Yo confieso… ¡No era un pederasta! (¡Adiós AC!)

Confieso y me retracto, con rabia y pena, por haberle acusado al menos implícitamente, y con mucha alegría porque a los cuatro meses se ha desestimado la acusación. No le había condenado, pero repetía con demasiada facilidad las acusaciones de una prensa que se ensaña sin discernimiento en casos como éste, de manera que daba la impresión de que aceptaba su veredicto de condena (por una acusación no contrastada, después de más de treinta años).

No quiero repetir caso y circunstancias, pues cuanto más se remueva es peor, ni decir su nombre entero. Simplemente diré que recogí en este blog una acusación de pederastia concreta contra un tal JA, a quien sigo estimando mucho y pido perdón. Lo hacía el 2.12.14, sin mantener la debida presunción de inocencia jurídica, ni la caridad cristiana. Advertí después que mi actitud no había sido clara ni justa y leal, y borré la postal, de manera que no puede encontrarse ya en el blog; pero aprovecho el caso para ofrecer algunas consideraciones sobre el tema.

Quien siga esta páginas habrá visto que me ocupo de la pederastia desde hace muchos años, y creo que siempre (bueno ¡casi siempre!) con respeto, con opción a favor de las víctimas, con intento de escuchar a las dos partes, y con gran deseo de que el tema se resuelva, en el caso del clero, no sólo para bien de la Iglesia Católica, sino de toda la sociedad. Así lo quiero poner hoy de relieve, con ocasión de que ha sido desestimada la acusación contra Ja y de que ha muerto mi amigo AC.

(En la imagen el rostro de Jesús... de JA de AC, de otros contra quienes han/hemos elevado un falso testimonio)


Un tema fuerte

Desde hace varios años el tema “pederastia clerical” ha sacudido la conciencia de la Iglesia Católica y es de alabar el celo con que Benedicto XVI y Francisco lo han abordado. Y así con ellos lo he venido poniendo de relieve, condenando la pederastia, sin rebajas, sin excusas de ningún tiempo, pero buscando al mismo, con el deseo de verdad, la rehabilitación de las víctimas, la presunción de inocencia de los acusados y, ante todo, la exigencia del perdón cristiano, añadiendo en algunos casos que, aunque sean verdaderos HP, los pederastas han sido y siguen siendo “de los nuestros”, es decir, compañeros y hermanos y, sobre todo, seres humanos que necesitan nuestro respeto.

En esa línea he buscado siempre una recreación del estilo de vida clero, por fidelidad al evangelio, por exigencia de los tiempos, alabando siempre lo que ha sido la inmensa tarea social, cultural y espiritual de los ministros de la Iglesia.

Por todo ello, he recibido en este blog cientos de acusaciones y comentarios de gente que me ha dicho que no defienda a los pederastas, que son HP a secas. Pero he contestado en general que no sé de antemano si son culpables y que, aún en el caso de que lo fueran, no se les puede condenar sin más y demonizarles.

Ciertamente, las víctimas/víctimas son lo primero, y por ellas hay que hacer todo lo que se pueda. Pero no se ayuda a las víctimas masacrando sin más a los posibles “delincuentes”, sino acompañando a todos (a unos de un modo, a otros de otros) en el camino de la rehabilitación, de la maduración, de la verdad.

El Derecho Romano decía que siempre ha de escucharse al “acusado”; la Ley Israelita condenaba y sigue condenando “falso testimonio” (que es la mentira por excelencia, como aparece en la imagen, poniendo como ejemplo de víctima de falsa acusación al mismo Jesús). Pues bien, en este campo, junto a acusaciones de verdad, y a exigencias de limpia justicia, se han venido elevando imputaciones falsas, linchamientos mediáticos… uniendo al dolor de las víctimas de pederastia (que son muchas, sin duda), el dolor de bastantes “linchados” y condenados sin causa y sin misericordia, por presunta pederastia.

Un tema abierto, un caso resuelto

No busquen la “postal” arriba citada, pues la borré hace un tiempo, sintiendo que no había sido ecuánime ni leal al escribirla. Pues bien, ahora a primeros de mayo, pasados unos meses, me han dado la noticia de que la causa de JA se ha “sobreseído” porque no tiene lugar la acusación… no ha podido probarse, y me alegro muchísimo saber que los “denunciantes” se han vuelto atrás y la autoridad competente ha cerrado la causa.

