El hermano de San Juan de Dios abre las jornadas del Grup Sant Jordi Miguel Martín: “La caridad es falsa sin compromiso con los necesitados"

(Jesús Bastante). "Tened siempre caridad. Porque donde no hay caridad, no hay dios, aunque Dios en todo lugar está". Las palabras de San Juan de Dios fueron hoy puestas al día por el religioso Miguel Martín, experto en Bioética, durante la apertura de las VIII Jornadas del Grup Sant Jordi, que llevan por título "El mundo se aguanta por la caridad". En una lúcida intervención, Martín resaltó el "escándalo de los cristianos que no es servir, sino estar preocupados por el poder y el dominio".

"Hoy resulta imposible hablar de caridad sin dar múltiples explicaciones", señaló el religioso, quien aseguró que "sólo podemos comprender la caridad desde la experiencia de Dios vivida en nuestro día a día. Puente entre Dios y el hombre, y por ahí anida la caridad".

"Conviene apostar por la caridad que exige experiencia de Dios. Pero la caridad es falsa sin compromiso con los hombres necesitados", recalcó el ponente, quien no obstante advirtió que "no faltará la incomprensión ni el cansancio de los buenos. Y entre nosotros (en la Iglesia) las envidias, el deseo de aparentar. Es necesario edificar sobre roca, porque lo que no esté así se derrumbará".

La fe, la esperanza y el amor son los tres pilares sobre los que habría de instaurarse la construcción del Reino, y es que "la caridad es el fundamento sine qua non de la Iglesia", la que nos iguala a todos. Así lo ejemplificó Martín: "Yo no soy más que el obispo de Barcelona, pero no soy menos. Y tan importante es mi carisma como el suyo. Todos formamos la Iglesia. No es correcto colocarse por encima de nadie, pero nunca por debajo".

Y es que "la primacía del Reino no se conjuga con el verbo ‘mandar', sino con el verbo ‘sentir'". Desgraciadamente, apuntó, "la Iglesia no es ajena al poder, y vemos a personas que se sirven del Evangelio para objetivos mezquinos", lo que supone un "escándalo para los de dentro y para los de fuera". Porque "muchos de los estilos de vida de nuestra institución eclesial dejan mucho que desear, y causan escándalo".

"Hoy, más que una Iglesia pobre entre los pobres, vemos una Iglesia que necesita vestirse de Armani para celebrar la liturgia", dijo el religioso, parafraseando la carta que monseñor Giuseppe Cassali envió a los participantes en el Sínodo de Obispos.

En el otro extremo, la caridad, que "ha de poner los pies en tierra, tocar pelo". "Se trata de cada hombre, porque con cada uno se ha unido Cristo por medio de este ministerio. Buen Samaritano. Hoy, como entonces, no somos pocos los que damos un rodeo y pasamos de largo. Debemos comprometernos con este hermano nuestro que nos necesita".

Cinco siglos después de la creación de la Orden Hospitalaria, señaló el religioso, "seguimos en el mismo frente que San Juan de Dios. Trabajando en una sociedad como la nuestra, muy distinta pero muy cercana. Con otros nombres, sigue existiendo la pobreza, la exclusión y la enfermedad". Preguntándose "si vivimos para los pobres o a costa de los pobres".

Viviendo y trabajando, y sufriendo, en una "sociedad muy lastimera, pero poco compasiva. Hay un sufrimiento que va del brazo con nuestra condición finita y mortal. Ni el guión de la vida ni el escenario o el desenlace nos pertenecen. Somos vulnerabilidad. Somos más aquello que nos pasa, que aquello que decidimos. Son más la contingencia y el azar que las planificaciones".

Frente a ello, invitó a "hacerse cargo de la realidad; cargar con la realidad; y encargarse de la realidad", los tres pasos a seguir. Citando a Juan Masiá y su último libro publicado por RD-Herder, afirmó que "la propia bioética quizá tenga que ser rescatada por la biología... Cabe hacer un alto en el camino y preguntarnos hacia qué hombre queremos avanzar". Y sobre todo, no dejar de introducir el sentido de la realidad social y macroeconómica, que hoy excluya a muchas personas a una posibilidad digna de vida.

Mucho más en una situación como la actual, donde "muchos ciudadanos hoy no tienen nada que recortar, y en países no muy alejados de nosotros el drama se llama hambre". Por ello, es necesario arrancar un "proceso de hacernos cargo de la realidad, hay que tener en cuenta que la ética tiene la tentación de querer escaparse de la realidad, y aislarse en el campo de las grandes afirmaciones, y olvidarse de esa realidad que le exige respuestas".

Martín concluyó su intervención recordando el impresionante encuentro de Jesús con la mujer adúltera. "Quedan solos frente a frente, él y ella. La podría haber humillado o exigido, y todo lo que le dice es que nadie te ha condenado. Yo tampoco te condeno. Vete y no peques más. Hoy algunos habrían condenado a Jesús como contemporizador con el pecado, blasfemo o vete tú a saber...".

Volver arriba