"Combatir el proyecto de 'maldad' desde la cristiandad" Monseñor Romero, los cristianos y la urgencia del proyecto salvador de Dios

"A 45 años del cobarde asesinato de monseñor Oscar Arnulfo Romero, sigue vigente el sistema económico que tanto denunció como causante de los males de El Salvador"
"Esta realidad es la realidad de todos los países en el cual el neoliberalismo es el modelo de vida de las sociedades. ¿Pero cómo hacer vida y realidad en la historia ese proyecto del Reino de Dios?"
"El Obispo mártir propone hacerlo desde la vida ordinaria, pero extirpando todo aquello que sea parte del proyecto del mal: los asistencialismos, el individualismo extremo y la idolatría del poder"
"Esta cuaresma nos debe llevara discernir los signos de los tiempos… que en esta cuaresma resuenen en nuestros oídos las palabras de monseñor Romero"
"El Obispo mártir propone hacerlo desde la vida ordinaria, pero extirpando todo aquello que sea parte del proyecto del mal: los asistencialismos, el individualismo extremo y la idolatría del poder"
"Esta cuaresma nos debe llevara discernir los signos de los tiempos… que en esta cuaresma resuenen en nuestros oídos las palabras de monseñor Romero"
| Héctor López
A 45 años del cobarde asesinato de Mons. Oscar Arnulfo Romero, sigue vigente el sistema económico que tanto denunció como causante de los males del país, precisamente su muerte fue perpetrada por los defensores de los intereses del gran capital y así silenciar una voz que desenmascaraba la pudrición del sistema.
Y es que esta realidad no solo le es propia a El Salvador, es la realidad de todos los países en el cual el neoliberalismo es el modelo de vida de las sociedades. En este sentido el Papa Francisco ha afirmado que es incompatible con la tradición cristiana la absolutización de la propiedad privada, por el contrario, lo es el uso común de los bienes y solo desde ese principio cristiano de compartir los bienes se puede hacer un ordenamiento más ético de un sistema económico (Cfr. Fratelli Tutti n° 120). No debemos olvidar que según nos narra el Nuevo Testamento, los creyentes en el Mesías Jesús pertenecientes a la comunidad jerosolimitana compartían sus bienes en un sistema de vida en el cual a nadie le hacía falta nada (Cfr. Hch 2,32-35).

Es evidente que los seguidores del Mesías fueron continuadores del proyecto del Reino de Dios, como una dinámica contraria al sistema de vida imperial, anunciado por ese Mesías asesinado y del cual daban fe que había resucitado al tercer día. No será necesario en esta ocasión entrar en los detalles exegéticos de los textos neotestamentarios para describir de manera exhaustiva lo qué significaba este proyecto para los creyentes en Jesús el Mesías. Pero lo que sí es de suma importancia y urgencia, es el significado que adquiere el proyecto del Reino de Dios para los creyentes de hoy en Jesús el Mesías. Precisamente es en esto último donde la palabra de Mons. Romero es muy viva y actual, pues ante el capitalismo que cada vez demuestra que es un sistema totalmente anticristiano y que responde al proyecto de los poderosos de este mundo, urge construir el proyecto redentor del Reino de Dios para las grandes mayorías populares.
El 24 de febrero de 1980, a un mes de su asesinato, el Obispo salvadoreño pronunció una homilía que él mismo tituló “cuaresma, triunfo del proyecto salvador de Dios en la historia” (Homilía del 24/03/1980 p. 306). En nuestra era se hace cada vez más impostergable que los cristianos de todas las confesiones asumamos con seriedad y compromiso un cristianismo liberador que construya el proyecto del Reino de Dios, más allá de la Iglesia. En dicha homilía Mons. Romero afirma que la lucha es entre “dos tremendas fuerzas de choque: Cristo y el Diablo” (p. 306). El escenario bíblico utilizado en esta homilía son las tentaciones del desierto, a lo cual propone que las soluciones inmediatistas de los problemas sociales son muy parecidas a las propuestas de las tentaciones que el demonio le hace a Jesús en el desierto. Para Romero esa lucha se puede definir de manera que “aquí aparecen los dos proyectos: el proyecto de Dios y el proyecto del demonio, el proyecto de la maldad. Y mucho cuidado para que ahora observemos en cuál proyecto estamos nosotros enmarcados” (p. 307).
Desde esta homilía de Mons. Romero se puede decir que los proyectos de solución inmediatista se enmarcan en el proyecto de la maldad, y se identifican de la siguiente manera:
1- El “altruismo” y “caridad”, en otras palabras, los asistencialismos. Para Romero si el proyecto del Reino de Dios solo consistiera en hacer milagros asistencialistas para con los que sufren, con eso “no compondríamos el mundo, el rico seguiría siendo egoísta, el hombre no se convertiría, no haríamos la sociedad que Dios ha hecho de inteligentes capaces de amarse” (p. 308).
2- Un sistema económico que organiza una sociedad que priva del pan al pobre, pues no hay “pecado más diabólico que quitarle el pan al que tiene hambre” (p. 308).
3- El proyecto de maldad es historizado en las expresiones de glorificación del poder, que aplastan a los más débiles, así “los desfiles grandes de los militares, los carruajes de los emperadores. Todo eso es la gloria del mundo” (pp. 308-309).

¿Pero cómo hacer vida y realidad en la historia ese proyecto del Reino de Dios? El Obispo mártir propone hacerlo desde la vida ordinaria, pero extirpando todo aquello que sea parte del proyecto del mal: los asistencialismos, el individualismo extremo y la idolatría del poder. Desde esta perspectiva se puede decir que muchos que se confiesan creyentes en Jesús el Mesías, están alineados al proyecto de maldad, pues promueven una fe individualista, con una promesa de salvación deshistorizada, preocupados por la liturgia y los activismos eclesiales, estos son sin más que los que traicionan la fe en el Reino de Dios. De ahí que los cristianos deban asumir su papel como sujetos y destinatarios de la redención, de una resurrección con Cristo en la historia, y eso solo se hace creando proyectos de liberación que vayan preparando el camino para “un cielo y una tierra nuevos”, en la que el Reino de Dios vaya siendo cada vez más una realidad que todavía no es. Dejar la comodidad pasiva y entrar en camino de organización es necesario para hacer la revolución del proyecto del Reino de Dios, pero con esto “no busquemos soluciones inmediatistas, no queramos organizar de un golpe una sociedad injustamente organizada durante tanto tiempo” (p. 308).
Esta cuaresma nos debe llevar a discernir los signos de los tiempos, en cuanto el cómo iniciar un proyecto liberador desde la fe cristiana, asumir la tarea de construir el Reino de Dios ante el megaproyecto de maldad del neoliberalismo. Seamos participes de la obra salvadora de Dios en la historia que sea el inicio de la redención y resurrección de nuestro pueblo tan sufrido y oprimido. Este momento histórico más que nunca se hace urgente la opción preferencias por los pobres, por eso es necesario que en esta cuaresma resuenen en nuestros oídos las palabras de Mons. Romero: “Les suplico, pues, como Jesús en el desierto, reflexionar, sobre todo, cuál es el proyecto de Dios. Y como cristianos, todos y cada uno seamos un reflejo de ese proyecto de Dios” (p. 327).
