos, al igual que todas las sectas”.
¿De quién son estas palabras? No son de José Manuel Vidal, ni de Tamayo, ni de sor Lucía Caram, de Jesús Bastante o de cualquier intelectual católico moderadito despistado que se ha vendido al progresismo de salón tan potente en nuestro país. Son palabras de Federico Jiménez Losantos que coinciden literalmente con el reciente artículo publicado en RD por el sociólogo Fernando Vidal: El evangelio de la Espada: asedio ultraderechista a la casa de la Iglesia.

Losantos habla de la expulsión de los liberales de Vox y Vidal también, cada cual, con sus enfoques, pero es la misma crítica. Señalando a plataformas como Hazte Oír y Profesionales de la Ética como auténticas tapaderas de esta empresa tan oscura y siniestra. Todo esto no son especulaciones, recordemos que en mayo de 2014 la juez María Belén López Castrillo, titular del Juzgado de 1ª Instancia número 48 de Madrid, consideró probada y esencialmente veraz la relación entre la secta secreta de extrema derecha El Yunque y miembros de la organización integrista católica Hazte Oír, quien ha estado detrás de numerosas campañas, no sólo contra el Gobierno, sino ahora al frente de la protestas y el acoso en la misma puerta de la Conferencia Episcopal española.
Estamos en tiempos de encarnar una fidelidad y autonomía evangélica y superar un servilismo con tics de heteronomía política para argumentar en contra del aborto y ciertas tesis de la ideología de género y, al mismo tiempo, señalar la injusticia de la instrumentalización que algunos grupos católicos, por llamarlos de alguna forma, hacen de los menores extranjeros no acompañados, de la inmigración o de la relación con el islam. El mundo es mucho más complejo que las teorías conspirativas climáticas o de los contubernios judeo-masónicos afirman; denunciando de forma clara la injusticia de acusar a la Iglesia de ser la institución de los abusos y de la pederastia -cuando se da en un 0,4% de los casos total, sin eximirnos, faltaría más, de seguir denunciando y publicando porque nuestra prioridad son las víctimas- y cómo la izquierda política lo utiliza a través de sus terminales, qué casualidad, cuando les explota un caso de corrupción política. No nos caen los anillos cuando se critica desde las huestes gubernamentales a la ultraderecha, rasgándose las vestiduras, y pactan con Junts leyes para controlar la inmigración desde criterios identitarios que lo podría firmar, y lo aplaude, una Silvia Orriols y todo lo que implica Aliança catalana. Nos darán por todas partes, unos y otros, pero los seguidores de Cristo, no los caballeros armados de Cristo como está ahora tan de moda, la reconquista espiritual y demás lindezas, nos debemos al evangelio que es la plataforma de la libertad para la dignificación y transformación del mundo.
Ante tanta polarización y desencuentro, un destello de luz que salió de las paredes pintadas por los esbirros y elegidos de Dios, un discurso que puede suponer un punto de inflexión en las prioridades de la Iglesia española y es el que dio Luis Arguello en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal. Un tono conciliador, no una pose, expresado desde la realidad social, no contra ella, al igual que Jesús se encaminaba y predicaba desde el mundo que le tocó. No estamos aquí para indicar lo demoniaco del mundo y hacerlo desde una plataforma elegida y única que nos posibilita ver lo equivocados que están todos menos los cristianos; tenemos los nuestro, y no es poco. Pero la Iglesia tiene que ser ese hospital de campaña donde acoja los fracasos de este mundo nuestro que destila inhumanidad por los cuatro costados y trabajar desde esta tesitura y urgencia.
Fueron muchos los temas que trató. Destacaré algunos. El primero, la importancia de la experiencia comunitaria de la comunión. Acudimos a Jesús personas de toda índole, con diferencias ideológicas, sociales y culturales, y nos une la necesidad de sanar nuestras heridas y hacerlas públicas en la intimidad de Cristo que nos libera: Jesucristo camina delante de nosotros, en medio de nosotros, detrás de nosotros y nos ayuda a situarnos en la historia como peregrinos de esperanza. Y a continuación advertir la insuficiencia del relativismo moral y del positivismo jurídico aplicados a los pobres. Frente a ello se requiere misericordia, compasión. Hace unos días un amigo mío, el dominico Martín Alexis, me decía, con toda la razón, que a la Iglesia le quedan tres telediarios si no somos capaces de compadecernos, de hacer nuestras las heridas y las llagas de tantos hermanos nuestros. Una Iglesia que va más allá de lo que el derecho exhorta como justicia; es necesario para hacer verdadera justicia desde la caridad y el servicio, uno de los signos distintivos del cristianismo. Apuntó Argüello: “El relativismo moral y el positivismo jurídico precisan ser desbordados por el rostro de los pobres, las llamadas implícitas al reconocimiento de su dignidad y la respuesta que los creyentes estemos dispuestos a dar, urgidos por el dolor de amor y la inminencia de la vida eterna que abre nuestros corazones y nuestras manos para responder más allá de las lógicas mundanas”.

Para finalizar, y sin tocar las alianzas y propuestas que defendió a nivel nacional para consensuar un pacto de Estado en torno a la inmigración y otras iniciativas, en el páramo político que vivimos, me quedo con lo que llamó, atención, las pilas bautismales sin agua. En otras palabras, ¿qué grupos cristianos están surgiendo en el seno de la Iglesia? Como padre de adolescentes y profesor de bachillerato, estoy siendo testigo de un renacer de la juventud en diferentes proyectos de retiros espirituales, a los que Argüello acudió, Effetá, Bartimeo, Emaús, Hakuna, catequesis del camino Neocatecumenal, que están por ver qué recorrido van a trazar en los próximos años para transformar la emoción en virtud y, por consiguiente, encontrar cauces concretos de crecimiento que vayan más allá de recrear el impacto recibido.
Tenemos que aspirar y trabajar para crear en las parroquias equipos formativos que ayuden a vivir la vocación laical en la comunión y misión de la Iglesia. Tenemos que vislumbrar los caminos para impulsar una vida comunitaria como escuela básica de sinodalidad para alimentar las diferentes vocaciones en nuestras parroquias. Estos son los temas de nuestro tiempo para la Iglesia. Los que vociferan, allá ellos, porque tenemos que dar respuesta a toda una corriente de búsqueda del sentido en Cristo que se está dando en una parte importante de nuestra sociedad, en jóvenes y no tan jóvenes. Tendremos que saber canalizar todas estas energías. Para ello debemos estar atentos, ser humildes, escuchar y trabajar mucho. Tomar distancia con ciertos poderos fácticos y servir, no servirse, a esa barca de Pedro que tantas veces se ha tambaleado a punto de volcar, pero que siempre, ha remontado y ha sido luz para tantas y tantas generaciones de hombres y mujeres que no se conformaron con la lógica de la historia.
La Semana Santa y la Pascua de la Resurrección son momentos idóneos para alzar el ancla y comenzar esta travesía. Jesús ya la hizo. Él espera que nosotros icemos banderas y comencemos la navegación por y para el evangelio.

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