Ciertamente, como he dicho, ha habido bastantes casos de pederastia clerical, favorecidos a veces por ambientes y estructuras, y magnificados por unos medios que parece que sólo buscan carnaza con aire de libertad. Por eso, buscando la verdad, es necesario que se mantenga siempre la la justicia y “caridad” (veritatem facientes in caritate, decía Pablo), no para pasar página como si nada hubiera sucedido, sino para abrir condiciones nuevas de madurez, de justicia y de verdad para todos, ayudando a las víctimas, pero rehabilitando a los presuntos culpables, como ha dicho siempre la praxis penitencial de la Iglesia y como proclama incluso la Constitución de España (Num 25, 2).

Es imprescindible que el ejemplo y empeño de Benedicto XVI y de Francisco Papa sigue adelante, aunque a muchos nos duela. Es absolutamente obligatorio que se rehabilite a las víctimas reales, y que se pueda pronto superar el tema, para que empiece de nuevo una nueva etapa misionera y testimonial del clero cristiano, un tiempo de evangelio. Pero es también necesario que se mantenga la verdad, que no se abra la veda contra presuntos “pederastas antiguos”, que no se desate la imaginación acusadora de algunos

En esa línea debemos condenar un tipo de linchamiento mediático que se ha extendido por desgracia, y en el que algunos (incluso yo en este caso), hemos caído, por no atender mejor a las razones, por no buscar la defensa de todos, por no mantener la presunción de inocencia. Ciertamente, existen los “pecados” del claro, pero son mayores los pecados de cierto anticlericalismo mediático, de gente que se ha gozado en encontrar y condenar sin pruebas ni causa algunos presuntos pecados, por falsas acusaciones de prensa (a veces inventados) temas del pasado después de cuarenta o treinta años, presuponiendo, sin más, que todo el clero está manchado.

¡Y eso no es cierto! Ni el clero en su conjunto está manchado (¡sino todo lo contrario!), ni se puede orquestar la campaña anticlerical de pueblos como los de España. Este es buen momento, para cerrar heridas, para alabar lo bueno, para corregir lo malo, y para caminar al servicio del ser humano, de todos, y en especial de los niños.

No sé si haría falta crear algún tipo de asociación de “defensores de acusados de pederastia”, pues acusadores los hay, y bastantes, en esta sociedad mediática y envidiosa, de cainitas compulsivos que somos muchos de nosotros. La palabra de Jesús (el que esté libre de culpa que tire la primera piedra) no se puede emplear sin más, pero está ahí para algo. En esa línea, cierta generación de “clérigos mayores”, que hemos andado con todo tipo de gentes, estamos “vendidos”, pues casi siempre puede salir alguien que se imagine, revuelva cuentas no claras de conciencia y nos acuse…

Por eso hoy me alegro muchode poder decir “yo confieso”, pero sobre todo de que la persona a quien acusé implícitamente de posible pederastia haya sido rehabilitada después de cuatro meses de sufrimiento, porque han retirado las acusaciones, porque se ha visto que son falsas.

Un ejemplo: el Padre AC

No sé si veré ya más a JA porque está muy lejos, al servicio de las víctimas más hondas y reales de la sociedad: Encarcelados, expulsados sociales… Si alguien que ha leído esto le ve, dígale simplemente que “yo me confieso…”; no le había acusado, pero había dejado correr la acusación. Sé que su vida ha sido y sigue siendo rica en servicio, en lealtad, en entrega, y eso es lo que vale.

Pero hoy no quiero poner su ejemplo, sino el de otro clérigo que fue “compañero” de estudios, al que conocí y traté mucho hace casi cincuenta años. Pudo tener sus problemas en este campo, no lo sé… Lo que sé es que los “obispos”, de un modo normal (teniendo en cuenta a las posibles víctimas y en el fondo para ayudarlas), como se hacía entonces (¡hoy se quizá se obraría de un modo distinto!) resolvieron el caso con humanidad: Buscaron la forma de ayudar realmente a las presuntas víctimas (y no he oído que ninguna haya quedado tocada) y enviaron al “presunto” responsable a una tierra lejana de duras montañas, de austeros pastores, de pueblos perdidos, que sólo ahora, con el turismo curioso, empiezan a descubrirse.

