El cine a través de los ojos de la Teología “A Complete Unknown”: la música y el orgullo

“A Complete Unknown”: la música y el orgullo
“A Complete Unknown”: la música y el orgullo

“A Complete Unknown” es una obra... insólita. Eléctrica, envolvente y conmovedora

Reconozcámoslo: a pesar de la, actualmente, tan proclamada Esperanza, tal vez no queramos lo que está a nuestro alcance, no como desgracia, sino como gracia

“A Complete Unknown” es una obra... insólita. Eléctrica, envolvente y conmovedora, esta ardiente película biográfica se centra en un periodo (y en algunos puntos de una vida) de cambio de época que no aportó nada novedoso, ignorando aspectos cruciales del carácter obsesivo e insolente de Bob Dylan. Me refiero, en particular, a los cambios en su contradictoria persona, dejando al espectador la tarea de unir los hilos dejados sueltos por las canciones presentadas, las cuales son, en su esencia, la historia filtrada que se nos es revelada.

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Chalamet es brillante, seductor, carismático, enigmático e hilarante (incluso cuando se queda sin aliento al cantar). Fanning y Barbaro chocan entre sí ante la figura casi misógina de Chalamet: la primera es amable, idealista y sensible; la segunda es fuerte, sutil y elegante a la hora de mostrar cómo la gente podía encandilarse y enfadarse con Dylon. Sin embargo, la joya entre los actores es el voluntariamente enrarecido y reservado Norton. Los escenarios son honestos, la filmación es naturalista y la música –esa– es lo que ya he mencionado...

A comlete Unknown

Cuando dejé que la película se asentara en algún lugar de mí, pensé que podría mostrar una de las dimensiones de lo que significa ser cristiano. De hecho, a través del Bautismo y de nuestra relación íntima y comunitaria con el Señor, todos somos bardos recopiladores de la tradición cristiana y queremos transformarla en algo nuevo, mejor, más a imagen de Jesús. Sin embargo, este algo es todavía muy incierto porque no somos conscientes de nosotros mismos y, de este modo y optando por el amor propio, reaccionamos de forma infantil y pedante ante el bien común de Dios.

Heridos y alienados, a menudo nos unimos, como sanguijuelas, a movimientos que nos dan consuelo sin comprometernos con nuestro ser más íntimo –ese Cielo del Dios Amoroso que, a su vez, es nuestro Cielo. Aquí estamos nosotros disfrazados (en medio de realidades latentes y de frases brevísimas) de personas por encima de las demás (a las que miramos como si fueran seres sin interés, sin dignidad, sin valor). Lo que acabo de decir no es una exageración; es lo que nuestro orgullo todavía consigue hacer de quiénes somos.

Intentamos salvar nuestra piel “siendo alguien”, pero, por eso mismo, nos vemos incapaces de vivir en una Paz que no sólo viene de Dios, sino que es Dios cuando no Le impedimos que viva en nosotros hasta el punto de desprestigiar nuestro prestigio. Si Lo detenemos, ¿dónde estará el diálogo del amor en la verdad que es el sello de la resurrección en nosotros? ¿Oiremos el grito de inocencia de Dios ante una vida que ha sido elegida voluntariamente como una gran farsa? ¿Una que, incluso en Dios, nos impedirá descubrir quiénes somos?

Reconozcámoslo: a pesar de la, actualmente, tan proclamada Esperanza, tal vez no queramos lo que está a nuestro alcance, no como desgracia, sino como gracia. En concreto: admitir que en el fondo de nuestra falta de amor (que nos aleja de todo y de todos) no está más que nuestra resistencia a aceptar una nuestra dimensión infinita que sólo puede ser asimilada cuando aceptamos que la Esperanza de Dios y la nuestra coinciden plenamente.

¡Qué hermoso sería que tal aceptación pudiera producirse! En ese caso, se imprimiría en nosotros un cuidado amoroso que marcaría nuestro equilibrio y significaría que dejaríamos de ser «A Perfect Unknown» (nombre de esta película y verso de una canción de Dylan) subjetivista, pero sin sujeto. Sabríamos cómo nos ve Dios y estaríamos tan serenos como dispuestos a las variables que siempre moldean nuestra creatividad y originalidad evangélicas.

(EEUU; 2024; dirigido por James Mangold; con Timothée Chalamet, Edward Norton, Elle Fanning y Monica Barbaro)

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