Jubileo de los diáconos Alirio Cáceres Aguirre: El diaconado permanente como testimonio de servicio y transformación en la Iglesia y la sociedad

El diaconado de Alirio
El diaconado de Alirio

En el marco del Jubileo de los Diáconos, celebrado del 21 al 23 de febrero en Roma, ADN Celam entrevistó a Alirio Cáceres Aguirre, teólogo e ingeniero químico, quien ha dedicado más de dos décadas a su ministerio como diácono permanente

Comparte su vida hace 30 años con su esposa Andrea, junto a sus hijos Daniel Esteban, David Felipe y Laura María

Nos abre su corazón para contarnos detalles de lo que ha sido desde sus inicios haber recibió el orden del diaconado

(ADN).- En el marco del Jubileo de los Diáconos, celebrado del 21 al 23 de febrero en Roma, ADN Celam entrevistó a Alirio Cáceres Aguirre, teólogo e ingeniero químico, quien ha dedicado más de dos décadas a su ministerio como diácono permanente. Comparte su vida hace 30 años con su esposa Andrea, junto a sus hijos Daniel Esteban, David Felipe y Laura María.

Newsletter de RD · APÚNTATE AQUÍ

A pesar de no haber asistido al evento, compartió su visión sobre la importancia de este jubileo para fortalecer la identidad, misión y compromiso del diaconado en la Iglesia. Así también, abrió su corazón para contarnos detalles de lo que ha sido desde sus inicios haber recibió el orden del diaconado.

Este encuentro en el Vaticano, coordinado por el Dicasterio para el Clero, logró reunir a más de 1.400 personas, entre diáconos con sus familias, delegados, responsables y referentes diocesanos nacionales que trabajan en el servicio diaconal en sus respectivos territorios. En la eucaristía de cierre presidida por monseñor Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, veintitrés diáconos: dos de Brasil, seis de Colombia, uno de Francia, tres de Italia, tres de México, dos de Polonia, tres de España y tres de Estados Unidos, recibieron la orden sagrada del diaconado.

Un jubileo para fortalecer la vocación diaconal

-El Jubileo de los Diáconos busca fortalecer su misión y compromiso en la Iglesia. ¿Qué impacto cree que tendrá este evento en la comunidad diaconal y en su propia vocación?

-El Año Jubilar es una celebración de toda la Iglesia. Nos va servir para ahondar en nuestra identidad, vocación y misión en el servicio al Reino de Dios en sinodalidad con otros dones, talentos y carismas que el Espíritu Santo revela en la diversidad de modos de ser discípulos misioneros del Evangelio y por tanto, peregrinos de la esperanza.

-Desde Colombia, ¿qué iniciativas o actividades se han organizado para vivir este jubileo y fortalecer el papel de los diáconos en la Iglesia local?

-En la arquidiócesis de Bogotá se ha diseñado un proceso en cuatro momentos que nos va permitir “peregrinar” al encuentro de nuestra propia familia mediante unos talleres sobre el sentido diaconal del jubileo hasta el encuentro con la Iglesia local en la Fiesta de San Lorenzo Diácono y Mártir, el peregrinaje hasta el Santuario del Señor de los Milagros, la presencia en la Vicaría de Santa Isabel de Hungría en la que habitan muchas familias en situación de pobreza. En Valledupar tendremos el Encuentro Nacional del Diaconado Permanente, y en general, en cada jurisdicción en las que hay diáconos permanentes se han previsto celebraciones litúrgicas y acciones de diaconía desde una espiritualidad de la comunión.

El llamado al diaconado: una historia de discernimiento y servicio

-¿Qué lo llevó a discernir su llamado al diaconado permanente? ¿Cuánto tiempo lleva sirviendo en este ministerio?

-Por pura gracia de Dios, el 15 de junio de 2002, recibí la Ordenación en la Catedral de Bogotá por imposición de manos del cardenal Pedro Rubiano Sáenz. Fuimos 13 hermanos ordenados ese día, ya casi 23 años atrás. Somos la III promoción de la Arquidiócesis de Bogotá. Las primeras ordenaciones fueron en el año 2000, es decir vamos a conmemorar 25 años de diáconos haciendo parte del clero arquidiocesano.

Lo paradójico es que siempre me formé en un ambiente de laicos comprometidos: con la pastoral de los frailes y hermanas dominicas, los grupos de la Casa de la Juventud de los jesuitas y la Obra Kolping, una asociación católica de laicos que sigue al Señor desde el carisma del Beato Adolfo Kolping, precursor de la Doctrina Social de la Iglesia. Especialmente allí, después de 7 años de labores, Fray José Gabriel Mesa O.P. y el P. Jairo Nicolás Díaz qepd, coincidieron en verme “perfil” de diácono e invitarme a discernir ese llamado, que por la confianza del P. Alberto Ojalvo y Monseñor Agustín Otero, se concretó en una dispensa para recibir la ordenación con menos tiempo de edad y de matrimonio que el establecido para aquel entonces.