Pues bien, pasando hace unos meses por cerca, el 4 ó 5 de septiembre del 2014, me acerqué por su pueblo-parroquia, con Mabel, simplemente para decir ¡aquí estoy, AC! Quería tomar él un café, para recordar tiempos en que fuimos colegas (y yo fui su profesor). No haría falta nada más, simplemente darnos un abrazo. Llegué a la puerta de la Iglesia, que estaba por cierto abierta, hablé con la sacristana y con un par de vecinos. Me dijeron: ¡No, Don AC no esta, ha ido unas semanas de vacaciones a cuidarse, está muy enfermos y tememos que muera pronto!

Me preguntaron si le conocía, les dije que sí, que mucho… Me sondearon, como sondean los pastores de montaña, y al ver de verdad que era un amigo, me dijeron lo bueno que había sido y que era Don AC, cómo había acompañado a todos, cómo había visitado a los enfermos, cómo había rezado con ellos… pero que estaba ya muy enfermo. Le escribí sobre el altar unas letras, y la sacristana me aseguró que se pondría muy contento al leerlas.

Era un gran testimonio de “cura de aldea”, de esos que ya no quedan… Me dieron el mejor testimonio que se puede dar sobre una persona. No sé si le habían acusado con razón o sin ella, lo que sé es que había estado cuarenta años en unos pueblos de campo-campo, que quizá nunca más tendrían un “cura” como él, vecino, compañero, “sacerdote”… pues los nuevos curas (me dijeron) ¡yo no tienen tiempo para estar en los pueblos y ser del pueblo!

Pues bien, he preguntado hace unos días, y me han dicho que ha muerto (el día 27 de abril del 2015). El Dios de Cristo sabrá la verdad final, aunque yo estoy convencido de que su verdad me la dijeron aquellas “sacristana”, aquellos hombres de pueblos, pastores ancianos, recogidos en el atrio de la iglesia, a la sombra del tejadillo, para resguardarse de un duro sol de principios de septiembre.

Me fui del pueblo con tristeza, por no haber podido darle la mano, que hablara con Mabel, que nos alegráramos de la vida... Pues bien, hace unos días, he preguntado por él y me han dicho que acaba de morir..., que ya le han enterrado. He buscado en la prensa local de su diócesis y he encontrado (junto a otras más oficiales) esta nota sobre su vida, escrita por un religioso que fue alumno suyo en la parroquia (era el domingo de la vid y los sarmientos: 3. 5. 15):

“Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada”. Hoy en mi comentario al Evangelio dominical no puedo dejar de hacer memoria agradecida de D. AC, el cura de mi pueblo: el que me habló de Jesús, con el que fui monaguillo, el que me llevó el al seminario, el que me impuso la casulla el día de mi ordenación sacerdotal…

Con motivo de sus 25 años de llegada al pueblo, le organizaron una eucaristía sorpresa y en la acción de gracias le dije que era, sobre todo, “un seguidor de Jesús”. San Pablo le encantaba, por esa pasión de identificarse con el Maestro. Como el sarmiento unido a la vid, ha pasado por el dolor de la enfermedad, pero como el Buen Pastor no ha querido dejar su rebaño hasta el final. Me quedo con sus ganas, con su ser creyente y sacerdote. Hasta el final, como un campeón en medio de la enfermedad y cuando las fuerzas le fallaban.

Me pude despedir hace unos días de ti en el hospital. Intuía que ya sería la última vez, aunque siempre te vi con fuerzas y nunca te acostumbras a ver cómo “menguan” las personas tan significativas y queridas desde la infancia. Tú me decías: “Ya no tengo la fuerza que tenía”. Ese rato que pasé me hizo ver tu serenidad y solidez, tu fe. Y también tu cariño.

Gracias, don AC. Hoy no puedo comentar el Evangelio, lejos como estoy, a tantos kilómetros de ti, pero unido en la comunión de los santos, que suba la oración al Dios de bondad y misericordia, al Padre de Jesús, en cuyos brazos estás ya para siempre. Tu vida ha sido Evangelio. Que la Virgen de la Merced y la Virgencita de la Sierra, te hayan cubierto para siempre con su manto. Seguiremos en contacto y espero volver a verte en esa fiesta del encuentro con Jesús. ¡Hasta siempre, querido don ACR! ¡No dejaremos de hacer memoria agradecida de tu vida y de tu ministerio!
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