"Jóvenes que lloran porque la cruz se va" JMJ: Me pregunto… y me alegro
(Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger).- Me pregunto desde hace mucho tiempo por la eficacia evangelizadora de eventos como la JMJ. Me pregunto por los caminos que los creyentes hemos de recorrer para llevar el evangelio recibido a un mundo que parece rechazarlo incluso antes de haberlo conocido.
Me pregunto por la verdad, por la justicia, por la solidaridad, por un estilo de vida que sea forma encarnada del evangelio que hemos creído.
Me pregunto por Dios y por el hombre, y desde la oscuridad en que me deja el no saber, desde la soledad en que me encierra el misterio, me acerco a los hermanos, a sus proyectos, a sus sueños, a sus experiencias, mendigando tal vez un consuelo más acá de la esperanza.
Yo no voy a estar en Madrid para el encuentro de agosto. Pero estuve en Ceuta el día en que los jóvenes ceutíes entregaban a una delegación de Gibraltar la cruz de la JMJ con el icono de la Virgen María. Había estado con ellos en oración y estuve con ellos en la despedida.
Desde la soledad de la fe y el hambre de los pobres, uno sólo puede alegrarse cuando ve jóvenes que lloran porque la cruz se va: se alegra por ellos, porque queda luz en sus vidas, porque les queda, abierta en el corazón, una fuente de esperanza; se alegra por la Iglesia, pues ve la antorcha de la fe levantada en brazos fuertes que la llevarán al futuro; se ilumina de gozo su propia soledad, pues alguien ha entrado con ruido de cantos y ritmo de danza en los claustros del alma que parecían vacíos; y se alegra por los pobres, pues si los jóvenes cristianos crecen en la fe, los pobres encontrarán más fácilmente en su necesidad la mano tendida de un hermano.
Me pregunto... y me alegro, con la esperanza de que mis preguntas no sean nunca un viento de muerte que agosta un campo de alegrías.