Familia y ministerio: un equilibrio fundamental

-Cuando compartió con su familia su deseo de ser diácono, ¿cómo reaccionaron? ¿Cómo han acompañado su camino en este servicio?

-El aval de mi esposa Andrea ha sido definitivo. Siempre soñamos con ser un hogar al servicio de la Iglesia. Y como nuestro amor nació en la Obra Kolping de Colombia, tenemos ese horizonte de la fe que se concreta en el mundo del trabajo, la familia, la política y la recreación.
En el caso de mis hermanos, tíos y primos, siempre me veían con “cara de cura”, así que no les sorprendió mucho. Tal vez lo novedoso es descubrir que un ingeniero químico, educador y teólogo puede articular su ejercicio profesional con una responsabilidad eclesial, y que un hombre revestido para una litúrgica católica se “viste” también de esposo, papá, hermano para tratar de dar testimonio de amor al estilo de Jesús.

-Desde su experiencia, ¿cuáles son las principales formas en que un diácono permanente sirve a la Iglesia y a la comunidad?

-“Diakonía” es servicio. El diácono es un servidor. El principal servicio es el estilo de vida, humilde, casi anónimo, en el hogar, el sitio de trabajo y el rol ciudadano. Dado que nos configuramos espiritualmente con Cristo Servidor, nuestro foco es la dimensión social de la Evangelización. Los diáconos surgimos en la Iglesia para atender a las viudas, en un diálogo entre la cultura helenista y el judaísmo de donde surgió el precioso mandamiento nuevo del Amor proclamado por el Mesías. Este “camino” de discipulado en Cristo, lo celebramos sirviendo de diversos modos en la liturgia sacramental, en comunión con el Obispo. Por eso servimos a la mesa durante la misa, proclamamos la Palabra y podemos predicar, anunciamos la Paz dentro y fuera de la celebración, colaboramos con el párroco cuando nos delega para presidir bautismos, bendecir matrimonios en nombre de la Iglesia, en las exequias y otros espacios de catequesis con familias, grupos de oración, bendición de sitios de trabajo, en fin, esas oportunidades de anunciar el Evangelio establecidos para el Orden de los Diáconos en los documentos eclesiásticos y según la cultura del lugar.

Nota que he comenzado desde lo más “invisible” para resaltar nuestra espiritualidad, pues muchas veces el público se queda con la imagen del señor que usa la estola cruzada en la misa, pero no ahonda en la riqueza de una vocación como hombre casado que da testimonio de servicio fuera templo y cumple su misión más allá de la misa.

Finalmente, el mayor aporte de un diácono permanente es suscitar en la Iglesia, comunidades diaconales, empezando por su misma familia. Es decir, el diaconado debe fecundar la vivencia eclesial de modo que muchas personas activen su capacidad de servir al estilo de Cristo Jesús, Nuestro Señor, que no vino a ser servido sino a servir, y que nos enseñó a lavarnos los pies los unos a los otros como una muestra de amor hasta el extremo.

El diaconado es una vocación

-Algunos pueden ver el diaconado como un oficio, otros como una vocación. Desde su experiencia, ¿cómo definiría el diaconado permanente y qué lo distingue dentro del ministerio eclesial?

-El diaconado es una vocación. Lo nuestro es aprender a servir como Jesús para enseñar a otros servir como el Maestro y así toda la Iglesia crece en su dimensión de servicio a los más pobres y frágiles. Es una vocación que se enriquece de la sinodalidad con quien ha sido llamado a ser presbítero u obispo, la vida religiosa femenina y masculina, la vida contemplativa, la misión ad gentes, los laicos comprometidos, la vocación a la familia, en fin, el diaconado permanente no puede comprenderse en forma aislada de los otros modos de discipulado misionero que el Espíritu Santo suscita con tanta diversidad en la Iglesia.

-¿Cómo es el proceso de formación de un diácono permanente? ¿Qué aspectos considera fundamentales en esta preparación?

-En promedio son cinco años, esto depende de cada diócesis. Hay un énfasis en la formación humana y espiritual, que es la base de la formación teológica y pastoral orientada específica para el servicio que prestamos los diáconos y en sinodalidad de la Iglesia.

Misión y servicio pastoral

-¿Siente que los diáconos reciben el reconocimiento y respaldo necesario por parte de la jerarquía eclesial? ¿Qué desafíos enfrenta el diaconado en su relación con los obispos y sacerdotes?

-El diaconado estuvo muy presente en los orígenes de la Iglesia. Pero tan solo se restauró con el Concilio Vaticano II. Además, depende si el Obispo del lugar le ve sentido o no. Entonces son procesos lentos de reconocimiento de una vocación específica, diferente al presbiterado o al laicado, pero muy unidos por la gracia de ser bautizados.

Así que es importante resaltar que el diaconado es una vocación específica que la Iglesia, Madre y Maestra, le ha dado su lugar. Vamos aprendiendo a armonizar los diversos roles que un diácono puede realizar, sin entrar en competencias con lo específico del presbítero o de un laico. Entonces hay que entender el “ser” del diaconado para darle hondura al “quehacer”. En ese quehacer hay un criterio de unidad pastoral, subsidiariedad, colegialidad, humildad para madurar en sinodalidad.

