"La historia de la Iglesia está llena de comienzos nuevos tras crisis dolorosas" ¿Qué futuro espera a los sacerdotes del Instituto del Verbo Encarnado en caso de una disolución?

"Este artículo surge a raíz de numerosos comentarios de personas preocupadas, tanto dentro como fuera del Instituto del Verbo Encarnado, que buscan entender qué puede suceder si el Vaticano decidiera su disolución"
"Existen, para los sacerdotes, varios caminos posibles. Estas posibilidades, lejos de ser castigos, son formas diversas de continuar un camino de fe"
"La Iglesia tendrá también que acompañar el discernimiento de los laicos: ayudarlos a conservar lo bueno y a dejar atrás lo que estaba fundado en el error o el fanatismo"
"La Iglesia tendrá también que acompañar el discernimiento de los laicos: ayudarlos a conservar lo bueno y a dejar atrás lo que estaba fundado en el error o el fanatismo"
(Abusos IVE y SSVM).- Este artículo surge a raíz de numerosos comentarios de personas preocupadas, tanto dentro como fuera del Instituto del Verbo Encarnado, que buscan entender qué puede suceder si el Vaticano decidiera su disolución.
¿Qué significa una disolución canónica?
La disolución de un instituto de vida consagrada es una medida extrema que sólo se toma cuando se considera que los fines del instituto se han desvirtuado de forma irreversible o que se ha vuelto nocivo para sus miembros o para la Iglesia misma. Según el Código de Derecho Canónico (canon 584), corresponde únicamente a la Santa Sede disolver un instituto de derecho pontificio. Cabe señalar que el IVE, hasta el momento, no ha sido erigido como instituto de derecho pontificio, por lo que su eventual disolución formal seguiría un procedimiento distinto, aunque igualmente supervisado por la Santa Sede. En algunos casos, se ha optado por la reforma (como sucedió con los Legionarios de Cristo); en otros, la supresión ha sido inevitable.

Reforma imposible: identidad irreformable
En el caso del IVE, muchos se preguntan si es posible reformarlo sin tocar su núcleo. La cultura interna del instituto, fuertemente marcada por el autoritarismo, el culto a la personalidad de su fundador y una espiritualidad y praxis distorsionadas, junto con comportamientos sectarios, parece haber generado una estructura irreformable. Si el carisma está contaminado desde su origen, reformar puede ser tan fáctico como tratar de enderezar una espiral torcida desde su base.
Un instituto fundado y estructurado por una persona severamente desordenada inevitablemente llevará esa desorden al corazón de su organización. Y esa desorden se transmite a sus miembros, a su espiritualidad, a su praxis.
En tal contexto, la disolución no debe ser vista como un castigo, sino como un acto de misericordia. Más que una sanción, puede ser un rescate.
Caminos posibles para los miembros
Cabe aclarar que esta realidad se aplica solamente a los sacerdotes del IVE.
El caso de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará es profundamente distinto. Su rol ha estado desde el principio subyugado a la estructura masculina, sin desarrollo teológico ni espiritual autónomo, y con muy poca identidad propia. Muchas han vivido su consagración como una extensión subordinada de los deseos, ideas y decisiones del IVE, casi como “las mujeres de Daesh”. Por eso, cuando salen, se encuentran completamente desorientadas, sin recursos ni referentes, «en pampa y la vía», como se dice coloquialmente. Lo vemos reflejado en las centenas de Servidoras que han abandonado el instituto: muchas de ellas quedan a la deriva, con heridas profundas, sin estructura ni comunidad que las sostenga. Esta situación demanda un acompañamiento pastoral muy específico y atento por parte de la Iglesia.

Ante la disolución de un instituto, la Iglesia ofrece varias opciones a sus miembros:
-Unirse a otro instituto religioso: Muchos carismas son compatibles y podrían acoger a quienes buscan vivir su consagración con autenticidad.
-Fundar un nuevo instituto: Con supervisión eclesial y un discernimiento riguroso, podría surgir algo nuevo, sanado de los vicios anteriores.
-Vivir con otra comunidad sin pertenecer formalmente a ella, como colaboradores o en discernimiento.
-Convertirse en ermitaños diocesanos, con aprobación del obispo.
-Solicitar la dispensa de los votos y regresar a la vida laical (una opción difícil para sacerdotes que ya están en la cincuentena, sesentena o más, por cuestiones prácticas, afectivas y de inserción social).
-Liquidar los bienes del instituto, redistribuyéndolos entre los nuevos caminos asumidos por sus miembros o retornándolos a la Iglesia.
Estas posibilidades, lejos de ser castigos, son formas diversas de continuar un camino de fe, liberado de las ataduras de una estructura que pudo haber sido más nociva que santificadora.
El destino de los laicos vinculados
Miles de laicos han sido tocados por la espiritualidad del IVE y de las SSVM. Para muchos, fue su primera experiencia de vida cristiana seria. ¿Qué ocurrirá con ellos? La Iglesia tendrá también que acompañar su discernimiento: ayudarlos a conservar lo bueno y a dejar atrás lo que estaba fundado en el error o el fanatismo.
Conclusión: La poda que prepara los frutos
Jesús dijo: «Todo sarmiento que da fruto lo poda para que dé más fruto» (Jn 15,2).
La disolución del IVE no debe verse como el fin de una obra de Dios, sino como la purificación de algo que pudo desviarse profundamente. La historia de la Iglesia está llena de comienzos nuevos tras crisis dolorosas.

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