El platillo de la balanza, lleno de Evangelio Nicolás Castellanos, ejemplo y aldabonazo

Nicolás Castellanos
Nicolás Castellanos

Para muchos jóvenes sacerdotes de entonces, el que dos obispos españoles -Castellanos y Buxarrais, de Málaga- renunciaran, siendo aún jóvenes, a sus diócesis para irse a vivir con los pobres, fue todo un ejemplo y un aldabonazo

Cuando uno muere, son muy fáciles los elogios y hasta casi hacerlo santo. He escuchado críticas al trabajo de Nicolás Castellanos. Y probablemente con razón, pero de algo estoy seguro: cuando el Señor haya puesto en ambos platillos de la balanza las obras evangélicas y las no evangélicas de Nicolás, sin ninguna duda el platillo de lo evangélico habrá caído mucho por el peso

Esta mañana recibíamos en todas partes la noticia desde la diócesis de Palencia (España): “Nicolás Castellanos Franco, obispo emérito de Palencia, ha fallecido este 19 de febrero en Bolivia a la edad de 90 años a causa de un ictus tras no haber logrado superar una operación de un coágulo en el cerebro”. Así, escuetamente, recibí la noticia de la muerte de mi paisano paramés (nacido en Mansilla del Páramo-León, en 1935).

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Misionero, como yo, en países vecinos: él en Bolivia, yo en Perú. Lo conocí siendo ya obispo de Palencia, a fines de los 80 o comienzos de los 90, en los encinares del norte de Palencia, cerca de Osornillo, en la ordenación sacerdotal de mi amigo y sucesor en Juliaca-Puno (Perú), Rafael Guerrero (Sí, el mismo que tuvo que regresar a Palencia con problemas cardíacos y cuando -supuestamente recuperado- le preguntó al doctor si podría volver a vivir a casi 4.000 metros de altura, éste le contestó: “usted puede vivir a 800, a 2.000 ó a 5.000 metros de altura; pero a menos de 500 metros del hospital para que lo lleven deprisa cuando le dé el telele” ¡Y se tuvo que quedar en Palencia!).

Pues bajo aquellos encinares le escuché al obispo Castellanos decirles a unos seminaristas: “Apuraros, amigos, que este obispo se va de misionero antes que vosotros”. La frase no iba en bromas pues, años después, uno de sus cercanos colaboradores me dijo: “Josemari, nuestro obispo quiere renunciar e irse de misionero. ¿Qué hacemos, lo animamos o lo frenamos?”. Y recuerdo que, sinceramente le contesté: “Para cualquier obispo te diría: anímenlo a irse; pero tenemos tan pocos obispos buenos en España que mejor lo frenen un poco”.

Nicolás Castellanos
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Creo que lo frenaron un poco, porque él había dicho que estaría de obispo en Palencia unos 10 años y ¡estuvo 13!, sorprendiendo a muchos con su renuncia para irse de misionero a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), dedicado de lleno al proyecto “Hombres Nuevos”. De sus correrías, buscando apoyo y de sus muchos premios y reconocimientos no voy a hablar pues lo tienen en la web y saldrá mucho estos días.

Irse a vivir con los pobres

Solo quiero resaltar algo: para muchos jóvenes sacerdotes de entonces, el que dos obispos españoles -Castellanos y Buxarrais, de Málaga- renunciaran, siendo aún jóvenes, a sus diócesis para irse a vivir con los pobres, fue todo un ejemplo y un aldabonazo. Me perdonen, pero acabo de recordar lo que otro misionero le dijo a su obispo en África: “Monseñor, pocas mitras he visto yo tiradas por el suelo”…

Y termino. Cuando uno muere, son muy fáciles los elogios y hasta casi hacerlo santo. He escuchado críticas al trabajo de Nicolás Castellanos. Y probablemente con razón, pero de algo estoy seguro: cuando el Señor haya puesto en ambos platillos de la balanza las obras evangélicas y las no evangélicas de Nicolás, sin ninguna duda el platillo de lo evangélico habrá caído mucho por el peso. (Mejor se lo preguntamos a los labradores del norte de Palencia donde concentró muchos equipos de sacerdotes que se decidieron a trabajar juntos en la pastoral rural de aquellos años. Y cuando la mayoría en la Iglesia creían aquello casi imposible).

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