P: Para aquellos que sienten el llamado al diaconado permanente, ¿qué consejo les daría para discernir y prepararse para este ministerio?

R: Cultivar una espiritualidad basada en Cristo Siervo, fijándose mucho en San José, en su silencio, prudencia, sabiduría, en su forma eficaz de cumplir los sueños de Dios. “Que lo que el árbol tiene de florido. Vive de lo que tiene sepultado” como escribió el poeta. Si en la raíz del diaconado no hay una mística de la humildad, sirviendo “en secreto” a la esposa, a los hijos, familiares, compañeros de trabajo, vecinos, todo lo que hagamos a la luz pública en la liturgia de la Iglesia o en la acción pastoral carecerá de profundidad y correremos el riesgo de representar un rol y no ofrecer un testimonio vivo de servicio con los mismos sentimientos de Cristo Jesús, Nuestro Señor.

Los desafíos y oportunidades del diaconado en el siglo XXI

-¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta hoy el diaconado permanente en la Iglesia y en la sociedad?

  • Valorar su identidad, vocación y misión en el horizonte de la sinodalidad de la Iglesia
  • Promover comunidades católicas “diaconales”, es decir capaces de demostrar su fe con obras de servicio (empezando por la propia familia, parroquia, movimiento)
  • Catequizar al resto del Pueblo de Dios respecto a la dimensión social de la evangelización que le corresponde al diaconado, sin detrimento del servicio litúrgico y sacramental de los diáconos.
  • Comprender que hay una dimensión ecológica de la diaconía que implica ser custodios de la creación para dar gloria al Creador.
  • Ejercer la vocación y misión del servicio en diálogo social con creyentes y no creyentes, y como instrumentos de paz en ámbitos ecuménicos e interreligiosos
  • Crecer en el ejercicio de la diaconía en diálogo con culturas ancestrales indígenas y afrodescendientes
  • Orar, estudiar, discernir la posibilidad del diaconado permanente para las mujeres, analizar los pros y los contras, tal como ha surgido del proceso sinodal (y en el caso de la Arquidiócesis de Bogotá, como tarea que nos propuso a los diáconos, el Sr Cardenal Luis José Rueda Aparicio).

Vivir el diaconado con Fidelidad

-El diaconado implica ser fiel cooperador de los obispos, servir al pueblo de Dios y estar guiado por el Espíritu Santo. ¿Cómo puede un diácono vivir estos tres aspectos de manera auténtica y comprometida?

-A la base debe cultivarse una profunda mística de la comunión. No perder de vista que seguimos a Cristo Servidor en obediencia con el Señor Obispo. Es una experiencia de amor a la Iglesia, Casa y Escuela de Comunión. Ser diácono es una forma de dar testimonio con la alegría del Evangelio, reconocernos como peregrinos de la esperanza.

-El diácono permanente tiene una doble vocación: servir a la Iglesia y a su familia. ¿Cómo logra equilibrar estos dos compromisos y vivir su ministerio sin descuidar su vida familiar?

-Diría que hay una triple sacramentalidad que debe ser valorada: bautizados, casados, ordenados. Como bautizados estamos convocados a vivir la sinodalidad de la Iglesia. En ese contexto, recordar que la familia es una Iglesia Doméstica, un Santuario de la Vida. Nuestro llamado al servicio tiene como prioridad a la familia. Y así, por el sacramento del bautismo y del matrimonio, tenemos pie firme para vivir permanentemente, en todo momento y en todo lugar, el sacramento de orden en el grado de diáconos.

Servir a la familia, ya es servir a la Iglesia, pues eso es lo específico como diáconos casados. Los otros ámbitos de servicio eclesial responden a vocaciones particulares, pues no hay ningún diácono permanente igual a otro. Hay diáconos con dones y talentos para la liturgia, otros para la pastoral de la esperanza en funerarias y cementerios, otros para la diaconía ecológica, otros en la atención de los matrimonios y familias, otros en las cárceles, otros en los establecimientos educativos, en fin, en el diaconado permanente se esconde también un tesoro que puede ayudar a fermentar la sociedad con los valores del Evangelio en lugares sociales en los que el laicado debe recobrar su protagonismo, pues en la economía y las finanzas, la política, la tecnología, la cultura están los grandes retos de la sociedad contemporánea, el futuro de la humanidad y de nuestra casa común.

-¿Cómo se puede fortalecer la promoción vocacional hacia el diaconado para que más personas descubran este llamado al servicio?

-En primer lugar, el testimonio de vida. Otras maneras: incluir la información sobre este ministerio en la catequesis y en la pastoral juvenil, divulgar esta vocación específica en redes sociales y medios de comunicación; anunciar a los grupos de pastoral familiar y movimientos matrimoniales esta posibilidad de discipulado misionero, continuar la reflexión sobre el diaconado en territorios de misión ad gentes.

Volver arriba