"Seguir atacando con saña a una víctima y superviviente de pederastia es delito" El pecado es admirar a un pederasta

José María Martínez, condenado por el caso Gaztelueta
José María Martínez, condenado por el caso Gaztelueta

No existió ningún procedimiento canónico en el pasado, solo una investigación abierta y cerrada en falso, inspirada por la insolente investigación tramposa que llevó a cabo el inquisidor Silverio Nieto, por aquel entonces director de los servicios jurídicos civiles de la Conferencia Episcopal de España

También el señor Blanco, considerando admirable al pederasta de Gaztelueta. Tanto como si considerase admirable a un ladrón de bancos, un violador de mujeres o un traficante, cualquiera de ellos condenado en firme

Hemos llegado a un punto que las víctimas y supervivientes no lo vamos a seguir permitiendo, como si todo vale

Mi iglesia me escandaliza, a veces. Así titula un artículo de opinión un ex secretario de estado del Reino de España. ABC lo publicaba el pasado día 3 de abril. Una opinión impropia de alguien que ha ostentado responsabilidades públicas en un gobierno español, aguas e infraestructuras a su cargo.

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Condecoraciones al margen, el señor Blanco lanza en el citado escrito, parido desde la vehemencia de un miembro del Opus Dei, algunos y alguna le precedieron, una serie de imprecisiones, más por mala fe que por indulgencia plenaria, llamémoslo ignorancia, sí ya saben aquello de una mentira repetida hasta la saciedad se convierte en verdad, que no hacen sino desacreditarle. Porque para emitir juicios de valor sobre un dictamen canónico, al menos la ocasión merece estar bien informado.

José María Martínez Sanz, condenado por abusos continuados
José María Martínez Sanz, condenado por abusos continuados

No existió ningún procedimiento canónico en el pasado, solo una investigación abierta y cerrada en falso, inspirada por la insolente investigación tramposa que llevó a cabo el inquisidor Silverio Nieto, por aquel entonces director de los servicios jurídicos civiles de la Conferencia Episcopal de España. Un fontanero torpe de la Iglesia maligna y negra, la misma que al parecer no escandaliza al señor Blanco, porque la que a él escandaliza es la del crucifijo de madera y los pastores eclesiásticos. La suya, la iglesia que considera errores los delitos de pederastia en su seno, la que habla de pecados y no de delitos.

Criticar una sentencia, un dictamen, es libertad de expresión siempre y cuando se haga mediante una argumentación serena y bien basada en información real y fidedigna. Lo otro es literatura barata, bravuconada y desinformación interesada. Pastiche de medio pelo.

Lo que no es, y nunca lo será, pese a que algunos pretendan tapizarlo de sedas orientales y martingalas, es considerar admirable a un delincuente condenado en firme en la justicia ordinaria, como perpetrador de abusos continuados a un menor, dentro de las paredes de un colegio del Opus Dei, Gaztelueta de Leioa, Bizkaia, un numerario y profesor de religión.

Víctimas de abusos, en la sede de la CEE
Víctimas de abusos, en la sede de la CEE

El artículo 20 punto 4 de nuestra Constitución es clara. La libertad de expresión tiene sus límites en los preceptos de las leyes que lo desarrollan, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y en la protección de la juventud y la infancia. Protección de la juventud y la infancia.

Se acabó la broma. Seguir atacando con saña a una víctima y superviviente de pederastia es delito. Eso no forma parte de ninguna libertad de expresión y opinión. Lo ha hecho repetidamente el propio reo condenado en firme. Y lo hacen medios residuales cuando han loado con insistencia la figura de un pederasta, condenado en la Audiencia Provincial de Bizkaia y en el Tribunal Supremo. Condenado en firme por vía penal.

También el señor Blanco, considerando admirable al pederasta de Gaztelueta. Tanto como si considerase admirable a un ladrón de bancos, un violador de mujeres o un traficante, cualquiera de ellos condenado en firme.

La revictimización de las víctimas debe terminar. No es comprensible que un Estado de Derecho siga permitiendo estos ataques, estas agresiones a la dignidad de personas sometidas a violencias sexuales. La fiscalía debería actuar de oficio dejando claro que esos límites que esgrime nuestra Constitución sirven de algo.

Que una presidenta de la comunidad de Madrid se permita la osadía delirante de definir como “errores” los delitos de pederastia eclesiástica, o que un ex secretario de Estado del gobierno de Aznar defina como admirable a un pederasta condenado en firme , es infamia, ofensa y ya veremos si también algo más. Porque ya hemos llegado a un punto que las víctimas y supervivientes no lo vamos a seguir permitiendo, como si todo vale.

Todo no vale. Habla el señor Blanco de “derechos humanos”. Los del pederasta. Pero olvida conscientemente los otros, los de la víctima. Los mismos, los que sacan a pasear derechos humanos, constitución y libertades y principios cuando les conviene. La iglesia, la suya, la de ustedes. La que no les defrauda, ni escandaliza. No es la mía. Hipocresía e insustancialidad. La iglesia maligna y negra. La que nunca les escandalizará, mediando el confesionario. La santa esponja dominical. El crucifijo de cristal. Del pecado lo peor es la perseverancia.

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