"El peso de las opciones de la Iglesia en relación con la sociedad civil" Las siete huellas de Francisco como obispo de Roma

Papa Francisco
Papa Francisco

"Los papas hacen política. Eso no es ninguna novedad. A finales del siglo XIX, León XIII escribió sobre la gran política, aquella acción de amplio alcance tendente a recuperar la influencia social de la Iglesia"

"Cuando la situación histórica y la conciencia eclesial cambian, los principios teológicos a los que se ha recurrido pierden la fuerza orientadora de la acción; corresponde a cada pontificado elegir aquellos elementos que son más relevantes en un momento determinado. Aquí entra el discernimiento de lo contingente y lo necesario"

"El de Jorge Bergoglio ha sido uno de los momentos aludidos. El papa ha destacado unos elementos, dejando otros en la penumbra. Lo esencial no ha cambiado, pero sí los supuestos para el diálogo y la comprensión del mensaje"

"En este apunte de urgencia me permito subrayar solo siete elementos de la gran política del papa Francisco, el papa Bergoglio"

(Cristianisme i Justícia).- Francisco, como obispo de Roma, deja siete huellas que podemos rastrear. Los papas hacen política. Eso no es ninguna novedad. A finales del siglo XIX, León XIII escribió sobre la gran política, aquella acción de amplio alcance tendente a recuperar la influencia social de la Iglesia. El papa Pecci animó a los católicos franceses a una política de ralliement con la República. Desde entonces, todos los papas han querido hacer una gran política para la que han elaborado una construcción teórico-práctica que ha guiado las distintas opciones de la Iglesia católica en su relación con la sociedad civil.

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Dado que no es posible hacerlo todo al mismo tiempo, sin alterar el depósito de la fe (el depositum fidei), los papas contemporáneos han tomado decisiones complejas para destacar aquellos valores, importantes en un momento dado, con que construir un proyecto social. 

Papa Francisco
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Cuando la situación histórica y la conciencia eclesial cambian, los principios teológicos a los que se ha recurrido pierden la fuerza orientadora de la acción; corresponde a cada pontificado elegir aquellos elementos que, sin alterar la comprensión del «mundo» católica y sus verdaderos fundamentos, son más relevantes en un momento determinado. El proyecto histórico se forma con los elementos más coyunturales para la relación de la Iglesia con la sociedad, como es el papel de los seglares o la sinodalidad. Aquí entra el discernimiento de lo contingente y lo necesario. 

El de Jorge Bergoglio ha sido uno de los momentos aludidos. El papa ha destacado unos elementos, dejando otros en la penumbra. Lo esencial no ha cambiado, pero sí los supuestos para el diálogo y la comprensión del mensaje. Todos los papas contemporáneos lo han hecho: bucear en los «recursos» cristianos más fundamentales para dotarlos de valor, de «valencia» (entendiendo la palabra como lo hacen los químicos). En este apunte de urgencia me permito subrayar solo siete elementos de la gran política del papa Francisco, el papa Bergoglio.

1-Una Iglesia en salida, como escribió en Evangelii gaudium. Aunque exhortación apostólica postsinodal, este documento (2013) fue también su carta de presentación. Al comenzar a ser servus servorum Dei, los papas suelen escribir una circular, una encíclica. Bergoglio eligió Evangelii gaudium. Ahí está todo. Había que ventilar el ambiente cerrado, dijo Juan XXIII; pero también hay que salir a los cruces de los caminos. Ahí se encuentra la gente. 

2-Una Iglesia hospitalaria. En los cruces de caminos, en las llegadas a las ciudades, hay hospitales —como el de Santa Llúcia de Manresa— para aquellos caminantes que llegan exhaustos y llagados y que necesitan reponerse y curar los pies antes de seguir. Los caminantes han de encontrar una iglesia hospitalaria —como la de Santa Anna, junto a plaza Catalunya—. 

3-Una Iglesia samaritana. En 1965, en la homilía de clausura del Concilio, Pablo VI definió así la espiritualidad de la Iglesia: «proximidad samaritana». Francisco ha dedicado palabras y gestos clarísimos a esta proximidad. Ricoeur había escrito a mediados de siglo sobre la diferencia entre ser solo socius y hacerse prójimo (proximus, prochain), como hizo aquel samaritano. Francisco recuerda de vez en cuando esa distinción de Ricoeur.

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4-Una Iglesia del pueblo. La Iglesia es un pueblo en marcha, un pueblo mesiánico con el que Dios dialoga y camina. La Iglesia huele a pan y a casa de pueblo, se hace pueblo comensal. La comensalidad genera amistad social (tercera encíclica: Fratelli tutti, 2020). 

5-Una Iglesia en camino. El pueblo recorre caminos, se asienta y se vuelva a levantar. Hacen falta carismas distintos para ese pueblo que camina. Y hacen falta reglas sinodales y espíritu sinodal. En el pueblo hay de todo. 

6-Una Iglesia actor global. Elevar la «calidad de mundo» no es tarea extraña a los cristianos; bien al contrario, es núcleo esencial. Entre aquí y allá nos movemos, para que Cristo se haga presente y el Espíritu lo llene todo. Hay que crecer con el viejo ideal ilustrado de Konarskj o de Kant: sapere aude. Los cristianos somos ciudadanos del mundo y podemos elevar su nivel. No somos los únicos, pero sí que podemos contribuir a que clima, cultura y dignidad vayan a mejor. A su vez, lo bello, lo bueno y lo verdadero son caminos transitables de ida y vuelta.

7-Y por fin, una Iglesia sinodal. Un programa como este ha de ser llevado adelante por muchos, por el pueblo que hace un mismo camino. Eso significa «sínodo». El camino no es privativo de una parte (eso significa cléros) sino de un démos; es sín-odo.

El sueño de una iglesia sinodal | Delegación de Catequesis

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